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Entrevista

Ana Belén: “Todo es política, desde que nos levantamos. Tú y yo aquí, eso es política”

Ana Belén regresa al cine con 'Islas'

Javier Zurro

1 de marzo de 2026 22:23 h

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Hacía diez años desde que Ana Belén no aparecía en una película. Más de 20 desde que no le daban un papel protagonista. No se puede decir que haya estado desaparecida, al revés. La actriz y cantante no ha parado de hacer teatro, de dar conciertos y hasta de reírse de sí misma con ese Agapimú que versionó junto a Ojete Calor para salvarnos de la tristeza en los primeros compases de la pandemia. Sin embargo, faltaba ese regreso que la llevara al medio en el que comenzó, el cine.

Porque fue ahí, en 1966, con apenas 15 años, donde comenzó en Zampo y yo, ahora un título recordado por todos, quizás porque era la primera vez que veíamos a esa adolescente que luego se convertiría en un icono de la Transición y la democracia. Ana Belén se ríe y dice que de aquel fracaso nació su carrera, y que ahora tiene ganas de volver a coger carrerilla en el cine tras protagonizar Islas —ya en salas de cine—, un drama donde dirigido por Marina Seresesky donde su personaje, Amparo, parece un espejo de la propia actriz: una niña prodigio que ahora intenta sobrevivir en una profesión muy dura, sobre todo con las actrices a partir de una edad.

No aparecía en una película desde La reina de España, y no protagonizaba una desde hace mucho tiempo… 

Desde Cosas que hacen que la vida valga la pena, en 2004.

La pregunta es obvia, ¿por qué tanto tiempo?

Pues no sé, lo que ha pasado es que Marina Seresesky, que es la directora y guionista, primero me sorprendió. Dije: “Uy, pues alguien se acuerda de que yo hago cine también”. Y luego me mandó este guion que me pareció desde el primer momento muy muy interesante. Me conmovió, me emocionó mucho y dije, pues venga, vamos adelante con ello.

¿Le dio miedo el regreso al cine o es como andar en bicicleta?

Nunca se olvida. Sobre todo porque yo he seguido haciendo teatro, que es lo mismo. Se trata de interpretar un personaje, meterte en la piel de un personaje. El medio es diferente y todo lo que tú quieras, pero la esencia del trabajo es el mismo. Y yo he hecho en estos años muchísimo teatro, afortunadamente, y eso me ha hecho estar engrasada. Pero, a ver, un poquito de temblor ante el precipicio cuando iba a empezar el rodaje sí tenía. Lo que ocurre es que también habíamos ensayado con Marina previamente, porque al tener un rodaje muy apretado, de días, no podíamos llegar al rodaje sin saber. Entonces, durante un mes previo estuvimos por las tardes haciendo lecturas y eso nos ayudó mucho y además te quita también miedos.

¿Había algo en ese guion que le tocaba en lo personal? Ese momento cuando Amparo pone las fotos en la cama, que son sus fotos, es muy emocionante.

Me tocaba, pero yo lo veía de una manera muy distante, porque es verdad que aunque el personaje de la película es una actriz que ha sido niña prodigio, que luego ha sido actriz juvenil, que luego ha sido una actriz de los años 70 y ha venido a menos, y a menos, yo he conocido a algunas actrices con esa trayectoria y desde luego, el mundo de las niñas prodigio lo he conocido de primera mano.

¿Cómo se sobrevive a ser niña prodigio? 

Es difícil. 

He leído en una entrevista en un reportaje que Miguel Narros fue también muy importante.

Hombre, claro, porque fue la persona que me quitó tonterías, porque cuando eres niña prodigio todo gira alrededor tuyo, todos vienen y te dicen: “Ay, qué mona y qué guapa. Ponte esto, que la pongan esto, que le quiten, que la maquillen. Ahora que baile ahora, que cante”. Y entonces, Miguel lo que hizo cuando acabó la película es preguntarme, “¿Tú quieres dedicarte a esto?, porque esto se estudia”. Yo dije, “¿cómo que se estudia?”. Yo pensé que esto era una ciencia divina que venía aquí un pájaro e iluminaba. Y ya con esto tirabas palante. Entonces me dijo, esto se estudia, hay escuelas de teatro y yo dirijo una y tú si quieres puedes venir de oyente. Y efectivamente, fui de oyente y ya no me fui de ahí, me quedé ya para siempre y empecé a trabajar en el teatro. Entonces mi suerte fue esa, que vino Narros a rescatarme y sobre todo, que aquella película fue un fracaso. Yo soy hija de ese fracaso.

