Con 3 mástiles y 26 velas, es el buque italiano más antiguo en servicio y ciudadanos de Tenerife y Cádiz lo han podido ver de cerca
El majestuoso buque escuela Amerigo Vespucci, perteneciente a la Marina de Italia, ha dejado boquiabierto recientemente a miles de visitantes tras realizar sendas escalas en los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Cádiz. Esta emblemática embarcación, considerada de manera como uno de los veleros más hermosos del mundo, desató una enorme expectación popular en ambas ciudades. Ciudadanos de todas las edades acudieron en masa para admirar de cerca una auténtica reliquia viviente de la navegación tradicional. Sus elegantes franjas blancas y negras sobre el casco evocan los antiguos navíos de línea del siglo XIX.
Construido en los históricos astilleros de Castellammare di Stabia bajo el virtuoso diseño del teniente coronel e ingeniero naval Francesco Rotundi, la nave fue botada oficialmente en febrero de 1931. Tras casi cien años de impecable trayectoria en los mares, el buque ostenta el título de la unidad en servicio más antigua de toda la flota militar italiana. Inspirado en las líneas clásicas de otro navío, en este caso el Monarca, ha servido ininterrumpidamente como academia flotante para generaciones de cadetes de la distinguida Escuela Naval de Livorno, combinando tradición náutica e instrucción militar.
En su imponente arquitectura naval destacan tres majestuosos mástiles verticales de acero y madera que alcanzan alturas de 54, 50 y 43 metros sobre el nivel del mar. La impresionante arboladura sostiene un sofisticado aparejo compuesto por 26 velas cuadradas y de cuchillo confeccionadas artesanalmente con resistente lona de fibra natural olona. El conjunto del velamen suma una superficie superior a los 2.800 metros cuadrados, permitiendo a la nave navegar impulsada por el viento. Para maniobras portuarias o calmas chichas, eso sí, cuenta con motores diésel-eléctricos.
La estampa del Amerigo Vespucci resalta no solo por sus enormes dimensiones de 101 metros de eslora y 15 de manga, sino por la exquisita ornamentación artesanal que adorna cada rincón de su estructura. En la proa luce un imponente mascarón bañado en pan de oro que representa la figura del famoso comerciante y cosmógrafo florentino Américo Vespucio, quien dio nombre al continente americano. Los elegantes arabescos dorados de la popa y los acabados en maderas nobles como la teca, la caoba y el roble reflejan un refinado estándar de conservación patrimonial que asombra a todos.
Durante su estancia en la bahía de Cádiz y en las costas de Tenerife, las autoridades navales italianas organizaron jornadas de puertas abiertas que atrajeron a una multitud entusiasta dispuesta a esperar pacientemente en kilométricas colas bajo el sol. Los asistentes que lograron subir a bordo recorrieron las cubiertas de madera de teca mientras observaban la seria disciplina de los marineros italianos uniformados. El puerto gaditano se vistió de gala para despedir a esta nave legendaria antes de que continuara su ruta atlántica hacia el Mediterráneo, dejando un recuerdo imborrable en la población local.
La célebre reputación del navío trascendió fronteras en 1962 cuando protagonizó un famoso intercambio de señales luminosas en aguas del Mediterráneo con el portaaviones norteamericano USS Independence. Al ser preguntado por su identidad, el buque transalpino respondió con su nombre oficial, recibiendo de vuelta el icónico elogio militar estadounidense que afirmaba que estaban “ante el barco más bonito del mundo”. Asimismo, desde 1978, la nave luce con orgullo en su estructura el inspirador lema oficial “No el que empieza, sino el que persevera”.
Embajador cultural
A bordo de esta nave histórica trabaja una tripulación permanente de 264 militares entre oficiales, suboficiales y marineros, número que se duplica holgadamente hasta alcanzar las 400 personas cuando se embarcan los alumnos en instrucción. Las complejas maniobras para desplegar el velamen se ejecutan enteramente de forma manual a través de más de 36 kilómetros de jarcias y cabos de fibra vegetal, bajo las órdenes directas del comandante y el contramaestre. Esta rigurosa metodología tradicional exige un gran esfuerzo de coordinación física y trabajo en equipo.
Además de su función formativa primordial, el Amerigo Vespucci actúa como un prestigioso embajador itinerante de la cultura, la elegancia y la industria marítima italiana en los puertos más relevantes de todo el planeta. Su actual travesía internacional de circumnavegación promueve la diplomacia naval y fortalece los lazos culturales entre naciones, al tiempo que promociona el sello de calidad del diseño transalpino. La visita a las Islas Canarias y a Andalucía ha ratificado la admiración universal que despierta esta joya flotante, cuyo legado centenario continúa surcando los océanos del mundo.
0