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Focos

Lola Sánchez

Diputada del Parlamento Europeo por Podemos.

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Medicamentos, precios e investigación: pacientes delante de patentes

Desde que la constitución de la Organización Mundial del Comercio y su Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) sentaron las bases del actual sistema de patentes, éste se ha mostrado poco efectivo a la hora de desarrollar innovaciones centradas en las necesidades de la población, así como ineficiente e injusto por la centralidad del beneficio económico en el sistema actual de innovación biomédica.

En efecto, los precios no reflejan ni el valor terapéutico del producto ni los costes de I+D, sino que vienen fijados por criterios de marketing. Parece evidente que la forma de fijar los precios de un medicamento, cuya función, no lo olvidemos, es salvar vidas, no debería obedecer a los mismos criterios que otros mercados de bienes o servicios como el de televisores o muebles. Existe en definitiva un abismo moral entre el precio de un medicamento y el coste de su producción, reconocido incluso por algunos altos ejecutivos de la industria como Mike Kelly, CEO de Kantar Health: "El coste de producción de un medicamento es ínfimo en comparación con su precio de mercado".

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¿A quién le importa si el CETA perjudica a los países en desarrollo?

Hay ocasiones en que las contradicciones de la política económica de la Unión Europea se hacen aún más tangibles de lo habitual. La semana pasada tuvo lugar uno de esos momentos en que, a pesar de llevar ya tres años trabajando en el Parlamento Europeo, sus paradojas me indignaron como el primer día.

El martes pasado la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo dio su visto bueno al CETA, el macro tratado comercial negociado entre Canadá y la Unión Europea. Este era el último paso que faltaba antes de que el CETA estuviese listo para votarse en la sesión plenaria del Parlamento Europeo el 14 de febrero. Lo paradójico es que un día después, en la Comisión de Desarrollo del Parlamento, se presentaba el borrador de un estudio sobre el impacto de CETA en los países en desarrollo. Un borrador que, como reconoce su autor, se encuentra como primer obstáculo con que en los estudios que se habían hecho hasta entonces no se habían recopilado ni tenido en cuenta datos específicos sobre cómo afectará el tratado a estos países. Ante la falta de datos el estudio se limita a sacar conclusiones aproximadas de fuentes secundarias, o deducir posibles efectos a partir de los estudios que se han hecho para otros acuerdos. Y estas pocas conclusiones son nefastas para los países en desarrollo.

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El capitalismo se disfraza de desarrollo

Dejar atrás África se parece a cuando te despides de la casa de tus padres, tu casa de siempre, antes de un largo viaje. Sabes que volverás, antes o después. Nunca te despides para siempre.

Es alucinante cómo esta tierra te hace sentir en casa, a pesar de la distancia cultural con sus habitantes, sobre todo por las complicadas, y a la vez sencillas, vidas que llevan. No he visto una sola señal de agresividad, miedo o rechazo hacia ningún compañero de la misión (cuatro eurodiputados, dos funcionarios del Parlamento y dos técnicos de grupos parlamentarios), sino todo lo contrario.

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Ellos tienen un plan, nosotras también

Últimamente se habla mucho de la falta de democracia en las instituciones europeas. Hemos vivido con espanto los chantajes y humillaciones al pueblo griego, o las 'recomendaciones' por parte del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, (al que ninguno podemos votar), sobre a quién votar y qué coalición debe gobernar, en las elecciones generales de Portugal o de nuestro país. O que a pesar del evidente fracaso de las políticas de recortes y de control del déficit, sigan desde Bruselas exigiendo aún menos gasto público en los presupuestos generales. ¿A qué intereses responden? ¿A quién representan?

Ellos tienen un plan, y lo están aplicando con mano de hierro y corazón de hiel.

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A veces, una cosa, de tanto sabida, se olvida: una reflexión sobre los Derechos Humanos

El 10 de diciembre se celebraron los 67 años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de Naciones Unidas. Casi 70 años en los que hemos avanzado en la extensión y profundización de los derechos y libertades que recoge esta Carta. Aunque no tanto como, seguro, pensaron sus redactores, entre los que se encontraba, por ejemplo, Eleanor Roosevelt, o el vasco-francés René Cassin, que consagró su vida a la defensa de la paz y la justicia, y que elaboró el primer borrador de la Declaración, recibiendo por ello el Nobel de la Paz en 1968.

Pero como bien decía Miguel de Unamuno, a veces, una cosa, de tanto sabida, se olvida .

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El gueto de Atenas

Hace unas semanas fui a Polonia, invitada por la Universidad de Cracovia, para explicar el contenido y el estado de las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión entre la Unión Europea y estados Unidos - TTIP.

Así que aproveché y fui a visitar Auschwitz, cerca de Cracovia.

