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Epidemia de intolerancia

"¿Ha supuesto Charlie Hebdo un revulsivo para la intolerancia?"

La intolerancia es una enfermedad social muy contagiosa: palabras, acciones y omisiones la transmiten con eficacia y, en ocasiones, con virulencia. El reciente atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo refleja en grado sumo, una vez más, hasta dónde pueden llegar los fanáticos intolerantes.

El papel que desempeñan las personas tolerantes para impedir que la enfermedad se transforme en epidemia no siempre está claro, aunque debería ser crucial, pues dos fuerzas de gran intensidad tiran de ellas en sentido opuesto: por un lado, la identificación con quienes comparten sus rasgos sociales y culturales ( homofilia); por otro, la tolerancia misma, que se supone que debe ir más allá de la identidad. El choque de ambas fuerzas provoca el dilema de la tolerancia: sobreponerse, cuando sea preciso, al enorme atractivo de la identidad, incluso al precio de ir en contra de los nuestros, o rebajar las exigencias de la tolerancia tolerando a nuestros intolerantes.

Las consecuencias de tolerar a los intolerantes son devastadoras y las ciencias sociales cuentan con modelos que nos ayudan a confirmarlo. Efectivamente, los modelos de simulación social nos permiten crear –o, mejor dicho, programar- sociedades artificiales en las que se puede reproducir la compleja interacción de los agentes sociales. Partiendo de la obra pionera de Thomas Schelling, estos modelos demuestran, por ejemplo, que no es necesario siquiera que la gente sea intolerante para que la sociedad se divida en grupos aislados, basta con que prefiera relacionarse solo con quienes comparten rasgos sociales.

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'Trucos de cocina' para reducir compuestos químicos perjudiciales

Todo empezó en un túnel en Suecia. Unos obreros trabajaban con un compuesto químico en la construcción de un túnel. Algo fue mal y quedaron expuestos a altas concentraciones de un compuesto cancerígeno. A raíz del accidente, realizaron análisis de sangre a los obreros y a la gente que vivía alrededor que no tenían relación con el túnel. Vieron que incluso los que no estuvieron relacionados con el accidente tenían este compuesto en sangre. ¿Cómo llegó ese compuesto llamado acrilamida a su organismo? La clave estaba en la dieta.

La acrilamida es un compuesto químico clasificado por la IARC (International Agency for Research on Cancer) como "probable cancerígeno en humanos" con numerosas aplicaciones. Se usa como acondicionador de suelos, en tratamientos de aguas residuales, cosmética, papel, industrias textiles e incluso como soporte en algunas técnicas de biología molecular. Tras el accidente del túnel, se empezó a sospechar de un origen de la acrilamida distinto al de la exposición ambiental. En 2002, se confirmó su presencia en alimentos calentados y la Comisión Europea publicó unas recomendaciones para reducir su formación en alimentos.

Pero no todos los alimentos cocinados contienen acrilamida. Aunque el hervido no forma este compuesto, el cocinado a altas temperaturas de alimentos ricos en carbohidratos como son las patatas o los cereales, sí lo hace. ¿Y por qué sólo en alimentos ricos en carbohidratos? Pues porque la acrilamida se forma a partir de la reacción de un aminoácido (asparagina) con azúcares a través de una reacción conocida como reacción de Maillard, responsable del color tostado y el aroma típico de cocinado, fritura y tostado de los alimentos. Pero no todas las condiciones de cocinado son idóneas para su formación. Cocinar alimentos ricos en azúcares, a altas temperaturas (superiores a 120ºC) y con escasa humedad, son el caldo de cultivo ideal para la formación de acrilamida.

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Malthus y la carrera agroalimentaria del siglo XXI

En el año 2050 se estima que habrá entre 9 y 10 mil millones de personas en el mundo

A finales del siglo XVIII, el clérigo-economista Robert Malthus observó que la diferencia entre el crecimiento exponencial de la población humana y el crecimiento lineal de la producción agrícola provocaría un desequilibrio poblacional con potenciales efectos catastróficos. En el siglo XXI sentimos de nuevo oscilar esta espada de Damocles sobre nuestras cabezas porque nunca antes el planeta ha alcanzado la desmesurada población actual y porque las previsiones demográficas la sitúan entre 9 y 10 mil millones en el año 2050. Carecemos actualmente de la capacidad agroalimentaria para abastecer a estos sobrecogedores números poblacionales, ni previsiblemente la tendremos entonces siguiendo las tendencias actuales.

