La vida NO sigue igual
Una de las obsesiones del periodismo cultural, y una de las principales críticas que se le hace, es no ser una mera agenda de transmisión de contenido. No ser un agente publicitario de la película de la semana, o del best seller de turno. El periodismo cultural es mucho más. No es ‘el desengrasante’ en medio del resto de noticias. No somos la asignatura maría del colegio. Pero es difícil lograrlo. Nos come la actualidad, y también hay que contar lo que ocurre en el día a día y estar pendiente de los fenómenos y de las guerras culturales que se libran cada día.
Pero para llegar a lo otro, para que el periodismo cultural sea también un agente de cambio social y político, hace falta tiempo y recursos. Precisamente han sido tiempo y recursos lo que se ha necesitado para poder ofreceros esta semana la –y permitidme la hipérbole– noticia del año. La información sobre los testimonios de extrabajadoras que acusan a Julio Iglesias de abusos es PERIODISMO CULTURAL, así, en mayúsculas.
Ver el martes que por fin salía a la luz el trabajo de tres años de investigación fue realmente emocionante. Por ver que lo que tanto ha costado se materializaba en la portada de elDiario.es. Y porque —parodiando de forma simplona el título de una canción— tengo el convencimiento de que la vida NO sigue igual. No sigue igual para Julio Iglesias, el mito de la españolidad caído, el latin lover que presumía en las televisiones de canallismo.
Pero tampoco sigue igual para el resto de nosotros, y por supuesto no sigue igual para el periodismo cultural. Algo se ha rasgado. Algo cambia a partir de ahora. Cambia la impunidad. Ojalá, como se suele decir, el miedo cambie de bando. Y ojalá se tenga cada vez más claro que el periodismo cultural sirve para ello.
Antes hablábamos de tiempo. Y tiempo, mucho, es lo que han dedicado a esta exclusiva las periodistas que lo han logrado: Elena Cabrera, Ana Requena, Raquel Ejerique, Natalia Chientaroli y María Ramírez. Ver lo que han logrado desde aquella semilla hace tres años, aquella pista que escondía mucho más, es emocionante, inspirador, y la mejor prueba del valor del buen periodismo.
Y si la vida no va a seguir igual toca mirar al futuro. Un futuro donde el periodismo cultural sirva de palanca para cambiar las cosas, para denunciar las injusticias, los abusos. Para acabar con la impunidad. En todos los países ha habido un punto de inflexión con los abusos hacia las mujeres: Weinstein, Depardieu… Ojalá aquí haya sido Julio Iglesias.
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