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Juan Miguel Sans

Economista, especialista en planificación y estrategia

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 21

Las crisis económicas en el cine. Una mirada cada vez más oscura

El cine es una manifestación artística que siempre ha estado muy apegada a la actualidad. No es de extrañar que, cuando todo el entramado económico se derrumba, los cineastas traten de indagar en las profundidades de la crisis, sus causas y consecuencias. Así pasó con la crisis del 29, con la crisis del petróleo de los años setenta y ochenta y así está pasando ahora con la crisis financiera desencadenada tras la caída de Lehman Brothers. Sin embargo, la mirada y las respuestas que los cineastas han dado a cada una de estas crisis -formal y argumentalmente- han sido muy distintas.

Los cineastas de los años treinta reaccionaron pronto y decidieron dar testimonio de lo que estaban viendo a su alrededor. Son muchas las secuencias e imágenes del cine de aquella época que se han quedado grabadas en la memoria colectiva de varias generaciones. Por ejemplo, la secuencia final de El pan nuestro de cada día (King Vidor, 1934), donde el esfuerzo colectivo de toda una comunidad consigue construir una zanja para que el agua llegue a los secos maizales. Una secuencia inspirada en el mejor cine soviético de Eisenstein y que explotaba todas las posibilidades expresivas del montaje, la composición del plano y el sonido. Nos siguen asombrando la originalidad y creatividad de las secuencias en la fordiana (de Henry Ford) cadena de producción de Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936). Seguimos emocionándonos con la última media hora de Dejad paso al mañana (Leo McCarey, 1937), donde una pareja de ancianos incapaces de hacer frente a la hipoteca de su casa y de convivir con sus hijos, se despiden sabiendo que nunca más volverán a encontrarse. La eficacia de ese momento de Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941), donde los presos de un penal, abatidos y encadenados no pueden dejar de reír ante una película de Mickey Mouse, muestra lo mejor de la capacidad del cine clásico para resumir una idea en una imagen. Las uvas de la ira (John Ford, 1940), basada en la novela de John Steinbeck del mismo título, sigue siendo la cinta de referencia sobre la Gran Depresión. Como señala Schlomo Sand ( El siglo XX en la pantalla), el contraste entre la novela radical de Steinbeck y la mirada conservadora de Ford hacen de la huida de los Oakies (ciudadanos de Oklahoma) al paraíso perdido de California un film excepcional y de una rara (e incómoda) profundidad.

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Europa se debate entre ser o no ser

He leído con atención, y algo de desolación, el denominado  Libro Blanco sobre el futuro de Europa presentado por Jean-Claude Juncker en su calidad de presidente de la Comisión Europea. El documento Juncker presenta -después de un preámbulo con pretensiones de diagnóstico en formato Reader Digest- cinco posibles escenarios para el futuro de la Unión Europea. Un primer escenario plantea seguir como hasta ahora. El segundo sugiere concentrarse solo en el mercado interior. El tercero, que parece que es la opción preferida por sus impulsores ideológicos, propone construir una Europa a dos velocidades. El cuarto formula hacer menos, pero más eficazmente. Finalmente, un último escenario, improbable en las circunstancias actuales, supondría el salto federalista para formar los Estados Unidos de Europa.

La Europa a varias velocidades no es nada nuevo. De hecho, la Unión Europea lleva funcionando así muchos años. En el euro solo participan 19 de los 27 estados miembros. En el espacio Schengen participan 22 países de la UE, más otros cuatro que no forman parte de la Unión. Incluso el tratado prevé un procedimiento de mayorías reforzadas que de alguna manera consagra esta Europa de geometría variable. Es tan proceloso este procedimiento que, en los últimos años, el Consejo Europeo ha optado por firmar acuerdos o tratados intergubernamentales con el objeto de ser incorporados con posterioridad al acervo europeo. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), un instrumento para gestionar las crisis financieras de la zona euro, o el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (Pacto Fiscal) son buenos ejemplos de ello.

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17 y medio

Hablemos de coyuntura. Estamos a mediados del ejercicio y es hora de hacer balance. Parece, y así coinciden todos los analistas, que la economía española va bien. Otros pueden sospechar –con motivos más que justificados-  que economistas y gobierno nos están escondiendo, como buenos tahúres, las cartas. Veamos.

La economía española creció en el primer trimestre del año a una tasa del 0,8 % y en el segundo trimestre – a expensas que lo confirme la Contabilidad Nacional Trimestral del INE-  al 0,9 %. La tasa de crecimiento anual se encuentra en el entorno del 3 %, por encima de las previsiones iniciales del gobierno y de todos los pronósticos de los gabinetes de análisis de la OCDE, el FMI, la UE o el propio Banco de España. Este crecimiento de la economía se puede analizar desde dos ópticas diferentes. Desde el lado de la demanda y de la oferta.

