Recorrer el norte de España en tren: de Bilbao a Ferrol en un viaje sin prisas
Si hablamos de trenes hoy, todo está orientado a acortar distancias. Pero hay otra forma de viajar en este medio de transporte en la que el tiempo no es la prioridad, sino la experiencia de mirar por la ventana y dejar que el paisaje avance poco a poco.
En estos trenes más lentos, el viaje cambia de ritmo. Las estaciones dejan de ser simples paradas y pasan a formar parte del recorrido, con gente que sube y baja en trayectos cotidianos. Desde el asiento el paisaje se transforma a nuestro paso, lentamente, dejándonos apreciar todos sus detalles. Y es que con calma, el viaje nos permite entender el territorio mientras lo atravesamos.
En el norte de España todavía es posible hacerlo. Se puede cruzar en tren de Bilbao a Ferrol enlazando líneas regionales de vía estrecha, la antigua FEVE, en un recorrido que invita a disfrutar del recorrido, y no solo de los destinos. No es un trayecto directo ni rápido, pero plantea algo distinto: convertir el tren en el verdadero protagonista del viaje y construir la experiencia a medida que avanzan las estaciones, muchas de ellas con mucha historia a sus espaldas.
El ferrocarril de vía estrecha, hoy
Para entender este viaje en tren hay que mirar a la red sobre la que se apoya. Los trenes de vía estrecha (también conocidos como ancho métrico) nacieron como una solución práctica para moverse por un territorio complicado. En la cornisa cantábrica, con montañas, valles y una costa recortada, resultaba más viable construir líneas más estrechas, con trazados flexibles que se adaptaran al terreno.
Durante décadas, esas líneas estuvieron agrupadas bajo FEVE, una empresa pública creada en 1965 que llegó a gestionar más de mil kilómetros de vías y a conectar decenas de pequeñas localidades. Era un tren pensado para el día a día, para trabajadores, estudiantes y vecinos de zonas rurales, así como apoyo a la industria, más que para grandes desplazamientos.
Hoy esa red sigue existiendo, aunque bajo otra estructura. FEVE desapareció como tal en 2012 y sus servicios se integraron en Renfe, mientras que las infraestructuras pasaron a Adif. El resultado es que estos trenes continúan funcionando como líneas de Cercanías y Media Distancia, con la misma lógica de siempre. No son trenes turísticos, ni históricos, sino transporte público en activo que, visto desde otra perspectiva, permite recorrer el norte de España de una forma muy particular.
¿Se puede hacer este viaje en tren hoy?
La respuesta corta es sí, pero conviene matizarla. No existe un único tren que conecte Bilbao con Ferrol de principio a fin, ni un billete cerrado que cubra todo el recorrido. Este viaje en tren se construye enlazando distintos trayectos, con transbordos y cierta planificación. De hecho, la red de ferrocarril de vía estrecha en el norte de España va mucho más allá, y podríamos incluir también destinos como Gijón o León, si así lo quisiéramos.
Además, las frecuencias no son especialmente altas. En algunos tramos hay pocos trenes al día, lo que hace que no siempre sea fácil bajarse a visitar un lugar y continuar inmediatamente después. En la práctica, eso obliga a plantear el viaje en varias jornadas, eligiendo bien dónde parar y, en muchos casos, haciendo noche antes de seguir.
Lejos de ser un inconveniente, es parte de la propuesta. Este no es un viaje para optimizar tiempos, sino para aceptar el ritmo del tren y adaptarse a él, disfrutando de otra manera de viajar.
El recorrido en tren, tramo a tramo
Antes de entrar en cada tramo, conviene tener en cuenta algunas claves para organizar el viaje en tren. Las frecuencias son limitadas y algunas estaciones están en entornos muy pequeños, así que lo más sensato es seleccionar unas pocas paradas que realmente interesen y construir el itinerario a partir de ahí. Intentar verlo todo difícilmente nos saldrá bien.
También es recomendable consultar horarios con antelación en Renfe y asumir cierta flexibilidad. Este es un viaje en el que tiene sentido parar, dormir y continuar al día siguiente. Y precisamente ahí está buena parte de su atractivo. Con esa idea, el trayecto entre Bilbao y Ferrol puede dividirse en cuatro grandes tramos.