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Otra mentira más en la vieja política

A veces se dan situaciones por las que comprendo a la perfección el nivel de desprestigio que conlleva la actividad política y la palabra político. Algunos han conseguido convertirla en sinónimo de mentiroso, a veces hasta compulsivo, enfermizo. Por supuesto la corrupción estructural es la principal causa de ello, pero no la única. Estamos hartos de sufrir los continuos incumplimientos de los programas electorales, de las promesas y compromisos varios, que los politicuchos (pues no merecen ser llamados políticos, aunque algunos lleguen a ministros y presidentes), lanzan en campaña a diestro y siniestro, para sufrir al poco tiempo una amnesia terrible que entierra en su honor aquellas promesas. Gente con un enorme cementerio en su boca. Otras veces se da el caso contrario, esto es, cuando el político ejecuta y después pretende convencer a los demás de que no ha hecho lo que hizo. Y ésta semana estamos viviendo una de estas últimas situaciones. El jueves tuvimos votación en la Comisión de Comercio Internacional del parlamento europeo. Votábamos una posición sobre el TTIP, el acuerdo comercial que está siendo negociado con total oscurantismo y nulo conocimiento por parte de la ciudadanía. Uno de los puntos más peligrosos para nuestra democracia (sí, para toda ella en todas sus dimensiones, así de bruto es el tratado), es el ISDS o el mecanismo para resolver conflictos entre compañías extranjeras y los Estados en los que invierten. Según este mecanismo, una empresa puede demandar a un Estado si considera que cierta legislación perjudica a los beneficios que estaba esperando. Estas disputas las resolverá una corte privada de árbitros, que suelen pertenecer a los grandes lobbies legales, y que por supuesto cobran cantidades indecentes por cada caso. Si estos árbitros acaban fallando a favor de la empresa, el Estado tendrá que indemnizarla con el dinero que es de todos (eso significa dinero público aunque a muchos les cueste entender este concepto, o respetarlo). La polémica cláusula ISDS, con toda lógica, es objeto de discusión y enfrentamiento entre los diferentes grupos parlamentarios. En el arco las posiciones han estado claras desde un principio. ¿En todos los grupos? No, en todos menos en los socialdemócratas, S&D, que han estado jugando con la ambigüedad hasta hace poco, cuando (¡por fin!) tomaron la decisión de rechazar el ISDS. Pensábamos que habíamos ganado una primera batalla contra el TTIP, eliminando uno de sus contenidos más letales para la soberanía, la igualdad y la justicia. Como decía al principio, el jueves se votó en Comisión, entre otras, la inclusión o exclusión de la cláusula maldita dentro del TTIP. Y una enorme amnesia recorrió la bancada socialista, de forma que votaron un compromiso que la incluye, aunque maquillada. Como decía al principio, después de la votación, el Partido Socialista nos quiere convencer de que ocurrió lo contrario. Llegan a decir en sus redes sociales y en los medios, que gracias a ellos el ISDS quedará fuera del TTIP. Y yo digo basta. Basta porque con el TTIP no se juega. Basta porque este tratado no se está tomando, ni siquiera por parte de los partidos que lo defienden, con la seriedad con la que deberíamos. El TTIP puede acabar cambiando nuestras vidas, en todos los ámbitos y en todos los lugares, hasta unos límites que nadie conoce ni puede conocer, por muchos estudios de impacto o proyecciones que se realicen. El PSOE miente. Miente con la boca llena. Miente y vuelve a mentir, porque decir que ellos han sacado el ISDS del tratado es simplemente decir una gran mentira. El compromiso que respaldaron, junto con el PP, liberales y conservadores, dice claramente que el mecanismo de arbitraje será construido a partir del nuevo marco presentado por la Comisaria Malmström. Esta presentó el 7 de mayo una 'nueva' propuesta de ISDS, obligada por la enorme presión social y por los resultados de una consulta pública que dejó clara la enorme oposición (97%) a dicho mecanismo. Pero lo que hizo fue maquillarlo. Colorete por aquí, carmín por allá, y listo. Pintamos de transparencia el proceso, incluimos un código ético para los árbitros (¿y un diccionario para que conozcan ese concepto?), y lo mejor de todo, el brindis al sol más grande de los que he visto en un año en el Parlamento Europeo: la futura creación de un tribunal internacional independiente para la solución de los conflictos empresa-Estado. EEUU tardó un día en decir que por ahí no pasaban, que de eso nada, ni hablar del peluquín. Era de esperar. Pero eso merece un análisis más profundo y no es a donde quiero llegar hoy.

El grupo socialista europeo votó a favor del compromiso que incluye ambas propuestas: Malmström (ISDS 'tuneado') y tribunal internacional (que nace muerto). Pero se les llena la boca, y llenan las redes diciendo que son los salvadores de la democracia.

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