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La larga marcha de China hacia la hegemonía mundial

La apuesta del presidente Trump por America first supone renunciar a jugar su rol de potencia mundial. A pesar de las bravuconadas militaristas, el presupuesto presentado recientemente por el presidente norteamericano supone un repliegue del liderazgo mundial en las instituciones internacionales. No hay, por el momento, un marco alternativo sólido. China se presenta ahora como líder mundial y adalid del libre comercio, la globalización y la lucha contra el cambio climático. Una hábil maniobra, pero, a mi juicio, demasiado prematura.

Es cierto que los dirigentes chinos están actuando con mucha inteligencia en muy diversos campos. La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) y del Nuevo Banco de Desarrollo, en el marco de los BRICS, son un ejemplo. La apuesta en infraestructuras de comunicación, transporte y energía para desarrollar una nueva Ruta de la Seda que conecte China con Europa es otro buen ejemplo, así como la propuesta de creación de la Asociación Económica Integral Regional (RECP en sus siglas en inglés), un acuerdo comercial de envergadura entre los países del sudeste asiático (ASEAN) y algunos otros estados del Pacífico con los que esta organización ya tenía acuerdos (Australia, China, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda). La ratificación del Acuerdo de Paris sobre el cambio climático por el parlamento chino sigue la estela de esta política. En fin, la apuesta decidida por la inversión exterior en todo el mundo y, muy especialmente, en países con reservas de materias primas y con posicionamiento marítimo estratégico (puertos), así como en Europa y Estados Unidos, forma parte de esta política.

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El arte de titular

Con estas líneas quiero rendir tributo a aquellos títulos de libros o películas que alguna vez me han seducido. No quiere decir que sean los mejores libros, ni las mejores películas. Simplemente son buenos títulos. Títulos que nos atrapan, nos incitan a leer una novela o ver una película. Títulos con un poco de misterio, que generan la suficiente intriga como para preguntarnos qué viene detrás. En ocasiones nos provocan un impulso. Por ejemplo, ¿quién puede resistirse a leer un libro que lleve por título Oscuro como la tumba donde yace mi amigo de Malcolm Lowry? Mi preferido es, sin embargo, La soledad del corredor de fondo de Peter Hanke. ¿Quién no se ha sentido alguna vez así?

La literatura latinoamericana tiene auténticos especialistas. Manuel Puig a la cabeza. El beso de la mujer araña, Pubis angelical o Boquitas pintadas son ejemplos de títulos que a uno le hubiera gustado siempre que se le hubieran ocurrido. Citar a García Márquez puede parecer un recurso fácil, pero aceptemos que era un maestro. Al fin y al cabo, era una cuestión de oficio. Crónica de una muerte anunciada es quizás el scoop más reiterado en los medios de comunicación, al menos cada vez que ocurre algo que todo el mundo parecía esperar. El general en su laberinto, Cien años de soledad o El coronel no tiene quien le escriba, por citar sólo tres ejemplos, hemos de reconocer que no están nada mal. Borges también se aplicaba. El mejor de los suyos posiblemente sea Historia Universal de la Infamia. Por su parte, El Aleph remite a aquel punto que contiene todos los puntos. Más o menos lo mismo que le dice Clint Eastwood a Meryl Streep en Los puentes de Madison No sé si voy a poder concentrar toda mi vida de aquí al viernes. Sigamos con los autores argentinos. Julio Cortázar era también muy hábil en estos menesteres. Historias de cronopios y fama, ¿qué es eso de cronopios? Queremos tanto a Glenda, otro título manoseado en cientos de reportajes periodísticos. Ricardo Pligia tituló Blanco Nocturno uno de sus libros, blanco nocturno, ¿de qué puede ir esa novela?

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El pragmatismo como valor político

Tras los shocks petrolíferos de 1973 y 1979, con la llegada casi sucesiva al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos, el pensamiento neoliberal ganó por goleada la batalla ideológica a la socialdemocracia, que tuvo que batirse en retirada. Desde entonces, ésta no ha conseguido mantener un relato ideológico alternativo suficientemente armado. Se acabaron así casi 40 años de reinado keynesiano. Mitterrand, después de comprobar el fracaso de su primer programa común con los comunistas, Blair o Felipe González han pasado en Europa como buenos- en ocasiones muy buenos- modernizadores o gestores, pero no consiguieron marcar las fronteras ideológicas con nitidez. Quizás solamente Jacques Delors tuvo la oportunidad desde la UE de marcar perfil ideológico, pero, lamentablemente, se trató de un breve interregno. No sorprende pues que en el imaginario de la opinión pública haya calado la convicción de que no hay diferencias entre “derechas” e “izquierdas

La llegada de la crisis financiera de 2008 –convertida luego en crisis de modelo– causó una fuerte conmoción en economistas y políticos. Todos recordamos a Sarkozy anunciar -no sin cierto histrionismo-  que había que refundar el capitalismo. Los más optimistas llegaron a pensar que volvían las políticas fiscales y monetarias activas. Los más cautos pensábamos que quizás se podrían mejorar y dar nueva carta de naturaleza a los instrumentos de control y supervisión que tan estrepitosamente habían fracasado. Una forma de entonar el mea culpa por los desmanes ocasionados por el capitalismo desregulado. Hasta en eso nos equivocábamos.

