Arqueólogos alemanes encuentran un curioso templo romano probablemente dedicado al dios Marte
Un grupo de arqueólogos ha descubierto los restos de un antiguo templo romano debajo del suelo de un bosque ubicado en las montañas orientales de Taunus, en el estado federado de Hesse (Alemania). En el interior de la infraestructura, que mide unos 4,9 metros de largo, también encontraron una cámara cuadrada más pequeña con solo tres muros.
La fortificación pudo formar parte de un asentamiento militar construido en el siglo III para defender la frontera del Imperio Romano contra las tribus germánicas y, según los expertos detrás del hallazgo, esta parece haber estado dedicada a Marte, el dios romano de la guerra.
El descubrimiento, según apuntan los investigadores, ayuda a reconstruir cómo era la vida en estos enclaves fronterizos, que no se limitaban simplemente a albergar soldados. Alrededor de las fortificaciones solían construirse también pequeños núcleos conocidos como “vicus”, donde vivían comerciantes, artesanos y familiares de los militares.
Estos poblados abastecían a las tropas y desarrollaban su propia actividad económica y religiosa. “Si bien las investigaciones arqueológicas anteriores se centraron en el fuerte en sí, el vicus ha cobrado protagonismo recientemente, y los nuevos hallazgos ya son notables”, explican los arqueólogos en el comunicado compartido ahora.
Nuevos hallazgos
Además de una inscripción que sugiere que el templo en cuestión estaba dedicado a Marte, el equipo desenterró un fragmento de una estatua que también podría representar al dios de la guerra. Otra estatuilla que probablemente representa a Victoria, la diosa romana de la victoria, también ha aparecido entre los restos identificados.
El artefacto está roto, pero todavía conserva algunos rasgos distintivos de esta deidad de la mitología romana, como las alas, una rama de palma y una corona de laurel. Los arqueólogos desenterraron estos objetos durante las excavaciones en curso del fuerte de Kapersburg, una fortificación militar romana que se cree que data del siglo II d. C., así como de su vicus vecino.
Pero más allá del templo, los arqueólogos también han recuperado una fíbula o broche metálico y varias piezas de cerámica artesanal que podrían aportar las primeras pruebas de que el enclave siguió utilizándose incluso después de la retirada romana de la frontera. “Queda por ver si existen más vestigios que nos aporten información sobre la historia posterior del campamento”, concluyen los autores.
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