A lo largo de la historia, cuatro factores principales, como jinetes apocalípticos, han contribuido a controlar la población humana: las enfermedades, las fieras, la guerra y el hambre. Este control logró que hasta el siglo XVIII la población humana no pasara de unos cientos de millones. Sin embargo, el hombre del siglo XX había controlado eficazmente las enfermedades, había exterminado casi en su totalidad a las fieras y creaba, tras dos catastróficas guerras mundiales, organizaciones internacionales que racionalizaran, aunque no evitaran, las guerras. Superados estos frenos, la población se disparó hasta las cotas actuales.

Pero la erradicación del hambre es otro problema diferente. Dado que la alimentación constituye una necesidad intrínseca, la obligación de mantener una dieta equilibrada se convierte en el gran problema a solucionar por cualquier sociedad. La expansión del hombre desde hace unos doce mil años se debe al descubrimiento independiente de la agricultura en varios lugares del mundo, lo que unido a unas benévolas condiciones ambientales, desarrolló las primeras florecientes civilizaciones de Asia, Europa y América.

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Metales, algas y fotosíntesis

Diatomeas marinas

Las diatomeas -una clase de algas unicelulares microscópicas conocidas también como Bacillariophyceae- constituyen uno de los grupos más abundantes y diversificados del fitoplancton oceánico, como podéis ver en la imagen de arriba. Actualmente se conocen más de 200 géneros de diatomeas, y se estima que hay alrededor de 100.000 especies extintas. Aproximadamente del 30 al 40 por ciento de los 45-50 mil millones de toneladas de materia orgánica generadas al año en los océanos proviene de la productividad fotosintética de las diatomeas.

A nivel mundial, la contribución de las diatomeas es equivalente a la de todos los bosques tropicales combinados. Además, debido a sus paredes de sílice, son los principales actores de la bomba biológica de carbono, ya que el hundimiento de las diatomeas muertas contribuye a secuestrar el carbono fijado en las profundidades del mar. Las aplicaciones biotecnológicas de las diatomeas incluyen su uso como fuente de fitoplacton en acuicultura, bioindicadores de la contaminación y la calidad del agua, así como aplicaciones nanotecnológicas, de química de materiales, producción de biocombustibles y alimentos para animales.

Complejos de membrana y transportadores solubles en fotosíntesis. Las flechas indican el flujo de electrones

Complejos de membrana y transportadores solubles en fotosíntesis. Las flechas indican el flujo de electrones

Las diatomeas llevan a cabo una fotosíntesis oxigénica similar a la de otras algas y plantas superiores, pero también a las de las cianobacterias, en la que los electrones excitados por la energía luminosa se transfieren a través de tres grandes complejos de proteínas de membrana (fotosistema II –PSII-, citocromo b6 f y fotosistema I –PSI-), conectados por transportadores móviles (quinonas y proteínas solubles) (Figura 2).

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¿Contaminan el mar los cosméticos solares?

Más de la mitad de la población mundial vive en zonas costeras (a una distancia de 60 km del mar), cantidad que estacionalmente se ve considerablemente incrementada debido al auge del turismo costero. Actualmente España ocupa tercer puesto como destino turístico mundial, siendo las zonas costeras el destino preferido de los visitantes.

En 2013 España marcó un nuevo record histórico de viajeros extranjeros con 60.7 millones de turistas y en el primer semestre de 2014 ya acumulaba un 7.3 % más visitas que en el mismo período del año anterior. A pesar del constante crecimiento del turismo costero, los conocimientos sobre el impacto de su actividad en el ecosistema marino es muy escaso.

Uno de estos impactos, y objeto de estudio por el equipo de investigación liderado por Antonio Tovar, es el relacionado con el uso de cosméticos diseñados para la protección de nuestra piel ante la exposición prolongada de la radiación ultravioleta (UV). La creciente preocupación y concienciación sobre los riesgos que provoca la radiación UV sobre nuestra piel se traduce en un incremento considerable del uso de protectores solares.

