Con animales que no existen en el resto del mundo, esta volcánica isla es considerada una joya de la biodiversidad

En sus densos bosques habitan once especies de monos, destacando el dril de Bioko, en peligro de extinción y que busca refugio en las zonas remotas de la isla

Alberto Gómez

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La isla de Bioko es considerada un espectacular santuario de origen volcánico en las aguas de África tropical occidental, a escasos 32 kilómetros de las costas de Camerún. Su aislamiento evolutivo comenzó hace doce mil años, cuando se separó del continente, hecho que propició el desarrollo de una extraordinaria biodiversidad de importancia internacional. Este territorio insular, moldeado por rocas basálticas y cenizas volcánicas, destaca por su relieve abrupto compuesto por dos grandes macizos separados por la depresión de Musola. Al norte, el imponente pico Basilé domina el horizonte alzándose hasta los 3.011 metros, mientras que al sur se sitúan el pico Biao y la mítica Gran Caldera de Luba, configurando un refugio natural para múltiples especies salvajes.

Este paraíso perteneciente a Guinea Ecuatorial está calificado por la comunidad científica como una de las áreas de mayor prioridad para la conservación de primates en todo el continente africano. En sus densos bosques húmedos habitan once especies de monos, destacando el dril de Bioko, un animal en peligro de extinción que vive en grupos compactos y busca refugio en las zonas remotas de la isla. Asimismo, el majestuoso colobo rojo de Pennant sobresale como la primera especie endémica de primate descrita para este territorio, encontrándose hoy en peligro crítico. El colobo negro, conocido por sus saltos acrobáticos en los bordes de los acantilados de la caldera, y sus rugidos profundos, complementa este increíble ecosistema de mamíferos que dependen de un dosel forestal intacto.

La variedad de primates se extiende con especies asombrosas como el mono coronado, un ágil y vocal acróbata de cola larga y llamativa cresta que se limita a las laderas del sur de la Gran Caldera de Luba. Por otra parte, el mono de orejas rojas representa una de las joyas menos conocidas del planeta, ya que es sumamente raro en cautiverio a nivel mundial, pero resulta ser el primate más común y adaptable en toda la isla de Bioko. En las áreas montañosas, por encima de los 800 metros de altitud, el mono de Preuss encuentra su hábitat ideal en los bosques de neblina. Estos mamíferos forman comunidades mixtas que llenan la selva de vocalizaciones, mostrando una especialización ecológica fascinante y única en el mundo.

Este paraíso está calificado por la comunidad científica como una de las áreas de mayor prioridad para la conservación de primates en todo el continente africano

Más allá de sus famosos primates, el suelo de la selva y las ramas de los árboles albergan una fauna mamífera igualmente sorprendente. En el sotobosque denso se desplazan con extrema discreción dos especies de antílopes pequeños llamados duikers: el de Ogilby y el duiker azul, cuya subespecie es endémica de la isla y pesa menos de cinco kilos. Durante la noche, el bosque cobra vida con los gritos del damán arborícola occidental y el sigiloso movimiento de los gálagos de Allen y de garras de Bioko. Entre los carnívoros registrados, el linsang africano destaca como el único mamífero de este grupo cuya presencia actual en la isla ha sido confirmada recientemente, compartiendo espacio con el puercoespín de cola de cepillo o la rata gigante.

El espacio aéreo de la isla es dominado por unas 200 especies de aves que cruzan los tres picos volcánicos y los espesos bosques lluviosos. Bioko posee dos especies de pájaros que no existen en ninguna otra parte del mundo: el anteojos y el batis de Fernando Póo, sumándose al menos 28 subespecies endémicas. Entre los avistamientos más codiciados por ornitólogos se encuentra el raro picatartes cuelligrís, que habita en las zonas más densas de la selva. Las copas de los árboles gigantes resuenan con el colorido turaco piquigualdo, el turaco gigante, el cálao casquinegro y las bandadas de loros yaco.

Estas especies, junto con la golondrina camerunesa y la suimanga de Úrsula, otorgan a la avifauna de Bioko una identidad biológica única dentro del golfo de Guinea. La costa meridional de la isla, con unos 19 kilómetros de playas salvajes de arena negra, constituye un escenario de importancia vital para la supervivencia marina global. Durante la estación seca, de noviembre a febrero, cuatro especies de tortugas marinas en peligro de extinción llegan a estas costas remotas para desovar. La tortuga laúd, que puede alcanzar casi una tonelada de peso, es la especie más común en estas playas, seguida por la tortuga verde, la carey y la olivácea o golfina.

Graves amenazas

Este tramo costero, especialmente el área cercana al pueblo de Ureka, representa uno de los sitios de anidación más significativos para la conservación de tortugas dentro de todo el golfo de Guinea, donde las hembras cavan sus nidos al amparo de las noches más húmedas y lluviosas del continente. Para completar esta joya natural, la isla alberga una asombrosa diversidad de más de 35 especies de anfibios, considerada una verdadera arca para su conservación. Estudios recientes del Programa de Protección de la Biodiversidad de Bioko descubrieron al menos cuatro nuevas especies de ranas en este ecosistema húmedo.

Sin embargo, este tesoro de flora y fauna únicas se enfrenta hoy a graves amenazas como la caza furtiva, el mercado de carne silvestre y la tala ilegal de madera. La reciente construcción de una carretera que divide la Reserva Científica de la Gran Caldera de Luba por la mitad ha facilitado el acceso de cazadores, poniendo en jaque a especies endémicas. Proteger este santuario volcánico requiere una estricta aplicación de las leyes ambientales para asegurar el futuro de toda una joya de la biodiversidad como es la isla de Bioko.

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