eldiario.es

Focos

Antón Baamonde

Antón Baamonde (Vilalba, 1959) es profesor de filosofía y escritor. Su campo es el ensayo filosófico y político. Su último libro es A Derrota de Galicia (2012). En castellano ha publicado El Laberinto y sus salidas (Ed. Tecnos), La Rosa sin por qué (Pre-textos) y el libro de entrevistas La reinvención de España. Ha sido colaborador, entre otros de La Voz de Galicia y El País.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 239

No se trata de Grecia, se trata de ti

Antes de nada: si la Unión Europea ha de ser salvada de las garras de esa jauría de neoliberales que sientan sus culos en Bruselas, los tratados europeos han de ser reformulados para que jamás sea posible lo que estamos viendo ante nuestros ojos: que se tire por la borda el Estado social sin que nadie sea responsable por ello.

Es necesario constitucionalizar el Estado de bienestar, impedir que la globalización y la innovación tecnológica cuestionen su núcleo, introducir límites bien definidos a la destrucción de derechos y a los procesos de privatización. Tiene que haber recursos legales para que implementar ciertas políticas sea castigado no solo por las urnas. Tal y como los comunistas estaban prohibidos en la antigua República Federal Alemana sin que nadie se rasgara las vestiduras, también el extremismo neoliberal, hoy con asiento en el BCE y otras instituciones europeas debe ser perseguido sin paños calientes.

Seguir leyendo »

El PP y el bumerán

En España no es que no haya habido una revolución triunfante jamás, es que las reformas han sido siempre de vuelo corto, gallináceas hasta para los gustos menos exigentes. Más allá de los méritos que se le puedan atribuir a la Santísima Transición -que los tuvo- es claro que fue planeada para que el cambio político no perturbase los intereses de las élites ni tampoco los de sus acólitos más menesterosos. La Ley de Amnistía fue concebida, sobre todo, para exonerar al régimen de sus pecados. Un ejemplo: Utrera Molina, ex-Secretario General del Movimiento, y suegro de Ruiz Gallardón, ahora reclamado por la justicia argentina, siguió tan campante con sus reflexiones falangistas y joseantonianas en La Razón Española, la revista de los inasequibles al desaliento. Fue una ley precavida nacida de un empate en la relación de fuerzas, que es lo que marcó el momento. Los franquistas sabían que la dictadura no podía perdurar, los demócratas que no tenían fuerza para imponer la ruptura. En esa equipotencia se resume el período.

Lo que se da en llamar la cultura de la Transición derivó de la imposibilidad en España de establecer un relato compartido. No sólo por el pluralismo nacional, que lo dificulta, sino porque el nuevo régimen sólo podía poner entre paréntesis un pasado, que no era, ni podía ser, común. España no es Francia, ni Alemania o Italia: aquí la guerra la ganaron los malos. Y no hubo ruptura posterior, como en Portugal. Ortega decidió que entre Cataluña y España lo que se imponía era la conllevancia: lo mismo valdría para España misma y su circunstancia. La Transición sólo podía ser posible si se ponía en sordina la tradición democrática y republicana y se pasaba con guante de seda por la oscura historia de la represión que, según algunas voces, parecería que no fue más allá del cachete cariñoso al niño que desobedece e importuna. Cuando nos despertamos, los franquistas seguían ahí. Así que hubo que marear la perdiz.

Seguir leyendo »

La guerra relámpago

Hay que tenerlo bien presente: la crisis económica es una oportunidad para deshacerse del estado social europeo. La verdadera estafa no radica en cómo se responde a una coyuntura. No es cómo salimos de la crisis lo que está sobre la mesa. Lo que la vasta conspiración de fondos de inversión, grandes bancos y empresas desean es acabar de una vez por todas con ese raro invento producto de la civilización europea y dos guerras mundiales: el estado del bienestar. Cuanto más pequeño sea, más grandes serán sus negocios. Que la gente sea infeliz, viva mal, sufra, enferme o muera, no es su problema. Al contrario: más dinero para la caja. Cabe que esa ofensiva haya nacido de una aplicación consciente de la doctrina del shock o cabe que, simplemente, se haya aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Pero el hecho es que estamos ante una transformación cósmica del mundo que conocimos. Nada volverá a ser igual. La disyuntiva es esta: o la democracia limita a los mercados, o los mercados arrasarán con la democracia tal y como la conocimos. Se podrá conservar, tal vez, su cáscara y su apariencia, pero la substancia, la capacidad de decisión acerca de en qué clase de país queremos vivir, se habrá perdido.