Su personaje, Amparo, tiene miedo a que se olviden de ella, ¿es ese uno de los principales miedos de una actriz?

Supongo que sí, claro. Yo en mi caso no lo he sentido, porque aunque he pasado muchos años sin hacer cine, he seguido haciendo teatro, he estado cantando, he hecho alguna serie… en fin, siempre he tenido trabajo. Pero claro, un actor, una actriz que solo hace cine y que a lo mejor llega a una determinada edad, se hace mayor, y en esto siempre digo que es mucho más complicado para una actriz que para un actor, pues claro que hay miedos. Evidentemente, en una profesión tan insegura, donde los que trabajamos somos una excepción.

Un 8% creo que es la cifra.

Parece increíble cuando esto lo verbalizas y se lo dices a la gente, que la gran mayoría están en el paro.

Bueno, es que la gente sigue pensando que todos son unos subvencionados.

Eso ya es tan antiguo que…

Cuidado que vuelve.

Todo vuelve. Lo peor vuelve siempre.

Es muy bonita la relación que se establece entre su personaje y el de Manu Vega. Se salvan el uno al otro. Es un mensaje muy bonito en un momento como el actual…

¿Lo dices por el edadismo?

Y por la crispación.

Bueno, es que ahora pretenden que haya una lucha generacional que yo no la entiendo. No hay tal lucha. Lo de la edad es una abstracción. Ves gente joven que es tan mayor que dices… ay, qué viejo, por Dios. Y luego ves gente muy mayor que son como niños y siguen jugando y les encanta rodearse de gente joven. Lo de la edad es muy relativo. Yo he estado toda mi vida rodeada de gente mayor. Cuando empecé en el cine todos eran mayores. Luego empecé a trabajar en el teatro y yo era la niña, la más jovencita y a mí me encantaba. Me enseñaron tanto, Aprendí tanto. Y al mismo tiempo hay gente joven que yo ahora les leo, les escucho, veo sus trabajos y digo, ¡qué maravilla!, ¡cuánto saben!, ¡que qué guapos son! Entonces da mucha alegría.

Ese encuentro, ese mensaje empático, es importante ahora mismo, en este momento en el que vivimos.

Hombre, es que qué haríamos sin la empatía. En esta profesión, esto a lo que nos dedicamos, si no hay empatía, ya me contarás. Si continuamente nos estamos poniendo en el lugar del otro para entenderle, para comprender. Quizá no compartas, quizá no estés de acuerdo, pero hay algo que esta profesión tiene que es intrínseco, y es el entender al otro. Y esa es la base ser empáticos, que es algo que fuera de la profesión también debería ser.

La película también introduce capas sociales como la migración o la homofobia. 

Esta película tiene capas, como la cebolla, que le vas quitando las pieles. Y eso está ahí en nuestra sociedad. Entonces Marina pone pequeñas pinceladas con la inmigración. Eso no estaba en un primer guion y cuando ya la película se iba a rodar me dijo que había habido algunos cambios y que había introducido esa problemática de la gente que llega en pateras y cayucos y que qué vida se les está ofreciendo. Marina toca todo eso. Me parece que no es baladí que se toque.

Y de una forma muy inteligente y en un momento importante, porque es verdad que los migrantes están muy señalados y vuelve a haber más delitos de odio también contra la comunidad LGTB. Usted nunca ha tenido miedo a hablar de esos temas ni a posicionarte.

Que no se tenga miedo a tocar problemas que existen, eso es estupendo. Hay que tocarlos, hay que hablarlos, hay que enseñarlos, hay que discutirlos, claro que sí. Sin tirarse piedras, sin matarse a garrotazos. Y claro, todo eso, todo eso es enriquecedor. Todo eso enriquece cualquier propuesta que hagas, desde cualquier lugar.