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¿Cómo mantenemos la organización de nuestro ADN?

Todos los núcleos de la células de nuestro cuerpo están rodeados por membranas nucleares. Podemos visualizarlas mediante proteínas fluorescentes y en este caso estamos observando la localización de las proteínas Emerina y LEM-2.

Las células de nuestro cuerpo se enfrentan al enorme reto de empaquetar cerca de 2 metros de ADN (es decir, nuestro genoma, el material genético que forma nuestros cromosomas) dentro de un pequeño compartimento llamado núcleo celular. El tamaño y forma del núcleo celular varía según los distintos tipos de células pero, en general, tiene menos de 10 micras (1/100 de un milímetro) de diámetro.

Para conseguir eso, el ADN tiene que sufrir una dramática compactación, lo que implica su enrollamiento alrededor de unas proteínas llamadas histonas, para formar la cromatina. Sin embargo, el reto no se reduce solo a empaquetar el ADN dentro del núcleo, sino también a hacerlo de manera que deje accesible regiones específicas del ADN, como pueden ser genes particulares, con el fin de ser expresados cuando sean requeridos.

Todas nuestras células, con unas pocas excepciones, contienen la misma información genética en su núcleo, sin embargo, en función del órgano al que pertenecen, las células se diferencian en la forma en que utilizan dicha información. Así pues, las células intestinales expresan genes que codifican la producción de enzimas necesarias para la adecuada digestión y absorción de nutrientes, mientras que las neuronas expresan genes que generan neurotransmisores que permiten la comunicación entre neuronas y desde las neuronas a los músculos. Estos son sólo dos ejemplos, sin embargo, la expresión de genes dependiendo del órgano es un hecho universal a lo largo de toda la vida de plantas y animales.

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¿Por qué resintonizamos la tele? Para dejar sitio al 4G

En el último fin de semana del pasado mes de octubre, la mayoría de las emisoras de televisión digital comenzaron a dejar de emitir en sus canales o frecuencias habituales. Por ese motivo, los distintos medios de comunicación –y muy especialmente las emisoras de televisión– se encargaron de " bombardearnos" con continuos avisos para que sintonizáramos de nuevo nuestros televisores, con el fin de poder volver a ver nuestros canales favoritos, dando cumplimiento así a un mandato de la Comisión Europea que han venido en llamar "liberación del dividendo digital". Con esta expresión con tintes mercantiles, han querido expresar el proceso por el cual, algunas emisoras de televisión deben dejar su "sitio" o frecuencia de emisión a la cuarta generación (4G) de telefonía móvil.

A la vista de esta noticia, muchas personas se estarán preguntando qué tendrá que ver su teléfono móvil con que no pueda ver su programa de televisión habitual si no ha sintonizado de nuevo su televisor. Para poder responder a esta pregunta, debemos comprender el concepto de espectro electromagnético, el cual trataremos de explicar en este artículo de una forma simple.

Todos los sistemas de comunicaciones que transmiten la información de forma inalámbrica, es decir, sin cables, lo hacen a través de señales eléctricas que se propagan en forma de ondas electromagnéticas. Estas ondas pueden descomponerse a su vez en un conjunto de ondas más pequeñas, que repiten la información contenida en ellas de una forma cíclica o periódica. La longitud de esos ciclos de onda que se repiten de forma periódica se le denomina longitud de onda, y a su magnitud inversa, frecuencia de la onda, la cual se mide en ciclos por segundos o hercios (y se representa por Hz) en honor al físico alemán Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894), quien descubrió la propagación de las ondas electromagnéticas.

