ANÁLISIS | DIRECTORA DE LA ONT
Órganos “sin rechazo”, una prometedora vía que podría cambiar radicalmente la vida de los pacientes trasplantados
El Hospital La Paz vuelve a sorprendernos en la medicina del trasplante. En esta ocasión, al lograr que dos pacientes mantengan sus órganos trasplantados funcionantes durante más de cinco años, sin episodios de rechazo y con una mínima inmunosupresión.
La apuesta del equipo investigador ha consistido en combinar el trasplante del órgano con el de células hematopoyéticas obtenidas de la médula ósea del mismo donante, tras un proceso de selección y preparación celular destinado a inducir un fenómeno conocido como quimerismo mixto transitorio.
Son solo dos casos. No hablamos de una solución aplicable a todos los pacientes trasplantados. Pero sí de un primer paso para lograr un objetivo largamente perseguido: evitar que el organismo reconozca como extraño el órgano trasplantado. Las implicaciones serían enormes, tanto para los pacientes, como para unas listas de espera que resultan imposibles de controlar.
El trasplante de órganos es una de las grandes conquistas de la medicina moderna y constituye una terapia consolidada para pacientes cuyos órganos han dejado de funcionar. En la enfermedad renal crónica avanzada, el trasplante renal ofrece una mejor supervivencia y calidad de vida que la diálisis. En el caso del hígado, el corazón, el pulmón o el intestino, el trasplante constituye en muchas ocasiones el único tratamiento capaz de ofrecer una posibilidad real de supervivencia. Pero el extraordinario desarrollo del trasplante no debe hacernos olvidar que su realización depende de la disponibilidad de un órgano donado por otra persona, bien en vida, bien tras su fallecimiento.
En 2025 se realizaron en el mundo 183.896 trasplantes de órganos. Si bien es una cifra excepcional, sigue estando muy lejos de las necesidades existentes, que la Organización Mundial de la Salud estima en cerca de 2 millones de procedimientos anuales. A esta necesidad se añade otro problema menos visible: los órganos trasplantados no duran necesariamente toda la vida y, cuando fracasan, los pacientes necesitan un nuevo trasplante, reincorporándose a una lista de espera que ya soporta una gran presión.
Un éxito, con margen de mejora
En este escenario, España constituye una referencia internacional. En 2025 se realizaron en nuestro país 6.335 trasplantes de órganos, gracias a 2.547 donantes fallecidos y a 408 personas que donaron un riñón o parte de su hígado en vida. Estas cifras no son fruto de una única institución, ni de una fórmula sencilla. Son el resultado de una cultura de la donación sustentada en la confianza de la sociedad, una coordinación profesionalizada de los procesos en los hospitales, la colaboración entre comunidades autónomas y una estructura nacional de coordinación. El denominado modelo español de trasplantes ha conseguido que España lleve más de tres décadas liderando la donación de órganos a nivel mundial. Pero incluso el mejor sistema de donación tiene un límite. Hay pacientes para los que el órgano no llega. O no llega a tiempo.
Incluso el mejor sistema de donación tiene un límite. Hay pacientes para los que el órgano no llega. O no llega a tiempo
Nuestro sistema inmunológico ha evolucionado de manera que puede distinguir lo propio de lo extraño. Un órgano trasplantado es, por definición, algo ajeno a nuestro organismo que, sin tratamiento, intentará destruir. Por eso, para la mayoría de los pacientes trasplantados, recibir un órgano significa asumir también un tratamiento inmunosupresor de larga duración, habitualmente de por vida. Son excepcionales los casos que desarrollan espontáneamente tolerancia inmunológica y pueden abandonar la inmunosupresión sin rechazar el injerto. Pero son precisamente eso: excepcionales. En la mayoría de los pacientes, se requiere una combinación de fármacos que tampoco es absolutamente infalible, con el consiguiente riesgo de pérdida progresiva de la función del órgano. Además, este tratamiento tiene un coste elevado para el paciente, pues aumenta el riesgo de desarrollar infecciones, determinados tipos de tumores y patología cardiovascular, entre otras complicaciones.
El foco, en los niños
El problema adquiere una dimensión especialmente dramática en los niños. Para ellos, el trasplante no es una intervención aislada, sino el comienzo de una relación con el sistema sanitario que durará décadas. Si el órgano deja de funcionar, será necesario un nuevo trasplante; y un segundo trasplante puede ser más complejo que el anterior, especialmente cuando el paciente ha desarrollado anticuerpos frente a los antígenos de otros donantes. La exposición acumulada a tratamientos inmunosupresores y las sucesivas intervenciones pueden condicionar también su desarrollo físico, psicológico y social.
De todo lo anterior se deduce la relevancia de los resultados que acaba de publicar en la revista Communications Medicine, del grupo Nature, el equipo del Hospital Universitario La Paz de Madrid, liderado por el hematooncólogo pediátrico Antonio Pérez-Martínez y el cirujano pediátrico Francisco Hernández-Oliveros, en el marco del proyecto muy acertadamente nombrado OneTrasplant4Life.
