Cuevas, grutas, simas, dolinas, gargantas, manantiales y otras joyas geológicas forman parte de este sendero cordobés

La combinación de poljés, gargantas, simas y manantiales convierte al sendero del río Bailón en una auténtica joya de la geografía andaluza

Alberto Gómez

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En el sur de la provincia de Córdoba, el sendero del río Bailón emerge como uno de los itinerarios geológicos más recomendables de Andalucía. Este recorrido lineal, que une la Ermita de la Virgen de la Sierra en Cabra con Zuheros, discurre a través de un macizo calcáreo cuyos orígenes se remontan a más de 170 millones de años, cuando estas montañas formaban parte del fondo marino. Integrado en la Red de Geoparques Europeos desde 2006, este espacio de las Sierras Subbéticas alberga un relieve kárstico vivo donde la constante disolución de la roca por la acción del agua ha esculpido una gran variedad de formas geomorfológicas que sorprenden a los caminantes en cada tramo del camino.

El protagonismo del sendero se reparte entre dos grandes hitos estructurales, siendo el primero de ellos el Poljé de la Nava de Cabra. Esta inmensa depresión cerrada y llana, cercada por escarpadas cumbres de origen calcáreo, constituye el lugar exacto donde nace el río Bailón y ofrece un espectáculo paisajístico singular. La superficie de este poljé está cubierta por materiales arcillosos de naturaleza impermeable que provocan frecuentes encharcamientos durante los períodos de lluvias intensas. A lo largo del trazado por la ancestral Vereda de la Marchaniega, los pastizales llanos alternan con el pastoreo tradicional de rebaños de ovejas y antiguos cortijos, evidenciando una perfecta armonía entre la dinámica geológica de disolución kárstica y la vida rural cordobesa.

A medida que el itinerario avanza hacia el norte, el paisaje se encajona de manera abrupta para dar paso al espectacular Cañón del Río Bailón. En esta profunda garganta calcárea, los riscos vertiginosos y los tajos del Cerro del Zumacal imponen un desnivel pronunciado con pendientes que oscilan entre el 11% y el 17%. La erosión fluvial ha labrado tajos verticales de impresionante belleza donde las chovas piquirrojas y diversas aves encuentran cobijo en los cortados rocosos. El cauce, que permanece seco en superficie durante gran parte del año debido a la elevada permeabilidad del terreno calizo, canaliza las aguas subterráneas a través de un entramado de grietas y fracturas ocultas bajo la rocosa canalización del cañón.

Este enclave alberga un relieve kárstico donde la constante disolución de la roca por la acción del agua ha esculpido una gran variedad de formas geomorfológicas

El modelado subsuperficial y subterráneo del karst se manifiesta con especial rotundidad en la presencia de abundantes cuevas, grutas y simas a lo largo de las sierras. Entre las cavidades más singulares destaca la Cueva del Fraile, llamada así por una prominente estalagmita situada en su entrada cuya silueta evoca la figura de un monje contemplativo. En las proximidades del sendero también sobresalen la célebre Cueva de los Murciélagos y la Sima de Cabra, ejemplos representativos de galerías subterráneas labradas durante milenios. Asimismo, en el extremo superior de la ruta, la ancestral gruta natural de la Virgen de la Sierra recuerda la vinculación histórica y mística entre el patrimonio geológico subterráneo y la devoción popular cordobesa.

Otro de los fenómenos geológicos más ilustrativos que se aprecian durante la caminata es la presencia de depresiones circulares conocidas como dolinas. Al superar el denominado Cerrillo Cordobés, el sendero se adentra en un espacio abierto donde destaca la conocida Paleodolina, una formación kárstica fósil adecuadamente explicada en los paneles interpretativos de la ruta. Estas hondonadas se originan por el colapso o la disolución progresiva de las rocas calizas subyacentes cuando el agua de lluvia acidificada penetra en el terreno. La observación de estas dolinas permite comprender el lento proceso de desmantelamiento del relieve calcáreo y la evolución tectónica de las Sierras Subbéticas a lo largo de sucesivas eras geológicas.

Fósiles y un encinar

La compleja red hidrogeológica de la zona se traduce en el afloramiento espontáneo de manantiales y fuentes tradicionales que jalonan el cauce del río Bailón. Enclaves como la Fuente de la Mora, el Pilar de la Fuenfría o la Fuente de la Rebola ofrecen puntos de surgencia natural donde el agua acumulada en el subsuelo retorna a la superficie. Un punto de máximo interés hídrico se sitúa en el arroyo de la Fuenseca, en el paraje de Las Chorreras, donde durante la temporada de lluvias el agua discurre veloz entre los escalones rocosos formando vistosas cascadas. Las paredes de precipitación calcárea lucen un característico tono pardo debido al depósito continuado de carbonato cálcico disuelto por el torrente.

El trayecto culmina tras atravesar el tupido encinar conocido como El Bosque Encantado y descender finalmente hacia la hermosa villa blanca de Zuheros. Durante el itinerario, la presencia de fósiles de amonites incrustados en las rocas atestigua de forma permanente el origen marino de estas estructuras rocosas que hoy bordean el barranco. La combinación de poljés, gargantas, simas y manantiales convierte al sendero del río Bailón en una auténtica joya de la geografía andaluza y en un recurso pedagógico de incalculable valor. Recorrer este sendero cordobés constituye una experiencia enriquecedora donde la grandiosidad del paisaje kárstico se une al respeto por un patrimonio protegido de la naturaleza.

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