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Juan Miguel Sans

Economista, especialista en planificación y estrategia

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El bosque de Birnam se nos viene encima y la clase dirigente no lo ve

En la pasada edición del Foro Económico Mundial de Davos, el FMI presentó sus proyecciones para la economía mundial. Esta institución anunció que la economía mundial había crecido un 3,7%  en 2017, por encima de las previsiones iniciales. Un crecimiento generalizado encabezado – sorpresivamente, dice el informe del FMI- por Europa y Asia. También reveló que las proyecciones para 2018 han sido revisadas al alza en 0,2 puntos, a un 3,9%. En sentido contrario, el FMI estimaba que la economía española crecería un 2,4%, una décima menos de lo previsto inicialmente, por la incertidumbre política generada por la crisis catalana. En palabras del FMI, políticamente menos comprometidas, "incertidumbre política en la confianza y la demanda". La Comisión Europea sitúa este crecimiento en el 2,6%.

¿Qué explica este comportamiento de la economía mundial? Hay varios factores. A mi juicio, el más importante, la gestión de la política monetaria que se ha hecho desde la FED (conocida como la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos) y el BCE (el banco central de los 19 países de la Unión Europea que han adoptado el euro). Janet Yellen hasta hace pocos días presidenta de la Reserva Federal y Mario Draghi han hecho bien su trabajo. Molesta, a derecha e izquierda, que estas instituciones estén presididas por personas independientes. La candidatura del ministro Guindos a un puesto en el consejo del BCE es una mala idea, precisamente por su calidad de ministro.

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Catalexit, un mal negocio

No me gusta convencer a nadie con argumentos que conllevan amenazas apocalípticas. Tampoco me gusta menospreciar los argumentos de aquellos que no piensan como tú.  Así que pasemos a ordenar las ideas sobre las consecuencias económicas del Catalexit.

Lo primero que habría que decir es que detrás del independentismo están economistas de gran prestigio internacional. Entre otros, Andreu Mas-Collell o Xabier Sala-i-Martín, profesores de importantes universidades norteamericanas o los del denominado Colectivo Wilson, impulsado también por el catedrático de Harvard, Pol Antràs. No hay que minusvalorar sus opiniones, aunque presumamos que están empañadas por premisas ideológicas.

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¿Qué pasa con la industria vasca?

Este verano nos hemos despertado con noticias de empresas industriales, algunas muy conocidas, con graves dificultades, que ponen en cuestión su continuidad y el empleo asociada a las mismas. Es el caso de Edesa Industrial (antigua Fagor Electrodomésticos), Muebles Xey (fabricante de muebles de cocina y baño),  Vicrila (especializada en la producción de vidrio de mesa), Cel (fabricante de pasta y papel tisú), General Electric (fabricante de generadores para plantas hidroeléctricas), BSH (la antigua Ufesa, fabricante de planchas en el sector de los electrodomésticos), STS -SERT (empresa siderúrgica de tubo soldado), Ingemar (dedicada a la transformación, distribución y comercialización de granito y mármoles), Ofita (orientada a fabricar  mobiliario de oficina) o Construcciones Navales del Norte (un astillero de Sestao más conocido como La Naval, privatizado por la SEPI en 2006). Ahora se anuncian también ajustes en Siemens – Gamesa que todavía no sabemos cómo nos afectará.

La pregunta evidente que, tanto el Lehendakari Urkullu, como la consejera Arantza Tapia, se apresuraron a contestar era si nos encontramos ante situaciones concretas y aisladas o ante problemas más estructurales. Ambos coincidieron en recalcar que el conjunto de la industria vasca está creciendo y tiene buenas perspectivas.

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Octubre rojo en el cine o cómo el no a la guerra llevó a Lenin al poder

Aviso a navegantes. Este no es un artículo sobre el cine soviético. Es un artículo sobre cómo ha tratado el cine la revolución de octubre de 1917, sus prolegómenos y sus derroteros. Así que empecemos por el contexto.

Rusia era un país muy extenso, muy poblado y esencialmente agrario. Un país con 175 millones de habitantes y más del 80 % de su producción proveniente del sector agrícola. Un país donde la emancipación de los siervos (en otras palabras, la supresión de la esclavitud) se produjo en una fecha tan tardía como 1861, lo que por otra parte no mejoró las condiciones de vida del campesinado. Probablemente, a corto plazo las empeoró.

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Las crisis económicas en el cine. Una mirada cada vez más oscura

El cine es una manifestación artística que siempre ha estado muy apegada a la actualidad. No es de extrañar que, cuando todo el entramado económico se derrumba, los cineastas traten de indagar en las profundidades de la crisis, sus causas y consecuencias. Así pasó con la crisis del 29, con la crisis del petróleo de los años setenta y ochenta y así está pasando ahora con la crisis financiera desencadenada tras la caída de Lehman Brothers. Sin embargo, la mirada y las respuestas que los cineastas han dado a cada una de estas crisis -formal y argumentalmente- han sido muy distintas.

