Descubren en México un observatorio solar con 2.500 años de antigüedad: el primero de su tipo fuera de la región maya

Conjunto astronómico observatorio solar de Teteles de Ávila Castillo.

Laura Cuesta

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Hace más de 2.500 años, mucho antes de que existieran los calendarios modernos, los habitantes del actual estado mexicano de Puebla ya miraban al cielo y la posición del Sol pudo servirles para reconocer los cambios de estación y organizar los trabajos agrícolas. Así lo sugieren las investigaciones realizadas en el antiguo asentamiento de Teteles de Ávila Castillo, donde los arqueólogos han encontrado un observatorio solar prehispánico.

El hallazgo, anunciado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), tuvo lugar en la Sierra Norte de Puebla, donde los especialistas identificaron hace unos días un complejo arquitectónico que habría sido diseñado para observar el Sol hace más de 2.500 años. 

Los investigadores creen que el observatorio data del período Preclásico Medio, entre aproximadamente el 1000 y el 600 a. C., lo que lo sitúa entre los “ejemplos más antiguos conocidos de arquitectura astronómica en Mesoamérica”. Además, según recoge el INAH en su comunicado, se trata del primer complejo de este tipo confirmado fuera del área maya.

Estructura Este del conjuto astronómico marcando el equinoccio de primavera.

Los detalles del observatorio

Una de las cosas que más llamó la atención de los investigadores fue la disposición de las construcciones dentro del complejo. El recinto cuenta con un patio cuadrangular rodeado por dos plataformas, una al este y otra al oeste. Su orientación habría permitido observar la salida del Sol sobre el horizonte y reconocer cómo cambiaba su posición a lo largo del año. 

Los especialistas descubrieron que esta disposición se asemeja mucho a los complejos astronómicos asociados con los asentamientos mayas, en particular al famoso complejo del Grupo E en Uaxactún, Guatemala. Esta forma de construir les servía a las comunidades como referencia para identificar determinados momentos del ciclo solar, unas observaciones que, según los investigadores, pudieron tener una aplicación práctica. 

“El basamento alargado no marca en el centro los equinoccios. Servía para fijar el inicio del calendario prehispánico mesoamericano en febrero, y la cosecha en octubre, lo cual le hace un elemento complejo y único”, describió el director del proyecto arqueológico, Alberto Diez Barroso Repizo. 

Estas fechas habrían sido particularmente importantes para las comunidades agrícolas, ya que su supervivencia dependía en gran parte de la comprensión de los cambios de estación. Para las autoridades mexicanas, este descubrimiento “demuestra las capacidades científicas de las sociedades antiguas”. 

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