Trump obliga al PP a sumergirse en el mundo del realismo mágico con Venezuela
Donald Trump dispara más rápido. Muchas de sus víctimas son los partidos políticos europeos, no sólo conservadores y liberales, que creen que la alianza estratégica con Estados Unidos es esencial para la seguridad del continente. Se levantan por la mañana y descubren perplejos que el presidente norteamericano ha vuelto a dejarlos tirados en la cuneta o ha mostrado lo poco que le importan la cohesión de la OTAN y las opiniones de sus aliados. El Partido Popular lo está sufriendo en carne propia en el tema de Venezuela.
Unas horas antes de que el Congreso fuera el escenario de la comparecencia del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, Trump volvió a dejar pasmado al PP. Lo malo no era que Delcy Rodríguez había mantenido una conversación telefónica con él, sino que Trump se deshizo en elogios a la presidenta en funciones venezolana: “Es una persona estupenda. Es alguien con quien hemos trabajado muy bien. Marco Rubio está tratando con ella”. La política a la que el PP odia es “fantástica”, dijo. Obviamente, Rodríguez está contando y prometiendo a Trump todo lo que este quiere escuchar.
Por todo ello, a Cayetana Álvarez de Toledo le tocaba hacer equilibrios como si fuera una funambulista de circo mientras el público observa entre divertido y asustado temiendo que en cualquier momento se parta la crisma. La única forma de no caer al vacío consistía en atenerse a lo que ha decidido Alberto Núñez Feijóo: a Donald Trump no se le nombra, tampoco al hablar de conflictos internacionales en los que las decisiones más relevantes las está tomando él. Es una especie de ficción que no se puede mantener durante mucho tiempo. Suena un poco absurdo, pero al PP le sirve para ir tirando.
Aquel-que-no-debe-ser-nombrado está reforzando a corto plazo la posición de Delcy. A Álvarez de Toledo no le quedó más remedio que repetir todo el discurso anterior de su partido sobre Venezuela donde resultaba que era el Gobierno de Pedro Sánchez el que sostenía a Maduro. Es una combinación de realismo mágico y política desesperada. Trump dice que está haciendo “progresos tremendos” con el actual Gobierno venezolano para lograr la “estabilidad y recuperación” del país, pero la culpa de que los chavistas sigan en el poder es de Sánchez y Zapatero.
Hubo una única mención a Trump en el discurso de la portavoz del PP. Lo elogió al principio por haber “puesto fin a un tirano criminal”, refiriéndose al secuestro de Maduro y su encarcelamiento en Nueva York. Después, pasó a atacar al Gobierno de Sánchez por todo lo que está haciendo EEUU. Fue particularmente imaginativa cuando dijo que los socialistas quieren “una transición lampedusiana, que todo cambie para que todo siga igual”, una descripción que se ajusta bastante bien hasta ahora a la conducta de la Casa Blanca.
Evidentemente, no habló del petróleo. Eso hubiera elevado la incomodidad a niveles insuperables. Ahí también convenía fingir que algo muy importante ni siquiera existe.
Aceptó que todas las transiciones a la democracia “exigen cesiones”, pero marcó límites. Acusó al Gobierno de “querer liberar a Delcy” –“es la única liberación que les interesa”–, pero ni Sánchez ni Albares han elogiado a la presidenta de la forma entusiasta con que lo ha hecho Trump. “Delcy Rodríguez no es una moderada. No es Adolfo Suárez”, dijo, a pesar de que el Gobierno no ha dicho nada de eso.
La comparación con la Transición española sólo la ha hecho una columnista de El País, despistada o muy mal informada, y quizá algún tertuliano que hoy habla de Venezuela como antes lo hacía de la pandemia, del apagón o de Gaza.
En su discurso, Albares defendió una idea que seguro que el PP comparte en privado. “Ninguna solución para Venezuela puede imponerse desde el exterior. Mucho menos por la fuerza”, dijo el ministro. Eso es lo que está haciendo Trump y de una forma, con la excepción de la caza de Maduro, que ha perjudicado los intereses de la oposición. María Corina Machado ya se veía de vuelta en Caracas con la misión de hacerse con el poder después de una invasión norteamericana y ahora le queda confiar en que Trump no se olvide de ella.
Machado visitó la Casa Blanca el jueves para tener un almuerzo con el presidente. A la salida, dijo que había “presentado” a Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz. Hay que suponer que se la enseñó, pero que no se la entregó, aunque no quedó claro. La portavoz de la Casa Blanca dijo después que Trump confía en que se celebren elecciones en Venezuela “algún día”. No concretó más.
En el Congreso, Albares tuvo que recordar algo bastante obvio: “A Delcy Rodríguez no la ha puesto donde está el Gobierno de España. La ha puesto la intervención militar de EEUU”.
El ministro reiteró lo que ha dicho en otras ocasiones. El Gobierno nunca reconoció el resultado de las elecciones de 2024, cuando Maduro obtuvo la victoria en medio de pruebas evidentes de fraude electoral. Se explayó más en destacar que España ha acogido a centenares de miles de venezolanos, que huyeron después del hundimiento económico del país, con una normativa específica para ellos de la que no disfruta ningún otro colectivo extranjero. “Hemos estado dispuestos a acoger a cualquier venezolano que lo necesite y lo seguiremos haciendo”.
A pesar de esta evidencia, el PP describe al Gobierno como alguien hostil a los inmigrantes venezolanos y a los dirigentes de la oposición. Álvarez de Toledo volvió a acusarle de haber forzado el exilio de Edmundo González en connivencia con Maduro. “Ustedes montaron una operación para extraer de Venezuela al presidente legítimo”. Si fue así, hay que preguntarse por qué el candidato de la oposición en las elecciones agradeció al Gobierno de Sánchez las gestiones que hicieron posible su salida.
Todas estas contradicciones no importunaron a Cayetana Álvarez de Toledo. Si hablas de Venezuela ahora mismo sin mencionar el papel que juega Trump y el apoyo que está concediendo a Delcy Rodríguez, está claro que no vas a permitir que la realidad te estropee un buen discurso.
3