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Fatima Ubeid ha sobrevivido a dos Nakbas en Gaza

Maha Hussaini

Franja de Gaza —

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En un apartamento vacío y sin terminar con vistas a cientos de tiendas improvisadas a lo largo de la costa de Gaza, Fatima Ubeid, de 95 años y superviviente de la Nakba palestina de 1948, se sienta junto a la ventana observando una línea costera que se ha convertido en una interminable escena de desplazamiento. 

Ubeid, originaria del barrio de Shujaiya, en el este de Gaza, ha sido desplazada más de diez veces desde octubre de 2023. Nunca ha podido regresar a lo que queda de su hogar, ahora reducido a escombros y situado dentro de una zona militar de exclusión impuesta por Israel tras el acuerdo de alto el fuego de octubre. Desde el apartamento en el que vive desplazada, contempla a familias instaladas en tiendas a lo largo de la costa. Muchas de ellas proceden de barrios no muy alejados de donde ella vivía antes. 

“Desde que me casé, conservé casi todo lo que había comprado y recibido como regalo, incluido mi vestido de novia y la ropa que me dieron para prepararme para el matrimonio. Pero alrededor de ocho décadas después, todo ha desaparecido”, asegura con dolor. “Todo estaba en el armario. Cada olla de cobre y cada utensilio de cocina que apreciaba quedó enterrado bajo los escombros junto con mi casa”. 

También recuerda un par de pendientes que su padre le compró cuando se casó, en una época en la que apenas había dinero para ropa o joyas. “Mi abuela se negó a que los vendiera o los cambiara”, cuenta. “Me dijo: ‘Tu padre te los compró, consérvalos’”. Al principio se resistió, llamándolos “pendientes de vieja”, pero finalmente los guardó como recuerdo de su padre. Con los años compró otros pares de pendientes, pero siempre volvía a los mismos. “Los amo porque son de mi padre”, afirma. “Por eso nunca me deshice de ellos”. Lo único que sobrevivió junto a ella durante todos esos años fue precisamente ese par de pendientes. 

Dos Nakbas 

La vida de Ubeid abarca dos grandes etapas del desplazamiento palestino: la Nakba de 1948 y la guerra actual en Gaza. 

Durante la Nakba, más de 750.000 palestinos fueron expulsados por la fuerza de sus pueblos y ciudades, mientras cientos de localidades quedaron despobladas durante la creación del Estado de Israel. El acontecimiento sigue siendo un momento definitorio en la historia palestina, marcando el inicio de un desplazamiento masivo que continúa condicionando vidas hoy en día. 

Unos 78 años después, los palestinos en Gaza describen la guerra actual como una continuación de esa historia. 

Según UNRWA, alrededor de 1,9 millones de personas, aproximadamente el 90% de la población de Gaza, han sido desplazadas por la fuerza desde octubre de 2023. Muchas de ellas han sufrido desplazamientos repetidos debido a los continuos bombardeos, las órdenes masivas de evacuación y la destrucción de barrios enteros. 

Ubeid describe este patrón a través de su propia experiencia. “Cada Nakba se vuelve más dura que la anterior”, dice. “Esta vez es la más dura de todas”. Calcula que unos 70 miembros de su familia extensa murieron en ataques aéreos israelíes, que, además destruyeron sus hogares. Ramas enteras de su familia, asegura, ya no existen.  

“Mis hijos, mis nietos, los hijos de mi hermano, los hijos de mi hija, mi nieta y sus hijos… todos se han ido”. Hace una pausa antes de continuar: “A veces me río, y luego me pregunto cómo puedo reír después de tanta pérdida. Los recuerdo. Por la noche y durante el día”.  

“Nos trasladábamos de un lugar a otro. De escuelas a otros refugios. La mayor parte del tiempo no llevábamos nada con nosotros”. Durante el primer alto el fuego en 2023, regresó durante unos días a lo que quedaba de su barrio. Sus pertenencias seguían dentro de la casa, pero no se llevó nada antes de que el alto el fuego fracasara y se reanudaran los bombardeos. 

“Nos despertamos con la noticia de que la tregua había terminado y los disparos comenzaron otra vez. Lo dejamos todo”. Continúa: “Cuando huimos, salimos solo con la ropa que llevábamos puesta. No hubo tiempo de recoger comida ni objetos personales. No nos llevamos nada. Ni siquiera una botella de agua”.  

Antes de la guerra, la casa de Ubeid funcionaba como un lugar de encuentro e intercambio. Recuerda cocinar para los vecinos durante bodas y prestar objetos domésticos cuando hacía falta. Platos tradicionales como la sumagiyya, un plato originario de la ciudad de Gaza hecho a base de zumaque molido, agua, tahini, acelgas, carne de res y garbanzos, se preparaban para grandes reuniones y su hogar solía estar lleno de vida. 

“La gente venía a pedirme cosas prestadas. Ollas, colchones, platos. Yo les daba lo que necesitaban y luego me lo devolvían”, recuerda. “Conservé mis objetos domésticos durante décadas, incluso después de que envejecieran. Cuando algo se hacía viejo, lo guardaba. No soportaba tirarlo”.  

Con el tiempo dejó de utilizar muchos de esos objetos, pero permanecían en la casa como parte de la vida cotidiana y de la memoria. Ahora, dice que todo ha desaparecido. 

“Cada uno de mis nietos tenía una cama y un armario. La casa estaba organizada en torno a una vida familiar que abarcaba generaciones. Eso ya no existe. Como pueden ver, apenas podemos dormir aquí”.  

La destrucción de viviendas en Gaza no tiene precedentes. Según el Centro Satelital de las Naciones Unidas (UNOSAT), hasta octubre de 2025 aproximadamente el 81% de todas las estructuras de la franja de Gaza habían sido dañadas o destruidas, incluidas viviendas, edificios públicos e infraestructuras. Para Ubeid, la pérdida no es solo física. También es la pérdida de continuidad, de objetos, rutinas y de una vida familiar construida durante décadas.  

Reflexiona sobre la diferencia entre la Nakba que vivió en su infancia y la guerra que atraviesa ahora. “En la primera Nakba fuimos desplazados pocas veces. Pero esta vez han sido más de diez. Nos movimos de un lugar a otro. De aquí para allá, y luego otra vez a otro sitio”.  

Para Ubeid, el presente no está separado del pasado. La Nakba no es una referencia histórica, sino una continuidad vivida. “Cada Nakba es distinta. Pero esta es la más dura”.