Construido junto a unos antiguos baños de aguas sulfurosas, este castillo gaditano aún conserva su torre, sus murallas y su aljibe

El castillo ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural, distinción que le fue otorgada en 1985 como monumento

Alberto Gómez

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Es considerado uno de los monumentos mejor conservados de toda la comarca de La Janda, en la provincia de Cádiz. Aunque su estampa actual es el resultado de siglos de superposición de diversas culturas, la cercanía a unos legendarios baños de aguas sulfurosas le otorga un misticismo único. El Castillo de Gigonza, dentro del término municipal de San José del Valle, es un rincón de la sierra que atrae la curiosidad de historiadores y senderistas, un lugar donde la arquitectura militar y la naturaleza se funden en perfecta armonía.

La historia del enclave se remonta a la antigua Saguntia, una ciudad de origen turdetano. Durante la época romana fue un enclave estipendiario que ya aprovechaba su entorno. Tras los visigodos, que dejaron una ermita de la que quedan muros, llegaron los árabes, que bautizaron el lugar como Xisgonza, manteniendo su relevancia como sitio fuerte. En el siglo XIII, esta fortaleza gaditana fue clave como castillo de frontera entre dos reinos. Tras la Reconquista, pasó a manos de linajes ilustres como la poderosa Casa de Arcos. Los Ponce de León adaptaron la estructura medieval a las necesidades de cada momento, reformas que definieron el carácter gótico-mudéjar que hoy conservan sus viejos muros.

Al aproximarse a la fortaleza, el visitante es recibido por un bello paseo de palmeras. La planta del castillo es casi cuadrada y se organiza en dos cuerpos muy robustos. El acceso principal se realiza por una puerta con arco de medio punto muy señorial. Dicha entrada está coronada por el escudo de armas original de la Casa de Arcos. Sus murallas, construidas con mampostería y sillarejo, rodean el patio de armas. En las esquinas y huecos se observa un refuerzo de sillares que garantiza su firmeza. El diseño permitía un control efectivo de las rutas pecuarias y dehesas de la zona, un ejemplo perfecto de arquitectura defensiva señorial en pleno campo.

Se trata de un lugar donde la arquitectura militar y la naturaleza se funden en perfecta armonía

La estructura central y más impresionante del recinto es su gran torre del homenaje. De planta cuadrada y tres niveles, domina el paisaje con sus muros de gran espesor. Sus estancias internas están cubiertas mediante elegantes bóvedas vaídas de ladrillo. El ingreso a la torre se hace por una puerta estrecha con dintel sobre fuertes impostas. Sobre dicho acceso destaca una ventana con arco de herradura de influencia andalusí. En el piso superior, los ventanales abocinados permitían vigilar toda la campiña. Actualmente se conserva como un vigía eterno que guarda los secretos de la historia.

Dentro del recinto amurallado, el patio de armas esconde un gran aljibe para el agua. Anexa al patio se encuentra una capilla de 1848, templo que conserva un retablo, púlpito y sacristía bajo una bella bóveda corrida. Bajo la primera planta de la torre se ubican las mazmorras, lugares oscuros y lúgubres. En el mismo patio destaca un palomar histórico, elemento típico de la zona rural. Cada rincón, desde las almenas hasta los fosos, refleja la vida de sus habitantes. La heráldica de los Ponce de León decora varios puntos del conjunto arquitectónico. Es un palacio de campo que ha sabido resistir el paso de los siglos con dignidad.

La fama de Gigonza creció notablemente gracias a sus baños de aguas sulfurosas. Estas fuentes medicinales fueron muy populares a finales del siglo XIX. Francisco Ponce de León impulsó un balneario que atraía a numerosos visitantes. Los bañistas buscaban alivio para sus males físicos en aquellas ricas aguas ácidas. Durante la fiesta de la Virgen del Carmen, el lugar se llenaba de celebraciones. Aunque el balneario cerró tras la guerra civil, sus ruinas aún pueden visitarse hoy. El manantial sigue brotando como testigo silencioso de aquel esplendor del pasado. La unión de salud y fortaleza militar hace de este sitio un lugar verdaderamente único.

BIC en 1985

El entorno natural del castillo está rodeado de dehesas y viejas encinas. Una curiosidad botánica es la presencia de los ombúes, llamados bellasombras. Estos árboles de origen sudamericano fueron traídos tras el descubrimiento. Sus raíces gigantescas y amplias copas proyectan sombras de gran extensión. Además de la flora, el lugar está imbuido de leyendas como la del Rey Moro. La “Camisa del Rey Moro” es un trofeo de guerra que la familia aún conserva hoy. Caminar por la Cañada Real de Salinillas permite disfrutar de este gran paisaje. Es una ruta ideal para quienes buscan aventura en el corazón de la sierra gaditana.

Hoy en día, el Castillo de Gigonza ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural, distinción que fue otorgada en 1985 como monumento. Aunque es de propiedad privada, sus dueños mantienen el edificio en buen estado. Los miércoles se abre al público de forma gratuita previa cita para los visitantes. También se organizan visitas teatralizadas y rutas para descubrir sus secretos. Es una parada obligatoria para los amantes de la historia en general y de los castillos en particular. La preservación de este baluarte del patrimonio gaditano es vital para la propia identidad de la provincia de Cádiz.

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