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El machismo 'a la carta' de la ultraderecha: utiliza el burka mientras niega la violencia de género

Marta Borraz

19 de febrero de 2026 21:27 h

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Una práctica “sencillamente incompatible” con la cultura propia de Occidente que atenta contra mujeres y niñas. Así es como justifica Vox su ley para prohibir el burka y el niqab en el espacio público, con la que pretende vetar el uso de esta prenda a las mujeres, independientemente de que sea de forma voluntaria o impuesta, y que pese a contar con el apoyo del Partido Popular, ha decaído en el Congreso este martes. Pese a no salir adelante –por la oposición de Junts, que aun así admite compartir el fondo y presentará su propia iniciativa–, el texto es un paso más en el intento de la extrema derecha de hacer calar un relato excluyente utilizando como pretexto los derechos de las mujeres.

Lo apunta ya Vox desde el inicio de la propuesta, que lleva por título “la protección de la dignidad de las mujeres y la seguridad ciudadana en el espacio público”. La ley justifica que “la llegada masiva de inmigrantes de países con fuerte influencia islamista” conduce a admitir costumbres “incompatibles con el modo de vida de nuestra civilización” y se refiere a la “eliminación” de la “identidad de las mujeres y las niñas”, el “sometimiento al varón” y una “posición netamente subordinada [de ellas]” que, asegura el texto, “sería considerada inaceptable” en “cualquier país occidental”.

Los mensajes reproducen la narrativa ultra que plantea una supuesta identidad nacional en crisis por la llegada de extranjeros y que coloca a las mujeres en el centro de esta amenaza. Es un discurso con ecos a nivel global. “Hay una clara tendencia internacional que intenta legitimar la restricción de derechos de las personas migrantes bajo motivos de seguridad y de protección de las mujeres”, esgrime Verónica Barroso, responsable de Relaciones Institucionales de Política Interior de Amnistía Internacional.

La organización condena la imposición y el uso obligatorio del velo, usado como instrumento de exclusión de las mujeres en algunas culturas con grupos que hacen una interpretación estricta del Islam, pero al mismo tiempo se opone a su prohibición. Tanto el burka como el niqab cubren el rostro entero, salvo los ojos –en el caso del burka, mediante una rejilla–. “Tanto obligar como prohibir vulnera derechos. Lejos de protegerlas, la prohibición puede ser contraproducente. Una cosa es que los Estados intervengan en situaciones concretas de violencia y amenaza, contando siempre con la mujer, pero decretar una prohibición general conlleva una restricción indiscriminada. Se sabe que puede incluso discriminarlas aún más y confinarlas a una mayor exclusión dentro y fuera de la comunidad musulmana”, señala Barroso en línea con la advertencia que hizo hace unos años el Tribunal Supremo, que consideró que no se puede asumir que todas las mujeres portan velo “como consecuencia de una coacción externa”.

Aunque el debate sobre el velo resurge de vez en cuando desde hace años –hay en la izquierda y en el movimiento feminista posiciones que también abogan por prohibirlo–, la propuesta de Vox es un intento de “posicionar la islamofobia en el espacio público”, apunta la investigadora Nuria Alabao, autora de Las guerras de género. La política sexual de las derechas radicales. “Los derechos de las mujeres son un vehículo para plantear ideas racistas. En el fondo, no hay una preocupación real por su situación”, sostiene. El texto de la ultraderecha habla de un “inasumible incremento de la población extranjera” y advierte sobre la supuesta “imposición de ideología islamista”.

La periodista, que coincide con Amnistía Internacional en que el veto puede tener efectos indeseados en las propias mujeres, alude a que “la instrumentalización” de los derechos de las mujeres por parte de la ultraderecha no es nueva. “Sus dos grandes líneas estratégicas para defender una supuesta nación española y cultura europea frente al islam tienen precisamente que ver con este marco”, esgrime. Por un lado, las políticas contra el velo y, por otro, la asociación de inseguridad e inmigración, con el foco específicamente puesto en las agresiones sexuales. De hecho, Vox y el PP ya unieron sus votos en Baleares a principios de mes para aprobar una moción para exigir la prohibición del burka al estilo de lo que se ha votado en el Congreso.

Fátima Tahiri, doctora en Estudios Árabes e Islámicos y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, cree se trata de “una iniciativa vacía” para “distraer a la población de los problemas reales que tendrían que ocuparnos”, puesto que “el uso de esta prenda en España es mínimo”. La experta sostiene que el discurso de Vox “responde a una lógica islamófoba en la que la mujer musulmana es a la vez víctima y verdugo”: por un lado, víctima de una religión “considerada machista per se, anulando toda agencia de las mujeres e invisibilizando otros problemas de carácter sociopolítico” y, por otro, “verdugo”, al ser considerada “una amenaza a la cultura occidental”. 