Los cineastas de los años treinta reaccionaron pronto y decidieron dar testimonio de lo que estaban viendo a su alrededor. Son muchas las secuencias e imágenes del cine de aquella época que se han quedado grabadas en la memoria colectiva de varias generaciones. Por ejemplo, la secuencia final de El pan nuestro de cada día (King Vidor, 1934), donde el esfuerzo colectivo de toda una comunidad consigue construir una zanja para que el agua llegue a los secos maizales. Una secuencia inspirada en el mejor cine soviético de Eisenstein y que explotaba todas las posibilidades expresivas del montaje, la composición del plano y el sonido. Nos siguen asombrando la originalidad y creatividad de las secuencias en la fordiana (de Henry Ford) cadena de producción de Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936). Seguimos emocionándonos con la última media hora de Dejad paso al mañana (Leo McCarey, 1937), donde una pareja de ancianos incapaces de hacer frente a la hipoteca de su casa y de convivir con sus hijos, se despiden sabiendo que nunca más volverán a encontrarse. La eficacia de ese momento de Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941), donde los presos de un penal, abatidos y encadenados no pueden dejar de reír ante una película de Mickey Mouse, muestra lo mejor de la capacidad del cine clásico para resumir una idea en una imagen. Las uvas de la ira (John Ford, 1940), basada en la novela de John Steinbeck del mismo título, sigue siendo la cinta de referencia sobre la Gran Depresión. Como señala Schlomo Sand ( El siglo XX en la pantalla), el contraste entre la novela radical de Steinbeck y la mirada conservadora de Ford hacen de la huida de los Oakies (ciudadanos de Oklahoma) al paraíso perdido de California un film excepcional y de una rara (e incómoda) profundidad.

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Europa se debate entre ser o no ser

He leído con atención, y algo de desolación, el denominado  Libro Blanco sobre el futuro de Europa presentado por Jean-Claude Juncker en su calidad de presidente de la Comisión Europea. El documento Juncker presenta -después de un preámbulo con pretensiones de diagnóstico en formato Reader Digest- cinco posibles escenarios para el futuro de la Unión Europea. Un primer escenario plantea seguir como hasta ahora. El segundo sugiere concentrarse solo en el mercado interior. El tercero, que parece que es la opción preferida por sus impulsores ideológicos, propone construir una Europa a dos velocidades. El cuarto formula hacer menos, pero más eficazmente. Finalmente, un último escenario, improbable en las circunstancias actuales, supondría el salto federalista para formar los Estados Unidos de Europa.

La Europa a varias velocidades no es nada nuevo. De hecho, la Unión Europea lleva funcionando así muchos años. En el euro solo participan 19 de los 27 estados miembros. En el espacio Schengen participan 22 países de la UE, más otros cuatro que no forman parte de la Unión. Incluso el tratado prevé un procedimiento de mayorías reforzadas que de alguna manera consagra esta Europa de geometría variable. Es tan proceloso este procedimiento que, en los últimos años, el Consejo Europeo ha optado por firmar acuerdos o tratados intergubernamentales con el objeto de ser incorporados con posterioridad al acervo europeo. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), un instrumento para gestionar las crisis financieras de la zona euro, o el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (Pacto Fiscal) son buenos ejemplos de ello.

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17 y medio

Hablemos de coyuntura. Estamos a mediados del ejercicio y es hora de hacer balance. Parece, y así coinciden todos los analistas, que la economía española va bien. Otros pueden sospechar –con motivos más que justificados-  que economistas y gobierno nos están escondiendo, como buenos tahúres, las cartas. Veamos.

La economía española creció en el primer trimestre del año a una tasa del 0,8 % y en el segundo trimestre – a expensas que lo confirme la Contabilidad Nacional Trimestral del INE-  al 0,9 %. La tasa de crecimiento anual se encuentra en el entorno del 3 %, por encima de las previsiones iniciales del gobierno y de todos los pronósticos de los gabinetes de análisis de la OCDE, el FMI, la UE o el propio Banco de España. Este crecimiento de la economía se puede analizar desde dos ópticas diferentes. Desde el lado de la demanda y de la oferta.

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La larga marcha de China hacia la hegemonía mundial

La apuesta del presidente Trump por America first supone renunciar a jugar su rol de potencia mundial. A pesar de las bravuconadas militaristas, el presupuesto presentado recientemente por el presidente norteamericano supone un repliegue del liderazgo mundial en las instituciones internacionales. No hay, por el momento, un marco alternativo sólido. China se presenta ahora como líder mundial y adalid del libre comercio, la globalización y la lucha contra el cambio climático. Una hábil maniobra, pero, a mi juicio, demasiado prematura.

