Ozempic se consolida como el fármaco más financiado por la sanidad pública
Los análisis tras un infarto desvelaron la diabetes tipo 2 de José Manuel, hace ya 16 años. Desde el primer momento, recuerda, tuvo que usar “muchísima” insulina, hasta que comenzó a inyectarse semaglutida y su consumo se redujo a la mitad. En un año, además, este hombre de 54 años consiguió perder 16 kilos, más de un 10% de su peso.
José Manuel es uno de los cientos de pacientes con diabetes tipo 2 mal controlada y obesidad que han vivido en su propio cuerpo la revolución que ha supuesto este nuevo fármaco. Bajo la marca comercial ozempic, supone ya tres de cada 100 euros que la sanidad pública dedica a financiar recetas dispensadas. Solo en 2025, esta cuenta rozó los 500 millones de euros, con 3,8 millones de envases prescritos para esta indicación, la única que cubre el sistema público, y se consolida como el medicamento en el que más se invierte, por segundo año consecutivo.
La sanidad pública comenzó a financiar ozempic en junio de 2019 y, como muestra el siguiente gráfico —en el que puedes consultar envases e importe—, el consumo ha crecido exponencialmente. Aquel mes, se recetaron 5.500 envases. Siete años después, la cifra se multiplicó por 67, hasta los 368.000.
“Este medicamento ha supuesto un cambio muy importante en el manejo y la evolución de la diabetes”, explica la endocrinóloga y nutricionista Ana de Hollanda, del Hospital Clinic de Barcelona. El ozempic ha demostrado ser eficaz para controlar la enfermedad y favorecer la pérdida de peso, mientras han ido apareciendo evidencias de mejora en la enfermedad renal, cardiovascular y en apnea del sueño, entre otras.
Este cambio en el manejo farmacológico de la diabetes tipo 2 —que en el 80% de los casos va acompañada de obesidad o sobrepeso, según los datos de la Federación Española de Diabetes—, se aprecia también en la evolución del gasto en medicamentos para la diabetes, que el Ministerio de Sanidad recoge de forma desglosada desde 2010.
Aquel año, la mayor partida en euros iba destinada a la insulina, que se ha mantenido estable porque sigue siendo el principal recurso para los diabéticos tipo 1, y la metformina, que comenzó a utilizarse a finales de los años 50 del siglo pasado. En estas últimas dos décadas, sin embargo, ha habido grandes saltos.
“El primer cambio importante fue el descubrimiento del efecto incretínico —que ayuda al páncreas a liberar insulina—”, explica el presidente de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo), Diego Bellido. “Los primeros tratamientos eran inhibidores de la enzima DPP-4, que degrada las incretinas”, indica el doctor. Son las conocidas como gliptinas, que han ido incorporándose a la financiación pública en los últimos años. Es el caso de la sitagliptina, que comenzó a financiarse en 2007; la vildagliptina, en 2008; o la linagliptina, en 2012.
A partir de ahí, comenzó la irrupción de los fármacos SGLT2, que aumentan la excreción renal de glucosa. “Era lógico que si eliminas glucosa por la orina, te baja la glucosa en sangre, pero, lo que en principio iba a ser un fármaco de escaso potencial, se ha convertido en uno de acción global, porque reduce el riesgo cardiovascular”, explica el doctor Bellido.
Dos fármacos de este grupo son la dapagliflozina y la empagliflozina, que se financian para algunas indicaciones desde 2014 y 2015 y hoy suponen el mayor desembolso del sistema —tras ozempic—, con un total de 356 y 341 millones de euros, como puede comprobarse en el gráfico anterior.
En paralelo, habían ido desarrollándose otro grupo de fármacos, los GLP-1, que imitan a las hormonas que ayudan a regular el azúcar en sangre después de las comidas. El primero fue la exenatida, en torno a 2005, seguido por la liraglutida en 2006, la lixisenatida en 2010... hasta el gran salto que supuso la semaglutida, que comenzó a financiarse en España —solo para diabetes tipo 2 mal controlada junto a obesidad— en 2019.
“Demostró que los pacientes que tienen diabetes y utilizan este medicamento tienen menos infartos, ictus y eventos cardiovasculares y muchos han dejado de usar insulina”, enumera la doctora De Hollanda. Como muestra el siguiente gráfico, a medida que aumenta el consumo —y la factura— de ozempic, se van reduciendo el de otros GLP-1.
En financiación entra en juego el descenso en los precios que se van produciendo a lo largo de la vida de los medicamentos, pero los expertos evitan hablar de gasto sin tener en cuenta otros factores. “¿Cuántas urgencias por hipoglucemia se han evitado? ¿Cuántos infartos? ¿Y comorbilidades asociadas a la diabetes? Si queremos analizarlo en su conjunto, tendríamos que hacer un estudio coste-efectivo”, reclama Bellido.
El doctor recuerda que “el problema con los tratamientos antiguos es que se controlaba la glucosa, pero no el peso”, con el impacto correspondiente en tensión arterial, colesterol o triglicéridos. Esa pérdida de peso asociada a ozempic —y la viralidad y popularización de su uso por determinadas celebrities— ha revolucionado también el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, que ha llevado a desarrollar otros principios activos similares para estas indicaciones, como mounjaro o wegovy, que no están financiadas en España.
“El 20% de la población en España tiene obesidad, pero es inasumible financiar estos medicamentos para todo el mundo, por lo que hay que buscar una estrategia que permita financiar al grupo de pacientes que más lo necesitan”, propone De Hollanda. Por poner cifras estimadas, se calcula que en torno a cuatro millones de personas tienen diabetes tipo 2 con obesidad en España y cerca de 10 millones, obesidad.
Al margen de la obesidad, o en paralelo, el mercado de tratamientos contra la diabetes seguirá experimentando en los próximos años grandes cambios. “El arsenal terapéutico está creciendo a una velocidad que no nos da tiempo a asimilar. Tenemos más de 300 moléculas en investigación, que están sobrepasando la diabetes y la obesidad para explorar otros campos, como la enfermedad renal, la psoriasis, el ovario poliquístico, la apnea del sueño...”, cita Bellido.
En cualquier caso, José Manuel, que además de paciente es el presidente de la Asociación de Diabéticos de Ferrolterra, advierte que el ozempic no hace milagros. “Necesitas una dieta y hacer actividad física. El medicamento ayuda, pero no hace magia”.