Esta isla estonia tiene el aire más puro de Europa, un faro que se hunde en el mar y la reserva natural más antigua de los países bálticos
En 1906, un joven farero llamado Artur Toom, conocido hoy en día como el “Rey de los pájaros” empezó a proteger por su cuenta las aves de una isla remota en el oeste de Estonia. Lo hacía solo, sin respaldo institucional ni ningún decreto oficial, porque la recolección masiva de huevos y plumas de éider estaba llevando a la especie al colapso. Cuatro años después, en 1910, ese gesto altruista supuso la primera área protegida de los países bálticos. Hoy, más de un siglo después, ese mismo territorio es el Parque Nacional de Vilsandi, uno de los lugares con el aire más puro de Europa y un destino que pocos viajeros conocen.
El parque se encuentra en el condado de Saare, en la costa occidental de la isla de Saaremaa, la mayor isla de Estonia. Cuenta con casi 100 islas, islotes y afloramientos rocosos, y más de dos tercios de su superficie total de 48.594 hectáreas están cubiertos por el mar. Dentro de sus límites se encuentra además la isla de Nootamaa, el punto más occidental de Estonia, aunque la única isla habitada del conjunto es la propia Vilsandi.
Un siglo de reconocimientos internacionales
El parque acumula varios reconocimientos: Reserva de aves en 1910, reserva natural en 1957, reserva natural nacional en 1971 y parque nacional en 1993. Desde 1990 forma parte de la Red de Reservas de la Biosfera de la UNESCO como parte del Archipiélago del Oeste de Estonia, y en 1997 fue incluida en la Lista Ramsar de humedales de importancia internacional. El parque pertenece también a la red Natura 2000 de hábitats protegidos de importancia europea.
Esa cadena de sellos oficiales tiene una justificación natural concreta. En Vilsandi se han registrado más de 250 especies de aves, de las cuales 112 anidan en la isla. Sus islotes exteriores albergan la mayor colonia de cría de éider del mar Báltico, la misma especie que Artur Toom protegió hace más de un siglo. Las focas grises más grandes de Estonia tienen aquí sus principales zonas de cría, y el parque cuenta con más de 30 especies de orquídeas silvestres. Es también un punto de escala crítico para millones de aves migratorias, incluidas barnaclas y éideres de Steller, en su paso por el nordeste del Báltico.
Un faro que se está tragando el mar
Vilsandi tiene dos faros, y los dos cuentan historias distintas. El faro de Vilsandi fue establecido por primera vez en 1809 y sigue operativo hoy, siendo uno de los más antiguos de Estonia. El faro de Kiipsaare, en la península de Harilaid, cuenta una historia diferente y mucho más perturbadora: construido en tierra firme, la erosión costera y la subida del nivel del mar lo han dejado literalmente dentro del agua, inclinado sobre el Báltico sin función posible. Es uno de los pocos faros de Europa abandonado no por obsolescencia tecnológica sino porque el mar se comió la tierra bajo sus cimientos. Hoy es uno de los elementos más fotografiados del parque y una imagen involuntaria del cambio climático en la costa báltica.
Otro dato curioso es que a principios del siglo XX, la fama del reino de aves de Vilsandi creció tanto que se estableció una línea de autobús directa entre Tallin y Papissaare específicamente para los amantes de la naturaleza. Vilsandi es, según las fuentes de turismo oficiales de Saaremaa, el lugar de nacimiento del turismo de naturaleza en Estonia.
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