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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Un incierto futuro económico

Vista de una gasolinera

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Los datos relativos a la economía española de 2021 son fáciles de resumir. Un crecimiento del PIB del 5%, por debajo de las primeras previsiones pero por encima de las expectativas posteriores que arrastraban el impacto de un mal principio de año. Un buen comportamiento del mercado de trabajo, con una creación del empleo de un 4,3%. Asimismo, las exportaciones se comportaron bien, con un crecimiento del 21,2%. Exportaciones y empleo se situaron en cifras superiores a los datos previos a la pandemia. El déficit público (7% del PIB) y la deuda de las administraciones públicas (118,7 % del PIB), aunque elevados para los estándares de la economía española, no han generado problemas de control monetario, ni fiscal.

El único borrón del comportamiento de la economía española es la inflación, con un crecimiento del 6,5% (en febrero la tasa interanual alcanzó el 7,4%). Aunque nos han intentado tranquilizar argumentando que la inflación subyacente está en niveles bajos y controlables, da la sensación de que se trata de un problema más estructural y que viene para quedarse un tiempo. Tendremos que acostumbramos a convivir con ella: pérdida del poder adquisitivo de las rentas, subida tipos de interés, … En este marco, un nuevo pacto, al igual que el realizado para la reforma del mercado de trabajo, pero ahora relativo a la política de rentas y ya sin la presencia del Gobierno, contribuiría a despejar incertidumbres y aclarar el panorama económico.

Habituados como estábamos a mercados muy rígidos, la primera sorpresa de esta evolución ha sido la flexibilidad de la economía española. Los mercados de trabajo, capitales, y bienes y servicios, han respondido pronto y se han adaptado rápidamente a cada nueva circunstancia. Es verdad que a ello han ayudado las medidas implantadas desde las diferentes administraciones públicas: ERTE, créditos ICO, ayudas y subvenciones al sector hostelero y turístico, política monetaria laxa con bajos tipos de interés, …

El Gobierno prevé un crecimiento del PIB para 2022 del 7%. El resto de las instituciones públicas (UE) y privadas (Funcas) sitúan este crecimiento en niveles inferiores, próximos a 5,6%. Lograr estos resultados requerirán la recuperación del consumo privado y la reactivación del turismo internacional, ambos mal parados en 2021 por efecto de la pandemia, así como una gestión eficiente de los fondos Next Generation procedentes de la Unión Europea que contribuyan a transformar realmente el aparato productivo y no solo a paliar los agujeros de las arcas públicas.

Los mayores riesgos vienen, sin embargo, de un escenario económico y político internacional lleno de incertidumbres, es decir de variables exógenas que no controlamos y sobre las que no podemos intervenir y puedan trastocar estos pronósticos. Los cuellos de botella relacionados con los suministros seguirán impactando en la industria, especialmente a algunos sectores como automoción, electrónica, química, etc. Seguimos expuestos también a que surjan nuevos brotes de la COVID-19 y vuelva a paralizar la economía, especialmente en el sector servicios.

Lo más relevante, sin embargo, es el violento estallido del conflicto armado en Ucrania que va a ocasionar problemas de abastecimiento de gas, petróleo y materias primas en Europa, y ya está haciendo tambalear las bolsas de todo el mundo. La invasión de Ucrania retrasará sin duda la recuperación económica en Europa y España. La inflación se mantendrá en niveles elevados y planteará un conflicto de intereses en los bancos centrales (BCE y Reserva Federal en EEUU) que tendrán que verse obligados a alargar su política de facilidades financieras. Algunas industrias intensivas en energía pueden verse seriamente afectadas. La Unión Europea deberá acelerar su estrategia de diversificación energética e inversión en energías renovables. Se incrementarán los actuales problemas de suministros. Es difícil, sin embargo, hacer vaticinios sobre el impacto real y duración de una guerra que está muy cerca de nuestras fronteras y que nos remite a tiempos que creíamos olvidados. Hay la sensación, entre muchos analistas, de que la economía norteamericana sorteará bastante mejor que la europea este conflicto. Con las subidas del precio del gas, sus explotaciones volverán a ser rentables, sus empresas tecnológicas y financieras también pueden salir fortalecidas y, no digamos nada de su industria armamentística. La guerra en Ucrania puede ser un buen negocio para la economía estadounidense.

¿Qué se puede hacer en España? Existe bastante consenso entre los expertos sobre el diagnóstico y los desafíos de la economía española. Algunos de éstos se recogen en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que el Gobierno envió en su momento a Bruselas: impulso de la innovación y la tecnología, desarrollo de la formación y conocimiento, digitalización del tejido empresarial, impulso de las energías renovables, ... entre otros. Quizás, el mayor escollo está en la modernización del sistema fiscal, donde la distancia es muy grande entre lo que creen que lo mejor es bajar impuestos y eliminar algunos y los que opinan que hay que subirlos e introducir otros nuevos. En cualquier caso, la reforma fiscal -un melón que nunca se ha querido abrir- parece inevitable.

Una vez acordadas estas prioridades, y con un margen presupuestario que cuenta por el momento con el visto bueno de las autoridades europeas, lo mejor es que las instituciones funcionen y mejoren su rendimiento: el sector público, la universidad, la justicia, la sanidad, el sistema financiero, … Sería muy conveniente tener un buen sistema de control, seguimiento y evaluación del empleo de los recursos públicos y su impacto en la economía real, y más concretamente de los fondos europeos que están por llegar. No se trata de que los recursos lleguen a su destino, esto se da por supuesto, sino que contribuyan a los objetivos para los que están destinados.

En resumen, hay muchos nubarrones, pero también algún claro. Todo está condicionado a que el conflicto en Ucrania no se extienda a otros países y se enquiste en el tiempo. Si efectivamente se enquistara, y por desgracia hay indicios de que así puede ser, se tendrán que tomar algunas decisiones más drásticas como un incremento del presupuesto de defensa, un aumento de reservas estratégicas (energía, materias primas, semielaborados, material sanitario…), y, como ya está advirtiendo Bruselas, con la disculpa mal traída de que se puede catalogar como energía verde, recurriendo a la energía nuclear. Financiar todo esto puede conducirnos a más inflación, más endeudamiento, más impuestos y menor crecimiento del previsto. ¿Suena catastrofista? Las imágenes que llegan desde Kiev y Járkov no animan a ser optimistas.

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