Jeju, la isla de Corea del Sur que acumula más reconocimientos de la UNESCO: volcanes, acantilados de lava y mujeres que bucean sin oxígeno
Hay destinos que cambian por completo la imagen que se tiene de un país, y Jeju es uno de ellos. Esta isla volcánica situada al sur de la península coreana tiene un tamaño ligeramente inferior al de Tenerife, pero acumula más reconocimientos de la UNESCO en el ámbito de las ciencias que cualquier otro lugar del planeta. La 'Triple Corona' consta de Reserva de la Biosfera (2002), Patrimonio Natural de la Humanidad (2007) y Geoparque Mundial (2010). Además, en 2011, la fundación New7Wonders la eligió además una de las Siete Nuevas Maravillas Naturales del Mundo.
La isla se formó por la erupción de un volcán submarino hace aproximadamente dos millones de años, y ese origen lo impregna todo: el paisaje, la arquitectura, la gastronomía y hasta la forma en que sus habitantes se relacionan con el mar. El reconocimiento como Patrimonio Natural de la UNESCO en 2007 se apoya en tres enclaves concretos que juntos suman 18.846 hectáreas, el 10,3% de la superficie total de la isla: el monte Hallasan, el cono volcánico de Seongsan Ilchulbong y el sistema de túneles de lava de Geomunoreum.
El túnel de lava más impresionante del mundo
El centro de la isla lo gobierna Hallasan, un volcán inactivo de 1.950 metros que corona el paisaje de Jeju y es la montaña más alta de Corea del Sur. En su cráter alberga un lago, el Baengnokdam, rodeado por miles de especies de plantas que cambian con la altitud. Por debajo, existe una red de más de 160 túneles de lava, cuevas formadas cuando los ríos de magma se solidificaron por fuera pero siguieron fluyendo por dentro. El más famoso, Manjanggul, mide 13,5 kilómetros de longitud y tiene techos y suelos de carbonato multicolor y paredes oscuras de lava. La UNESCO lo considera la red de cuevas formadas por lava más impresionante del mundo. De su recorrido total solo está abierto al público un kilómetro. Para poner un ejemplo similar en nuestro país, en Lanzarote la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua se formaron exactamente de la misma manera, pero no tienen ni la mitad de longitud que este túnel.
Sobre la superficie, los más de 300 conos volcánicos secundarios repartidos por la isla (los oreum) permiten caminatas accesibles con vistas al mar desde cimas de escala humana. En la costa este, el cono volcánico de Seongsan Ilchulbong se levanta casi 200 metros directamente desde el océano, con un cráter en la cima que al amanecer concentra a los visitantes que llegan desde toda la isla. Y en el sur se encuentra la cascada Jeongbang, de 25 metros de caída, que vierte sus aguas directamente al mar, una de las pocas en todo el continente asiático con esa característica.
Las mujeres que llevan mil años buceando sin equipo
Pese a todo, el dato más curioso de Jeju no es geológico. En la isla sigue muy presente la comunidad de las haenyeo, que son mujeres buceadoras que se sumergen hasta diez metros de profundidad sin equipo de respiración para recolectar abulones, erizos de mar y otros moluscos. Según la UNESCO, trabajan siete horas diarias durante unos tres meses al año, aguantando la respiración aproximadamente un minuto cada inmersión.
La tradición está documentada en registros escritos desde hace al menos mil años, pero su declive es tan acelerado como su reconocimiento internacional: en los años 60 había unas 20.000 haenyeo; hoy quedan aproximadamente 2.500, y el 98% tiene más de 50 años, e incluso algunas son octogenarias. Antes de sumergirse, dirigen una plegaria a Jamsugut, la diosa del mar. Al salir a la superficie emiten el sumbisori, un silbido característico con el que sueltan el dióxido de carbono e inhalan oxígeno antes de volver a las profundidades. La UNESCO las inscribió como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2016, un reconocimiento que ha empezado a atraer a generaciones más jóvenes a una tradición que, de otro modo, corría el riesgo de desaparecer más pronto que tarde.
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