La vitamina D es, comparada con el resto de vitaminas (palabra cuyo significado es: “aminas de la vida”), una molécula muy especial. A diferencia del resto de ellas, que necesitamos ingerir obligatoriamente a partir de la dieta por ser nutrientes esenciales (nuestro cuerpo es incapaz de sintetizarlas), nuestra mayor fuente de vitamina D es la exposición a la luz solar. En condiciones normales, en torno al 80%-90% de la vitamina D de nuestro cuerpo se produce por la exposición de la piel al sol y solo un 10%-20% de esta la obtenemos a través de la dieta.
Escribe Esther Samper.