- Bilbao – Santander: entre valles y rías
El viaje en tren puede comenzar en Bilbao, en la modernista estación de la Concordia, y durante los primeros kilómetros se mueve entre entornos urbanos e industriales. Poco a poco, el paisaje cambia y el tren se adentra en valles cada vez más verdes, dejando atrás la ciudad para entrar en una zona más rural.
Una de las paradas interesantes es Karrantza, en pleno valle, con un entorno muy natural y acceso a la cueva de Pozalagua. Más adelante, ya en Cantabria, aparece Limpias, donde el tren pasa cerca de la ría y permite asomarse a un paisaje tranquilo, salpicado de casas señoriales. En Treto, por su parte, es posible desviarse hacia las playas de Laredo, una de las más extensas de la zona.
Es un tramo de transición, en el que el viaje en tren va dejando atrás la ciudad y empieza a mostrarnos poco a poco lo que vendrá después.
- Santander – Oviedo: la costa en primer plano
A partir de Santander, el viaje va cambiando. La línea comienza a acercarse al mar y, en muchos momentos, lo acompaña de forma intermitente. Es uno de los tramos más reconocibles del recorrido, con paisajes que alternan costa, prados y pequeñas localidades.
Cabezón de la Sal es una parada con bastante identidad, mientras que San Vicente de la Barquera ofrece una de las imágenes más claras del viaje, con el tren cruzando cerca del agua y los Picos de Europa al fondo en días despejados. Ya en Asturias, Colombres destaca por su arquitectura indiana, reflejo de quienes regresaron de América, y tanto Llanes como Ribadesella permiten combinar casco urbano y mar en muy poco espacio.
Más adelante, Nava también tiene argumentos para merecer una visita, con la sidra como elemento central. En conjunto, este tramo concentra buena parte de las paradas más conocidas y es donde el viaje en tren resulta más variado.
- Oviedo – Ribadeo: un ritmo más tranquilo
Entre Oviedo y Ribadeo el viaje se vuelve más pausado. Es un tramo menos frecuentado y con una sensación más clara de estar atravesando un territorio cotidiano, lejos de los puntos más turísticos.
Cudillero es una de las paradas más llamativas, y aunque la estación está a 2 km del núcleo urbano, la caminata merece la pena. Cadavedo, por su parte, destaca por sus acantilados y por la ermita de la Regalina, situada en un punto elevado con buenas vistas. Luarca, conocida como la villa blanca de la costa verde, combina puerto, casco urbano y un cementerio con vistas al mar.
- Ribadeo – Ferrol: Galicia sin prisa
El último tramo del viaje introduce un cambio de ambiente. Galicia aparece con una luz distinta, con más presencia de rías, vegetación y pequeñas poblaciones dispersas.
Viveiro es una de las paradas más completas, con un casco histórico bien conservado y bastante vida. Más adelante, O Barqueiro ofrece una de las imágenes más interesantes del recorrido, con el tren cruzando la ría. En Loiba, para quien tenga tiempo, está la opción de acercarse al conocido banco con vistas al mar, aunque requiere caminar varios kilómetros desde la estación.
Ortigueira, con su ría y su entorno natural, es otro buen punto para apreciar el paisaje antes de llegar a Ferrol. La llegada no será tan espectacular como cuando salimos de la estación de Bilbao, pero sí funciona como cierre de un recorrido largo, disfrutado poco a poco.
Cuánto cuesta y cuánto tiempo hace falta
Uno de los aspectos más llamativos de este viaje en tren es el precio. Los billetes de cada tramo son asequibles y, sumando todo el recorrido, el coste ronda los 40 euros. Aproximadamente, el trayecto entre Bilbao y Santander cuesta unos 7 euros, entre Santander y Oviedo unos 13, de Oviedo a Ribadeo unos 10 y de Ribadeo a Ferrol alrededor de 9.
En cuanto al tiempo, hacer el recorrido completo sin parar podría llevar en torno a 16 o 20 horas, dependiendo de las conexiones. Para que te hagas una idea, si fueras directo de Bilbao a Santander tardarías unas tres horas y media, de Santander a Oviedo unas cinco horas y media, de Oviedo a Ribadeo algo más de cuatro horas, y de Ribadeo a Ferrol poco más de tres horas. Sin embargo, lo más razonable es repartirlo en varios días. Un itinerario de entre cuatro y siete jornadas permite disfrutar del viaje en tren con cierta calma, eligiendo bien tus paradas y, desde luego, siendo muy consciente de haber dejado las prisas en casa.