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Invertir en mujeres artistas es una buena idea

La historia del arte ha silenciado la obra de las mujeres artistas. Lo sabemos desde el pionero artículo de 1971 de Linda Nochlin " ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?" Como puede suponer el lector, haberlas las ha habido, simplemente hay que saber buscarlas. Ya sé que ofrecer una lista de mujeres artistas es una obscenidad porque siempre acaban brillando más las ausencias que las presencias, así que permítaseme simplemente compartir con ustedes (siempre es algo placentero compartir una experiencia artística) algunos ejemplos de mujeres artistas que, antes del siglo XX, se abrieron un lugar en ese canon alternativo.

Artemisia Gentileschi (1593-1654) es una artista ampliamente reivindicada por el movimiento feminista. Susana y los viejos, Judith degollando a Holofermes y Autorretrato como alegoría de la pintura son algunos de sus cuadros más conocidos . Hija del pintor Orazio Gentileschi, de la escuela de Caravaggio, fue violada por el también pintor Agostino Tassi y denunciada por su padre ante la Inquisición.  Ante este tribunal tuvo que demostrar su inocencia tras todo tipo de torturas. Triunfó luego en Florencia, Nápoles y Roma, con una breve estancia en Londres. El autorretrato al que hemos hecho mención se encuentra de hecho en la Colección Windsor.  Para la historia del arte, por méritos propios, esta artista ya no es la hija del pintor Orazio Gentileshi, sino éste es el padre de Artemisa Gentileshi. Por cierto, acaba de celebrarse una exposición de esta artista en el Museo de Roma, en el Palacio Braschi, donde se la destaca como lo que fue, al margen de su atribulada vida, una gran artista.

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Johnny Taxi le espera en el aeropuerto

El coche eléctrico está llamando a la puerta y su implantación va a suponer una revolución en la industria y en nuestra forma de vida. Hay quienes auguran que está revolución puede producirse en cinco o 10 años. Otros piensan que hay todavía importantes barreras tecnológicas por superar y resistencias de sectores muy poderosos. El petrolero, por ejemplo. Todo indica, sin embargo, que una vez que despegue su éxito puede ser arrollador y que en el horizonte 2030, probablemente antes, ya será una industria plenamente consolidada en el ámbito urbano. En algunos nichos, el coche eléctrico ya es una realidad. Por ejemplo, todo lo relacionado con el transporte público o las flotas de coches de algunas compañías como las relacionadas con la limpieza de las ciudades y otros servicios públicos como correos.

Algunos expertos vaticinan que en 2025 un 25% de las nuevas matriculaciones en Europa serán coches eléctricos. Ahora solo lo son el 2%. En términos de stock este no llega al 0,1 %. Muy poco para afectar al consumo de transporte. El trecho por recorrer es pues muy largo. Alcanzar un porcentaje del 25% significaría duplicar año a año las ventas.

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En líneas generales...

En un documento oficial muy reciente en relación con el presupuesto previsto para 2017, la Comisión Europea ha declarado que el Gobierno español cumple “en líneas generales” con los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y las normas de disciplina fiscal pactadas con las instituciones europeas. " Broadly" es la expresión concreta que utiliza la Comisión.

¿Qué significa una fórmula tan ambigua como "en líneas generales"?

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Las consecuencias económicas de votar a Trump

Hay quienes pensaban que Trump una vez alcanzado el poder iba a flexibilizar sus postulados iniciales. Así lo pareció en sus primeras declaraciones públicas y tras la visita al Presidente Obama. Sin embargo, yo no confiaba mucho en esta tesis. Trump tiene una ideología propia manifestada en muchas ocasiones y es esta ideología la que marcará el rumbo de su política. Todos sus nombramientos confirman esta teoría. No creo tampoco, como opinan otros, que dominando el partido republicano las dos Cámaras del Congreso (Cámara de Representantes y Senado) vayan a funcionar los contrapoderes (públicos y privados) como elemento estabilizador de su política. Así que parece oportuno plantearse cuáles pueden ser las previsibles consecuencias de la política económica de Trump.

Mi tesis es que precisamente los que le han votado- clase blanca trabajadora de los cinturones industriales de Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin- van a ser los más perjudicados con su política. Trump se va a embarcar en una política de reducción de impuestos (Renta y Sociedades) e incremento del gasto militar e infraestructuras que- recordando los peores tiempos de la Reaganomics cuando se puso en marcha una iniciativa que se llamó popularmente la guerra de las galaxias- va a desembocar en un incremento del déficit público y de la inflación. Ante el riesgo de subida de precios, Trump impulsará una política de incremento de tipos de interés, en conflicto con la presidenta de la Fed, lo que provocará dificultades de financiación para nuevos proyectos de inversión. Los tipos de interés subirán, el Dow Jones escalará rápidamente, los capitales del exterior acudirán a EE.UU. para disfrutar de estas rentabilidades y el dólar se apreciará. Las exportaciones se resentirán y de nuevo la actividad económica se ralentizará. En definitiva, más paro, en una economía que estaba prácticamente en una situación de pleno empleo.

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