Seguir leyendo »

La alternativa socialdemócrata es Podemos

Nacionalización de bancos y grandes grupos industriales, quinta semana de vacaciones pagadas, retiro a los sesenta años, aumento de un 10% del salario mínimo, impuesto sobre las grandes fortunas, instauración de una renta básica... ¿Es el programa económico de Podemos? No, son algunas de las medidas tomadas por el gobierno de François Miterrand en el marco del Programa Común de la Izquierda entre los años 1981 y 1982. Desarrollo del Estado de Bienestar, gran protección social y contención del déficit mediante elevados impuestos, derecho a una Renta Básica, una distribución de la riqueza más equitativa, participación de los trabajadores en la gestión de las empresas ¿Podemos? No, medidas de Olof Palme en la Suecia de los años setenta.

Por supuesto, todo esto podría ser matizado. Los gobiernos posteriores de Mitterrand giraron al rigor –hoy diríamos la austeridad- después de Marzo de 1983 abandonando el Programa Común en un contexto de tremendos ataques al franco. Por supuesto, la realidad de la UE condiciona hoy toda política económica por parte de un Estado miembro. Más si la deuda alcanza el 100% del PIB. Pero enunciar aquellas medidas de gobierno es útil para mostrar hasta qué punto el campo de lo posible se ha ido reduciendo hasta niveles inverosímiles.

Seguir leyendo »

Mucha gente lo sabía

Hace dos años un grupo de opinantes en la prensa gallega fuimos invitados a una reunión con el presidente de NCG Banco, la entidad resultante de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova. En un cierto momento, José María Castellanos nos contó que la desaparecida Caixa Galicia había hecho reuniones del Consejo de Administración en lugares tan sugerentes, si la memoria no me engaña, como Valencia, Londres, Río de Janeiro o Venecia, entre otros emplazamientos exóticos. Es de suponer que, para darnos esa información, muestra de la alegría de la belle époque que acaba de morir, estaba mohíno y despechado con sus antecesores.

Ellos, por cierto, habían constituido el núcleo duro de una cierta élite del país. Sin el concurso de José Luis Méndez y Julio Gayoso no se movía una sola paja en Galicia. Un solo ejemplo: el fiasco de Pescanova es en gran medida un evento de la desaparición de Caixa Galicia y CaixaNova. Mientras existieron las caixas, las cuentas se iban cuadrando, pero sin la asistencia financiera debida a los amigos y socios la ficción se acabó. Lo mismo podría decirse de otras empresas a las que las dos cajas financiaban para constituir un entramado de intereses comunes y, más allá de ello, para mandar en Galicia. La libido dominandi de ciertos empresarios no se limitaba a sus empresas. Por supuesto, ni un solo periódico en Galicia quería ni enarcar una ceja ante sus aventuras y desventuras. Gayoso y Méndez fulgían como brillantes caballeros que llenaban con sus dones tanto los buches de los grandes pájaros como algunos menudos vientres menestrales.

Seguir leyendo »

El caos y la chapuza

En agosto de 2013, una coalición comandada por Estados Unidos, se planteó bombardear Siria para ayudar a los oponentes de Bashar el Asad, embarcados en una guerra que ha causado, según la ONU, más de 190.000 muertos. Esa entente fue disuadida por la Rusia de Putin. Hoy, los Estados Unidos lideran otra coalición para acabar con el Estado Islámico, una de las fuerzas que combatían al líder sirio. Para Siria en un año el enemigo se ha convertido en un aliado. La amenaza del EI, financiado por sunitas saudíes, como los talibanes, ha obrado el milagro. En este momento,  los kurdos de Kobane, una ciudad situada en la frontera de Siria con Turquía, otro país ahora en la melé, sufren la agresión del sanguinario califato.

Lo que sucede en esa área, la más explosiva para los intereses occidentales, debe de tener un significado, pero, ¿cuál? ¿Están los nuestros promoviendo el caos conscientemente, en virtud de algún plan oculto o se trata de pura incompetencia? Es una pregunta a la que no es fácil responder. Desde luego, la frivolidad y la estupidez juegan un papel en el mundo. Es cierto que la promoción del caos puede constituir el objeto de una política deliberada que tenga por fin mantener seguras las fuentes energéticas. Pero no deja de resultar chocante que la política exterior que provocó la muerte de centenares de miles de personas en Irak y descoyuntó el país intente promover acuerdos con Irán y sus aliados para detener el peligro del rabioso califato suní que tiene en Irak su epicentro y se extiende por Siria. Es un ejemplo de las aparentes incoherencias de la nueva política imperial.

Seguir leyendo »

'Há muita confusâo'

Hace ya muchos años, en el Bairro Alto lisboeta, un grupo de amigos decidimos ir a un local de moda. Eran los tiempos de la movida portuguesa, reflejo de la madrileña. También en Portugal querían ser modernos. El portero no era uno de estos cachimanes especialistas en artes marciales que se estilan ahora, sino una chica que nos miró de arriba abajo y que decidió en un santiamén que nuestro aspecto, modoso y aliñado, no era en absoluto apropiado para el Cafarnaúm que se reunía allí dentro. Así que, para negarnos la entrada, exclamó: "Mais, ¡há muita confusâo¡". Nos quedamos con un palmo de narices, pero lo dijo con mucha gracia y delicadeza. Al estilo portugués.