Es cierto que los dirigentes chinos están actuando con mucha inteligencia en muy diversos campos. La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) y del Nuevo Banco de Desarrollo, en el marco de los BRICS, son un ejemplo. La apuesta en infraestructuras de comunicación, transporte y energía para desarrollar una nueva Ruta de la Seda que conecte China con Europa es otro buen ejemplo, así como la propuesta de creación de la Asociación Económica Integral Regional (RECP en sus siglas en inglés), un acuerdo comercial de envergadura entre los países del sudeste asiático (ASEAN) y algunos otros estados del Pacífico con los que esta organización ya tenía acuerdos (Australia, China, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda). La ratificación del Acuerdo de Paris sobre el cambio climático por el parlamento chino sigue la estela de esta política. En fin, la apuesta decidida por la inversión exterior en todo el mundo y, muy especialmente, en países con reservas de materias primas y con posicionamiento marítimo estratégico (puertos), así como en Europa y Estados Unidos, forma parte de esta política.

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El arte de titular

Con estas líneas quiero rendir tributo a aquellos títulos de libros o películas que alguna vez me han seducido. No quiere decir que sean los mejores libros, ni las mejores películas. Simplemente son buenos títulos. Títulos que nos atrapan, nos incitan a leer una novela o ver una película. Títulos con un poco de misterio, que generan la suficiente intriga como para preguntarnos qué viene detrás. En ocasiones nos provocan un impulso. Por ejemplo, ¿quién puede resistirse a leer un libro que lleve por título Oscuro como la tumba donde yace mi amigo de Malcolm Lowry? Mi preferido es, sin embargo, La soledad del corredor de fondo de Peter Hanke. ¿Quién no se ha sentido alguna vez así?

La literatura latinoamericana tiene auténticos especialistas. Manuel Puig a la cabeza. El beso de la mujer araña, Pubis angelical o Boquitas pintadas son ejemplos de títulos que a uno le hubiera gustado siempre que se le hubieran ocurrido. Citar a García Márquez puede parecer un recurso fácil, pero aceptemos que era un maestro. Al fin y al cabo, era una cuestión de oficio. Crónica de una muerte anunciada es quizás el scoop más reiterado en los medios de comunicación, al menos cada vez que ocurre algo que todo el mundo parecía esperar. El general en su laberinto, Cien años de soledad o El coronel no tiene quien le escriba, por citar sólo tres ejemplos, hemos de reconocer que no están nada mal. Borges también se aplicaba. El mejor de los suyos posiblemente sea Historia Universal de la Infamia. Por su parte, El Aleph remite a aquel punto que contiene todos los puntos. Más o menos lo mismo que le dice Clint Eastwood a Meryl Streep en Los puentes de Madison No sé si voy a poder concentrar toda mi vida de aquí al viernes. Sigamos con los autores argentinos. Julio Cortázar era también muy hábil en estos menesteres. Historias de cronopios y fama, ¿qué es eso de cronopios? Queremos tanto a Glenda, otro título manoseado en cientos de reportajes periodísticos. Ricardo Pligia tituló Blanco Nocturno uno de sus libros, blanco nocturno, ¿de qué puede ir esa novela?

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El pragmatismo como valor político

Tras los shocks petrolíferos de 1973 y 1979, con la llegada casi sucesiva al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos, el pensamiento neoliberal ganó por goleada la batalla ideológica a la socialdemocracia, que tuvo que batirse en retirada. Desde entonces, ésta no ha conseguido mantener un relato ideológico alternativo suficientemente armado. Se acabaron así casi 40 años de reinado keynesiano. Mitterrand, después de comprobar el fracaso de su primer programa común con los comunistas, Blair o Felipe González han pasado en Europa como buenos- en ocasiones muy buenos- modernizadores o gestores, pero no consiguieron marcar las fronteras ideológicas con nitidez. Quizás solamente Jacques Delors tuvo la oportunidad desde la UE de marcar perfil ideológico, pero, lamentablemente, se trató de un breve interregno. No sorprende pues que en el imaginario de la opinión pública haya calado la convicción de que no hay diferencias entre “derechas” e “izquierdas

La llegada de la crisis financiera de 2008 –convertida luego en crisis de modelo– causó una fuerte conmoción en economistas y políticos. Todos recordamos a Sarkozy anunciar -no sin cierto histrionismo-  que había que refundar el capitalismo. Los más optimistas llegaron a pensar que volvían las políticas fiscales y monetarias activas. Los más cautos pensábamos que quizás se podrían mejorar y dar nueva carta de naturaleza a los instrumentos de control y supervisión que tan estrepitosamente habían fracasado. Una forma de entonar el mea culpa por los desmanes ocasionados por el capitalismo desregulado. Hasta en eso nos equivocábamos.

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