Un paseo entre dunas y naturaleza por los cuatro kilómetros de playa que unen estos dos municipios costeros de Huelva
El Portil es uno de los enclaves naturales más singulares de Huelva. Mira de frente hacia la Flecha del Rompido —esa enorme lengua de arena que divide el río Piedras del océano y que crece cada año—, mientras a sus espaldas se extiende un pinar verde oliva que esconde entre sus caminos una pequeña laguna de agua dulce. Es un ecosistema privilegiado y bastante virgen, con numerosas posibilidades para explorar la naturaleza, donde el olor a resina de los pinos se mezcla con el salitre del Atlántico.
La singularidad de este enclave se puede descubrir caminando por la playa de El Portil, un arenal que se extiende a lo largo de unos cuatro kilómetros de longitud y unos 40 metros de ancho, compartidos por los términos municipales de Punta Umbría y Cartaya.
La distinción es puramente administrativa, ya que la playa, en sí, es la misma: un continuo de arenas finas sin interrupciones ni indicadores que marquen el límite. La zona que estrictamente pertenece a Punta Umbría se denomina oficialmente “playa de El Portil”, mientras que el tramo gestionado por Cartaya recibe el nombre de “playa de Nuevo Portil”.
Más allá de esas fronteras imaginarias, la personalidad de las dos playas es distinta. El sector perteneciente a Punta Umbría tiene un carácter más urbano, con la mayoría de servicios, comercios y oferta de ocio. Por otro lado, los dominios administrativos de Cartaya se adentran hacia la desembocadura del río Piedras, en un entorno mucho más virgen y salvaje, perfecto para la contemplación y la desconexión.
Para disfrutar plenamente de este enclave, se recomiendan dos itinerarios que permiten conocer las dos caras de este ecosistema: la forestal y la marítima. Ambas son rutas sencillas y permiten contemplar la diversidad natural del Atlántico onubense. Al realizarlas, se recomienda llevar agua, protección solar y calzado cómodo.
Paseo por la orilla: de El Portil a la Flecha
La primera opción pasa por recorrer la playa de El Portil al completo: una ruta lineal por la orilla del mar que se extiende aproximadamente cuatro kilómetros y atraviesa los dos municipios. Caminando de este a oeste, la playa pasa del bullicio de las zonas más urbanas de El Portil a la tranquilidad de Nuevo Portil.
Durante todo el camino, la imponente Flecha del Rompido, dominante en el horizonte, es el punto de todas las miradas. El trayecto es llano, perfecto para realizar durante las tardes de bajamar, cuando la playa es más amplia y la arena húmeda más dura facilita el paso del caminante.
Las condiciones de la playa son casi paradisiacas: amplias arenas finas, aguas templadas y vientos sutiles. Al final del recorrido, el visitante puede tomar un ferry hacia la enorme lengua de arena, otro paraje ideal para explorar su singular ecosistema y desde donde se puede contemplar uno de los mejores atardeceres de la región.
Sendero William Martin: biodiversidad y una historia curiosa
La segunda propuesta es el sendero William Martin, anteriormente conocido como Camino de Los Enebrales, una ruta circular de baja dificultad. A tan solo 300 metros al interior de la playa, al otro lado de las urbanizaciones y de la carretera A-5052, se encuentra la Laguna de El Portil: un singular estero de agua dulce formado por la acumulación progresiva de arena en un entorno de pinos costeros, sabinas y enebros típicos del litoral. La ruta discurre a su alrededor.
Se trata de la ruta ideal para quienes buscan sumergirse en la biodiversidad local, ya que la laguna forma parte de un sistema húmedo clave y es una parada vital para las aves que migran anualmente desde África a través de la Península Ibérica. Al recorrer el sendero, se puede observar cómo varía la vegetación que rodea sus aguas.
El recorrido se extiende por 2,8 kilómetros sin desnivel y está equipado con pasarelas, señalización, bancos y papeleras, elementos que mejoran la experiencia del visitante. Ha sido galardonado con la distinción nacional de “Sendero Azul”, una certificación concedida por la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC).
El camino fue nombrado en honor al “hombre que nunca existió”: William Martin no fue una persona real, sino una identidad falsa creada por la inteligencia británica durante la Segunda Guerra Mundial para despistar al ejército alemán. El sujeto, cuyo nombre real era Glyndwr Michael, fue hallado en la playa de la Bota de Punta Umbría (Huelva) con documentación falsa destinada a llegar a manos enemigas y hacerles creer que el desembarco aliado no sería en Sicilia, sino en otros puntos del Mediterráneo, una jugada que cambió el curso de la guerra.
Ya sea por sus senderos entre pinos o por su extensa orilla, la unión de El Portil y Nuevo Portil conforma uno de los paisajes más auténticos del litoral onubense, un enclave ideal para disfrutar de la naturaleza costera andaluza en su máximo esplendor.