Cherry Kearton cambió nuestra forma de ver el mundo animal y lo hizo con sus fotografías

Cherry Kearton con el chimpancé "Toto".

Laura Cuesta

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Hoy ver fotografías de animales salvajes con la máxima calidad nos parece una cosa totalmente natural. La evolución de la tecnología de las cámaras fotográficas, sumada al desarrollo de dispositivos como los drones, nos permiten ver cómo es la vida silvestre cuando no intervienen los humanos con todo lujo de detalles. 

Pero hace 100 años, nada de esto era como lo es ahora, y todo empezó en parte gracias a Cherry Kearton y su hermano Richard. De Cherry se dice que fue el primer hombre del mundo que disparó con una cámara y no con un rifle a un animal, y sus fotografías siguen siendo estudiadas y admiradas un siglo después de que este joven fotógrafo las tomara.

Richard (nueve años mayor) y Cherry Kearton crecieron en una granja de Yorkshire (Inglaterra) a finales del siglo XIX, en el seno de una familia trabajadora. La historia cuenta que en el año 1892, después de encontrarse con un nido de pájaros, Richard le pidió a su hermano pequeño que tomara una foto de aquellos pequeños animales. Fue el principio de todo.

Después de aquello, se dice que se les ocurrió la idea de crear un libro ilustrado íntegramente con fotografías sobre aves y sus nidos, algo que en aquella época no existía. Dicho y hecho. Escrito por Richard e ilustrado con las fotografías de Cherry, el libro Nidos de aves británicas: Cómo, dónde y cuándo encontrarlos e identificarlos fue el primer libro de naturaleza ilustrado íntegramente con fotografías.

Su propio “caballo de Troya”

Aquel libro fue el inicio de una larga carrera dedicada al mundo de la fotografía animal. Richard y su hermano viajaron por distintos países del mundo para que Cherry pudiera capturar todo tipo de animales con sus cámaras fotográficas, pero pronto se encontraron el primer problema, y es que en aquella época no tenían lentes con un buen zoom que les permitieran estar lejos de los animales.

En ese momento tuvieron que poner a trabajar su ingenio. Los Kearton idearon todo tipo de escondites para acercarse lo máximo posible a la fauna salvaje sin ser vistos. Uno de los mecanismos más interesantes fue el del buey disecado, una piel con forma de animal totalmente realista cuyo interior era lo suficientemente espacioso para el fotógrafo y su cámara.

Cherry también encargó otro sistema, esta vez con forma de oveja, diseñada también para mimetizarse con el ambiente. El problema de esta es que era mucho más estrecha y dentro de ella solo había hueco para la cámara, que el fotógrafo operaba a distancia. El joven se colocaba en su tienda de campaña y accionaba el disparador mediante un tubo neumático de quince metros. 

Ver las fotografías que Cherry Kearton hizo a lo largo de su vida en distintos lugares del mundo es imprescindible para conocer la historia de la fotografía de animales. 

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