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El océano desde el espacio

Imagen DEIMOS del estuario del Guadalquivir donde se aprecia la pluma de turbidez

Como vemos a diario en los telediarios, la teledetección forma parte de nuestras vidas, ya que cotidianamente vemos las imágenes de nubosidad captadas por los satélites meteorológicos que aparecen en los telediarios y que nos ayudan a entender y predecir las condiciones meteorológicas. Estos sensores a bordo de satélites, se envían al espacio por las diferentes agencias espaciales como pueden ser la NASA, ESA, etc … desde hace decenas de años. De hecho, la carrera espacial empezó en plena guerra frían con el lanzamiento del satélite Sputnik en 1957 por parte de los soviéticos. Seguidamente, la NASA lanzó en 1960 el primer satélite meteorológico TIROS- 1 para observación de la atmosfera y la superficie terrestre.

Desde entonces, numerosos sensores se han desarrollado para infinidad de aplicaciones, gracias al desarrollo tecnológico y digital que se ha producido durante todos estos años. De hecho, cada vez los sensores que se envían al espacio son más compactos, precisos y capaces de recibir y almacenar mayor cantidad de información, tanto de la atmosfera, la superficie terrestre y del océano. Es en este campo de la teledetección marina donde desarrollamos la investigación el grupo de Oceanografía de Ecosistemas del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía.

Las grandes ventajas que presentan estos sensores frente a las observaciones convencionales, como pueden ser las campañas oceanográficas, son la perspectiva panorámica y el carácter sinóptico de las imágenes captadas desde el espacio, así como la posibilidad de adquirir información de zonas remotas o de difícil acceso de los océanos. Además, esta captura es instantánea por lo que nos permite trabajar en tiempo cuasi-real, siendo de vital importancia su uso en la toma de decisiones en catástrofes naturales. Otra de las grandes ventajas de la teledetección es la toma de información de forma continua y repetitiva, lo que gracias a mantener este sistema en el tiempo, nos permite estudiar procesos a gran escala temporal como pueden ser los relacionados con el cambio climático.

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El CSIC cumple 75 años

Trabajo de campo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana.

El avance del conocimiento científico a lo largo de la Historia ha dado lugar a significativas innovaciones que han generado grandes cambios y beneficios para la Humanidad: comprender el origen y la evolución del planeta Tierra y del Universo, así como las funciones de la Naturaleza, nos ha proporcionado ideas y saberes que han ejercido una tremenda influencia en nuestra interacción con el medio natural, en la consolidación de nuestro pensamiento y en la organización de nuestra vida en sociedad.

Hoy, más que nunca y ante los grandes desafíos a los que nos enfrentamos, la Ciencia debe ser un bien común que tenga por fin último profundizar en el conocimiento de los fenómenos naturales y sociales y aportar sabiduría y soluciones en beneficio de todos. La conmemoración del 75 aniversario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas es una magnífica ocasión para recordar la trascendencia de la Ciencia en el avance social. El CSIC, con más de 14.000 personas trabajando, es el principal organismo de investigación de España y el tercero de Europa en tamaño e impacto, siendo la primera entidad generadora de patentes nacionales.

En el origen del CSIC está la herencia de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE 1907-1939), que fue creada por el Ministerio de Instrucción Pública en 1907 como parte del proyecto modernizador impulsado por la Institución Libre de Enseñanza. La JAE estuvo presidida por Santiago Ramón y Cajal. En 1939 se crea formalmente el CSIC con la vocación de su implantación en todo el territorio español y con el mandato de establecer una estrecha relación con el sector económico.

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De los indígenas del Amazonas... al biochar

Imagen de un sustrato de biochar

Un grupo de investigadores del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla, liderado por los doctores José María de la Rosa y Heike Knicker, han publicado recientemente un trabajo en la revista Science of the Total Environment, en el que describen las buenas expectativas de un material relativamente nuevo llamado " biochar" para su uso en agricultura.

El biochar es básicamente el producto de la alteración térmica de biomasa en ausencia de oxígeno, en un proceso conocido como pirólisis, en el que también se genera una mezcla de gases y aceites pesados que pueden ser utilizados como fuente de energía.

En realidad, los beneficios agronómicos de la aplicación de carbones vegetales como enmienda en suelos ya eran conocidos desde hace miles de años por los indígenas de la cuenca del Amazonas como parece indicar la existencia de grandes extensiones de terreno, llamadas " terra preta de Indio" en las que presumiblemente se utilizaban los restos de biomasa calcinada como medio de fertilización.

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