La estrategia consiste en combinar el trasplante de un órgano sólido con un trasplante hematopoyético del mismo donante. Las células son previamente procesadas para reducir determinadas poblaciones de linfocitos T y posteriormente se administran células inmunitarias de memoria. La finalidad es generar un quimerismo mixto, es decir, una situación en la que células del sistema inmunitario del donante conviven, aunque sea de forma transitoria, con las del receptor y pueden ayudar a que este aprenda a reconocer como propio el órgano trasplantado. No se trata simplemente de “engañar” o frenar al sistema inmunitario, sino de intentar reeducarlo.
En su publicación, el equipo presenta los dos primeros pacientes tratados con este abordaje, dos casos de enorme complejidad. El primero padecía una enfermedad congénita que le había llevado a recibir previamente un trasplante intestinal y uno multivisceral, que terminaron fracasando tras varios episodios de rechazo agudo. En 2020 recibió un nuevo trasplante multivisceral (intestino, estómago, páncreas e hígado) y un trasplante renal, combinado con un trasplante hematopoyético procedente del mismo donante fallecido. El segundo caso corresponde a una paciente que había perdido tres injertos renales previos. En 2021 recibió su cuarto trasplante renal de un donante vivo HLA idéntico, circunstancia que ofrecía una protección adicional frente al rechazo, lo que no debemos obviar al interpretar los resultados.
El resultado en estos dos pacientes demuestra que la tolerancia inducida con esta aproximación merece ser estudiada
Más de cinco años después, ambos mantienen sus órganos trasplantados funcionantes y no han presentado episodios de rechazo. Tampoco han desarrollado enfermedad injerto contra huésped, ni han experimentado reactivaciones víricas. Todo ello, mientras reciben un solo fármaco inmunosupresor y a dosis bajas.
Aunque los resultados son muy prometedores, no podemos afirmar que ya pueda retirarse la inmunosupresión de manera generalizada. Estos dos pacientes no nos permiten todavía saber en quién funcionará la estrategia, cuáles son sus riesgos a largo plazo o si será posible eliminar por completo la medicación. Pero sí demuestran que la tolerancia inducida con esta aproximación merece ser estudiada. La innovación médica solo se convierte en progreso cuando la evidencia resultante de estudios adecuadamente diseñados, confirma para quién funciona, en qué condiciones, con qué complicaciones y con qué beneficios. Solo entonces puede trasladarse de forma segura a la práctica clínica habitual. Y en ello ya está el equipo investigador.
Una obra colectiva
Estos casos muestran además algo que a menudo queda oculto detrás de una publicación científica: la innovación en trasplantes es siempre una obra colectiva. En esta ocasión, nace del encuentro entre dos ámbitos que durante décadas han evolucionado en paralelo: el trasplante de órganos y el trasplante de progenitores hematopoyéticos. En su realización han intervenido coordinadores de trasplante, cirujanos, gastroenterólogos, nefrólogos, hematólogos, pediatras, inmunólogos, profesionales de los laboratorios de procesamiento celular y de otras muchas especialidades.
También han tenido un papel fundamental las autoridades sanitarias. La Comunidad de Madrid y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) evaluaron cada uno de los dos procedimientos para su autorización expresa por parte de la primera. El estudio clínico ya activo en el centro también ha sido autorizado tras su valoración por el Comité de Evaluación de la Innovación en Sustancias de Origen Humano (CEI-SoHO) que coordina la ONT y se anticipa a los requerimientos que exige el Reglamento SoHO de la Unión Europea, que será de plena aplicación en agosto de 2027.
La Paz ha abierto una vía para intentar alcanzar uno de los grandes objetivos de la medicina del trasplante, la tolerancia inmunológica
La ONT tuvo además que organizar, en el primero de los casos, una logística compleja que se activó cuando se identificó un donante adecuado. Fue necesario coordinar a los profesionales responsables de la donación, a los equipos que iban a realizar la extracción de cada uno de los órganos y de la médula ósea, al laboratorio que debía procesar las células y al hospital receptor. Todo ello mientras una familia, en pleno proceso de duelo, afrontaba la decisión de donar y de autorizar la obtención de las células para un procedimiento experimental.
Esta publicación nos recuerda que la innovación en trasplantes no consiste únicamente en una nueva técnica quirúrgica o en un descubrimiento inmunológico. Requiere también organización, evaluación, regulación, coordinación y, sobre todo, confianza. También demuestra que en España no trabajamos únicamente para trasplantar más, sino para trasplantar cada vez mejor. Y aunque todavía sea muy prematuro vislumbrar órganos que funcionen toda una vida, sin duda la Paz ha abierto una vía para intentar alcanzar uno de los grandes objetivos de la medicina del trasplante, la tolerancia inmunológica. Si funciona, podremos responder mejor a nuestra lista de espera y cambiará radicalmente la vida de los pacientes trasplantados.