Cuento la anécdota porque supongo que algo parecido puede pasar ahora que parece que, según lo afirma el borrador político de Podemos, se abre una ventana de oportunidad para el cambio de régimen del 78. Lo dicen así, con cautela, no dando nada por seguro. Y, creo yo, con razón. Si la casta, las clases dominantes, los poderes fácticos y etcétera, etcétera –pónganle a esa gente el nombre que prefieran– se hace con el control de la situación dejaremos, una vez más, de ensayar novedades perniciosas y renovaremos, atribulados y con el rabo entre las piernas, el pacto constitucional en un sentido conservador, a la moda del país, dejando fuera, eso sí, como en la afamada discoteca lisboeta, a mucha gente incapaz de cumplir con los estándares. El horno neoliberal no está para bollos.

Seguir leyendo »

Un silogismo devastador

Aquellos que ya vamos teniendo años nos acordamos de cuando se produjo la implosión no de la URSS, sino, mucho antes, de los partidos comunistas del sur de Europa. A principios de los setenta, en la España franquista y el Portugal salazarista, esos dos partidos eran, con mucho, los más poderosos en el campo de la izquierda. No fue, sin embargo, la caída de las dictaduras respectivas lo que hizo desfondarse a esos dos partidos. Lo demuestra el hecho de que el PCI y el PCF eran también la fuerza dominante en la izquierda italiana y francesa. Berlinguer o Marchais eran los prohombres. Eran incluso más: leyendas vivientes para sus bases militantes.

Lo que se produjo a mediados de los setenta en todo el mundo fue un cambio de ciclo. Los dorados sesenta, aquella amalgama de Beatles y Beach Boys, la contracultura y el SDS, los Black Panthers y el FLN argelino, por alguna extraña razón dejaron tras de sí las bases de una revolución conservadora. Por decirlo como un lema: es como si, después de Mayo del 68, el capital le hubiese perdido el miedo al trabajo. O tal vez, simplemente, en aquellos años hincó sus pies a tierra el deseo de revancha de una derecha que sentía que las cosas se escapaban de sus manos. El miedo a la revolución desapareció y las máximas de Reagan –"el Estado es el problema, no la solución"– y Margaret Thatcher –"no existe la sociedad, sólo los individuos"– empezaron a extenderse como un virus para el que no existía antídoto.

Seguir leyendo »

¡Bendito Caos!

Lo que sabemos del sistema de partidos es que está en estado magmático. Según el último informe del CIS sólo el 50,5 % de los votantes del PP en 2011 tiene claro que repetiría el sufragio. El PSOE sólo logra la fidelidad  del 38% de los votantes. Las cifras que daba el  CIS en enero eran, respectivamente, del 39,4% para el PP, y del 40% para el PSOE.

Aun suponiendo que la cocina no haya quemado la carne, con esa tendencia las próximas municipales y autonómicas van a ser el comienzo de un giro y tal vez de un ciclo. Habrá un antes y un después. Eso no prejuzga la dirección del viento. Puede que a la Segunda Restauración le pase lo que a la primera: que renquee unos lustros antes de agotarse. O puede que el ciclo combinado de municipales, autonómicas y generales provoque una erupción de magnitud incalculable. Que emerja un paisaje nuevo. No es imposible.

Seguir leyendo »

Ganar tiempo

Fue la catástrofe del 98 la que marcó el inicio del fin de la segunda restauración borbónica. Aquello había sido negro sobre blanco, el fracaso de una potencia colonial pero, sin embargo, fue leída en un marco historicista y nacionalista como una crisis existencial que ponía en cuestión el ser de España. Es importante hacer notar que las élites españolas sabían desde hace tiempo que la guerra de Cuba no podía ser ganada. Pero prefirieron seguir adelante con ella antes de asumir la crisis del régimen que se derivaría de ese reconocimiento.

No les salió mal la jugada. La Restauración siguió renqueando. Después vino la favorable coyuntura para las exportaciones que supuso la neutralidad en la guerra del 14. Eso les dió más tiempo todavía. Otra guerra colonial, la de Marruecos, abocó a la Dictadura de Primo de Rivera. Después, ya agotados todos los recursos del régimen, vino la ruptura. La Generación del 14 –Ortega y Gasset, Marañón, Azaña- tomó el relevo. Fue el momento de la Segunda República. Francia era el modelo a seguir, por tanto lo que se buscaba no era una revolución sino una modernización burguesa. Pero en España eso parecía demasiado.

Seguir leyendo »