Ni expresiones multitudinarias de alegría por las calles ni bares abiertos hasta altas horas de la madrugada ni conciertos. Un verano sin fiestas patronales en Aragón por culpa del COVID-19 que afecta a un sector, la hostelería, que fía una parte elevada de sus beneficios anuales a estas semanas. La actividad ha frenado en seco y los gobiernos municipales blindan ciudades y localidades para evitar males mayores. “Ahora mismo lo primero es la salud, pero a partir de septiembre llegará el momento de hacer balance y las perspectivas son desastrosas”, apuntan desde la Asociación de Hostelería y Turismo de Huesca. Las siguientes fiestas que deberían haberse celebrado, las de San Lorenzo, se miran en el ejemplo de Teruel y tratan de mantenerse ajenas a posibles aglomeraciones.
Escribe Miguel Barluenga.