La proposición de ley incorporaba como delito al Código Penal la imposición “mediante violencia, intimidación o coacción” del burka o el niqab y reformaba la 'ley mordaza' para permitir multas de hasta 600 euros a las propias mujeres por llevar la prenda y hasta 20.000 euros por reincidir, además de la expulsión del país.

Igualdad 'a la carta'

La defensa de las mujeres es una línea argumental habitual que convive con otras como la seguridad ciudadana en las iniciativas de Vox sobre inmigración y en sus propuestas de expulsión de extranjeros. “El Gobierno ha sacrificado a las mujeres y niñas de España en el altar del multiculturalismo”, dijo la diputada de Vox Rocío de Meer el pasado septiembre, cuando reclamó el cierre de los centros de menores extranjeros no acompañados. En junio, presentó una proposición no de ley para exigir que se declarara el velo contrario a los derechos de las mujeres y, unos meses más tarde, intentó acabar con la regularización por arraigo incorporando al texto motivos similares. A la propuesta también se sumó el PP, que ha endurecido progresivamente su posición en este tema.

En todas las iniciativas, los derechos de las mujeres emergen como argumento y se erigen como objetivo: “Que las mujeres puedan sentirse seguras en su propio país”, describen desde Vox. A las declaraciones y acciones legislativas, se une el uso de las redes sociales para amplificar casos de agresiones sexuales atribuidos a hombres extranjeros, algo que también hacen sistemáticamente las principales cuentas de agitadores ultra y de grupos de extrema derecha activos en España.

La investigadora Nuria Alabao cree que “la base del discurso es aprovecharse del feminismo y las luchas de las disidencias sexuales para afirmar que hay grupos que no se integran ni asumen los valores europeos. Estos valores son la igualdad y la equidad, pero paradójicamente y al mismo tiempo, son partidos que solo los mencionan cuando tienen que ver con extranjeros mientras rechazan cualquier otra medida que tenga que ver con desigualdad estructural”.

Se refiere a la posición negacionista de la violencia machista que Vox enarbola y que le ha llevado a ser la única formación política que votó en contra del Pacto de Estado contra la Violencia de Género a pesar de que en los últimos cinco años han sido asesinadas una media de 50 mujeres al año por sus parejas o exparejas hombres. Aun así, la ultraderecha apuesta por negar las diferencias cualitativas y cuantitativas que existen entre la violencia de género y la doméstica –aquella que se da en el ámbito familiar– e insiste en diluir sus raíces machistas.

Por eso se opone sistemáticamente a cualquier iniciativa que tenga que ver con igualdad de género, ha intentado derogar la ley de 2004 asegurando que “discrimina a los hombres” y forma parte a nivel global de una alianza que criminaliza el feminismo, busca tumbar derechos como el aborto y promueve el discurso del Gran Reemplazo, una teoría de ultraderecha según el cual se estaría intentando sustituir a la población blanca en Occidente por inmigrantes. Este martes, al tiempo que el Congreso tumbaba la iniciativa de Vox gracias al 'no' de Junts, en Baleares, las derechas escenificaban de nuevo su acuerdo en materia migratoria asumiendo la tesis de la “reemigración”, popularizada por la ultraderecha europea y las formaciones neonazis, en España y en el exterior.

“No importa el hecho de las violaciones, sino quién las comete. Si son españoles blancos, estos sectores hablan de denuncias falsas o de la presión de las feministas, pero si la violación es cometida por un no blanco, entonces recurren a legitimar el discurso de los derechos de las mujeres para validar políticas racistas”, resume Fátima Tahiri, que apunta a cómo Vox, al mismo tiempo que enarbola la seguridad y los derechos de las mujeres para proponer la prohibición del burka, sigue sin impulsar “políticas efectivas contra la violencia sexual y de género”.

Más allá del debate sobre el velo, las voces consultadas para el reportaje apuntan al fondo de la cuestión. “Hay que saber quién está instrumentalizando qué discurso”, sostiene la activista antirracista Miriam Hatibi. “La agenda de la ultraderecha es la islamofobia, no la protección de las mujeres. Hay que tener en cuenta que esta no es una medida que estén pidiendo las musulmanas, sino que es un veto impuesto por un partido que pretende eliminar cualquier presencia pública del islam en España”, añade.

Por eso Tahiri, que lamenta que el discurso de Vox “sea reproducido muchas veces por mujeres”, califica el intento de vetar el burka y el niqab como “una distracción y un espejismo de lo verdaderamente importante”: “La verdadera pregunta que debemos hacernos como sociedad en general y como mujeres en particular es cómo en pleno siglo XXI todavía seguimos debatiendo y legislando sobre el cuerpo de las mujeres. Cómo puede ser que a día de hoy nuestro cuerpo sea indicativo de desarrollo o subdesarrollo mientras que nunca se ha hecho nada parecido con el cuerpo de los hombres”.