La ruta en la que podrás ver fresnos, sauces, encinas y salmones y que acaba en un estuario de aguas turquesas

Quien recorra esta ruta se verá envuelto por un tupido bosque de ribera que forma un túnel vegetal sobre el cauce del río Nansa

Alberto Gómez

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El río Nansa es considerado uno de los corredores ecológicos más valiosos de Cantabria, discurriendo a lo largo de 46 kilómetros desde Peña Labra hasta su desembocadura. La senda fluvial paralela a su curso combina una notable riqueza botánica con el valioso legado histórico e industrial del valle. A lo largo del camino, el rumor del agua acompaña al visitante entre un denso bosque de ribera que invita al paseo tranquilo. El recorrido culmina en el estuario de la ría de Tina Menor, donde las aguas dulces y saladas se unen creando un paisaje único de vivas tonalidades turquesas.

El tramo acondicionado más accesible de la senda fluvial tiene su inicio en la localidad de Muñorrodero, en Val de San Vicente. El acceso al sendero se encuentra señalizado junto al cementerio del pueblo, a pocos kilómetros de Pesués. Se trata de una ruta de dificultad baja con un desnivel de apenas 50 metros, lo que permite recorrerla cómodamente en familia. La distancia entre Muñorrodero y la central de Trascudia es de siete kilómetros de ida, sumando catorce kilómetros ida y vuelta. El trazado combina caminos llanos, pasarelas de madera y tramos de roca, contando con buena señalización y variantes de aguas bajas recomendadas durante el verano.

Al adentrarse en el trayecto, el caminante se ve envuelto por un tupido bosque de ribera que forma un túnel vegetal sobre el cauce del Nansa. En la orilla destacan los alisos, cuyos troncos y raíces sumergidas ayudan a regular la temperatura del agua. Junto a ellos crecen agrupaciones de sauces y avellanos que aportan gran densidad a la vegetación. Asimismo, los fresnos emergen entre robles y castaños centenarios que cubren las laderas. En el sotobosque abundan helechos, musgos y líquenes que atestiguan la pureza del aire. Esta cubierta arbórea proporciona una grata sombra en los días cálidos, creando un entorno pacífico, fresco y reconfortante.

La ruta culmina al abrirse el río Nansa hacia el océano en el espectacular estuario de la ría de Tina Menor

A medida que el sendero avanza, la vegetación experimenta un cambio al aproximarse a un pronunciado meandro encañonado del curso fluvial. En este tramo calizo, el bosque atlántico cede espacio a especies mediterráneas como las encinas, que colonizan las laderas más escarpadas. Siguiendo las pasarelas que bordean los cortados de roca, la ruta conduce hasta la entrada de la Cueva del Rejo, conocida como la cueva de los murciélagos. Esta gruta natural alberga cientos de ejemplares de varias especies en sus galerías oscuras. Asimismo, en su interior se han hallado restos paleolíticos que confirman la presencia humana milenaria en el valle del Nansa.

La biodiversidad del Nansa constituye uno de sus mayores tesoros, al ser uno de los últimos ríos salmoneros donde el salmón atlántico remonta cada año para desovar. Sus aguas albergan también poblaciones de nutrias y truchas que confirman la salud del ecosistema. En los remansos resulta habitual contemplar el vuelo del mirlo acuático sumergiéndose en busca de larvas, así como el vivo destello del martín pescador y la silueta de la garza real. Entre los pequeños habitantes del entorno sobresalen insectos como el caballito del diablo, la mariposa doncella de ondas y el ciervo volante, consolidando un espacio de elevado valor biológico.

Rústicos teleféricos

Junto a sus valores ambientales, la ruta alberga un valioso patrimonio hidráulico que refleja el aprovechamiento histórico del río. A lo largo del camino se conservan ruinas de antiguas ferrerías y molinos harineros donde la fuerza del agua movía pesados mazos e ingenios. Asimismo, el visitante descubre rústicos teleféricos de pescadores, artilugios que utilizaban los lugareños para cruzar de una orilla a otra durante la pesca. El tramo final acondicionado desemboca cerca de la central de Trascudia, junto a la que se forman vistosos saltos de agua. En este punto existe un área de picnic con bancos ideales para descansar antes de emprender el regreso.

El trayecto culmina al abrirse el río Nansa hacia el océano en el espectacular estuario de la ría de Tina Menor. En este paraje protegido entre montañas, la mezcla de las mareas con el caudal dulce crea una panorámica de enorme belleza caracterizada por aguas de brillante tono turquesa. Desde los miradores de la zona, como el de Pechón o la playa del Sable, se contemplan vistas privilegiadas de la desembocadura. Recorrer esta senda representa una experiencia que une el verdor de los bosques cantábricos, la memoria de sus gentes y la calma de un entorno marino inolvidable, ofreciendo un paseo sumamente accesible que enamora a quien lo recorre.

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