Venimos de una Berlinale donde se ha vuelto a debatir si el cine es político, si hay que hablar…

Por favor. Sobre todo con respecto a esto de la Berlinale, que me ha sorprendido tanto de Wim Wenders, hay cosas que no son ni discutibles, son lo que son. Genocidio. Es que no hay otra palabra. Cuando es un genocidio no hay que ponerle otra palabra, cuando tú te estás posicionando además con respecto a otras guerras. Con respecto a lo que está ocurriendo en Gaza, porque no es que ya haya pasado. Firmaron un acuerdo de paz, pero ¿qué paz si siguen matando gente? Sí, sabemos el porqué, cuál fue la raíz, los asesinatos de Hamás, pero todo lo que ha pasado después… A mí es que cuando dicen que no hay que meterse en política, ¿qué no es política? Esto es política. Todo. Tú y yo aquí lo es también. Desde que nos levantamos. 

¿Le ha dado miedo alguna vez que la encasillen como actriz politizada?

No, y eso que fíjate, yo empecé a trabajar con la dictadura. Vi morir al dictador. Llegó la transición y la democracia. Incluso en vida del dictador, donde realmente era muy complicado, ahí estuve militando en el Partido Comunista porque sentí que era lo que yo tenía que hacer y que debía hacer. Y claro que había miedo, muchísimo miedo. Y eso sí que era un miedo importante. Yo entiendo el miedo, y además me parece que es algo que cada uno debe lidiar como puede. Pero bueno, si todos intentáramos cada vez tener un poquito menos de miedo… pero es difícil en esta época, es complicado.

Se nota que el miedo ha vuelto, son momentos muy virulentos.

Sí, porque hay algo que no controlas, que son las redes sociales. Entonces las redes sociales donde tú estás a expensas de un anónimo, que no sabes quién es, no tiene nombre y que te machaca. Hay que tener mucha fuerza para no leer nada de lo que se pone en las redes. Como no lo leo me llamarán de todo, como me lo han llamado hace muchos años. No de todo, pero bueno.

¿Nubla el éxito a los actores?

A ver, cuando eres muy jovencito tienes mucho poder. Has tenido un éxito a lo mejor increíble con una película, con una serie y tienes a todo el mundo a tu alrededor ofreciéndote de todo, desde ropa estupenda hasta un viaje. Entonces es difícil cargar con eso y no volverte loco. Por eso es muy importante quien está a tu lado. Puede ser tu familia. Yo he tenido una familia siempre estupenda y unos padres que me hacían tocar tierra. Si me iba me tiraban un lazo. O también unos buenos amigos que te hagan sentir que con ellos realmente estás en la vida, en la realidad, porque todo lo otro no es real. Porque en la siguiente película lo mismo ya no tienes éxito y no tienes a tanta gente alrededor. Cuidado. Y he dicho jóvenes, pero he visto a muchos mayores que de repente han tenido un éxito cuando hasta entonces habían sido actores de reparto y se han vuelto tontos también. La tontería es transversal.

¿Ve su futuro en el escenario?

Es que no me interesa el futuro. Te lo digo sinceramente. Me importa esto. Aquí. Hoy. El futuro... Pues yo qué sé. Igual en un momento determinado me canso y digo “Bye bye. Hasta aquí hemos llegado”. No lo sé. Hombre, un escenario, siempre y cuando estés bien, fíjate en Lola Herrera o Sacristán, haciendo giras y de todo. Madre mía, ¡qué vitalidad, qué energía! Entonces, si tienes energía, tienes vitalidad y la cabeza sobre todo está bien y puedes, afortunadamente, seguir trabajando... Yo creo que esa es la suerte que tenemos la gente que hacemos teatro, que siempre hay más posibilidades que en el cine. Pero igual esto me lo como dentro de dos días.

Y con Islas, ¿no le ha picado un poco la cosa de hacer más cine?

Pues sí, claro. De hecho, hay dos proyectos para hacer cine, así que a ver si salen...

Si salen aquí la espero.

Aquí me verás.

Entrevista completa

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