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Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano, Concha López y Lucía Arana (RRSS).

Teresa huye por su vida

El profesor de Filosofía Moral Óscar Horta publica 'Un paso adelante en defensa de los animales' (Plaza y Valdés Editores)

Óscar Horta

Teresa ha estado corriendo durante mucho tiempo ya, siguiendo el curso del río Agrò. Se halla en grave peligro. Finalmente llega al mar a la altura de Santa Teresa di Riva, en la costa de Sicilia, a más de 25 kilómetros de la granja de la que huyó. Desesperada por salvarse, salta entonces al agua y comienza a nadar hacia la costa de Calabria, al otro lado del mar. Sigue nadando durante tres horas y consigue avanzar un kilómetro. Sin embargo, un bote de la guardia costera italiana la persigue, cada vez más de cerca.

Al final, la guardia costera alcanza el lugar donde ella se encuentra. A estas alturas Teresa ya está totalmente exhausta. Aun así, sigue luchando frenéticamente para evitar ser capturada. Pero finalmente terminan atrapándola y subiéndola a bordo. Cuando la llevan de vuelta a tierra en Sicilia hace todavía un último esfuerzo y trata de huir de nuevo. Pero está atada y su tentativa es inútil. La fuga de Teresa llega así a su fin.

Teresa es una vaca huida de una granja en la localidad de Castiglione di Sicilia. Otras vacas de esa granja han mostrado síntomas de brucelosis. Por ello se decide acabar con su vida, dado el riesgo de que ella también tenga tal enfermedad. Las perspectivas de futuro de Teresa son sombrías.

Sin embargo, su historia llama la atención de los medios de comunicación. Y pronto despierta mucho interés en Italia y en el extranjero. La gente que la va conociendo se asombra de que este animal pudiese luchar tanto para sobrevivir. Se organiza una campaña a gran escala con el objetivo de salvar su vida. Llaman a esta vaca Teresa por el nombre de la localidad en la que saltó al mar. Gracias a la presión realizada por la opinión pública se anuncia finalmente que no será matada.

Aunque esto pueda parecer ficción, es una historia real. Sucedió en mayo de 2011. El año es importante, pues no habría podido ocurrir mucho tiempo antes. De haber pasado tan solo unas pocas décadas atrás, Teresa habría sido matada sin duda, al igual que lo fueron las demás vacas de la granja de la que se escapó.

Esta historia pone de manifiesto que las actitudes hacia los animales ya no son como antes. Podría pensarse que decir esto es aventurado, porque estamos solo ante un caso anecdótico. Pero hay otras evidencias que confirman esto. Una encuesta Gallup acerca de las actitudes hacia los animales llevada a cabo en Estados Unidos en 2015 mostró unos resultados muy notables. El 32% de la gente respondió que, en su opinión, se debería reconocer a los animales los mismos derechos que a los seres humanos (el 62% opinó que los animales merecen alguna clase de protección, pero que es de todos modos aceptable usarlos para beneficio humano, mientras que solo el 3% respondió que no se les debería dar ninguna protección). Estos datos supusieron un crecimiento con respecto a 2008, pues ese año únicamente un 25% había respondido que animales y humanos deberían tener los mismos derechos.

Solo unos pocos años antes, en 2010, otra encuesta arrojaba unos resultados igualmente interesantes. En este caso, la encuesta medía la simpatía hacia movimientos u organizaciones sociales a lo largo del territorio español (un lugar considerado tradicionalmente en el extranjero como poco amable con los animales, debido a la práctica de la tauromaquia). Estaba realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un organismo dependiente del Estado español. Los resultados situaron en la primera posición a los movimientos por los derechos humanos, con una puntuación de 7,48 (en una escala del 0 al 10). Pero la segunda posición fue para los movimientos de protección de los animales, con una puntuación del 7,03 (bastante por encima de otros como, por ejemplo, los ecologistas, cuya puntuación fue de 6,28).

Hay que tener mucha precaución al ver lo que dicen encuestas como estas, pues no nos dan una imagen clara de lo que piensa la gente. Es cierto que muchas personas afirman que los animales les importan. Pero lo hacen sin tener una idea muy clara de lo que eso realmente significa. Por otra parte, esa preocupación tendría que reflejarse en el modo en el que actúan. Y a menudo eso no ocurre. Pensemos qué pasaría si una de cada tres personas estuviera de verdad convencida de que humanos y demás animales deberían tener los mismos derechos. O si la gente apoyara la defensa de los animales como dice. Si ello fuese realmente así, la situación de los animales sería muy distinta.

Ahora bien, los resultados de este tipo de encuestas sí que nos indican algo. Nos muestran que hay una preocupación por los animales en las sociedades actuales que solo una generación antes no existía aún. De hecho, esto no es algo que solo se pueda ver mediante encuestas. Si miramos alrededor podremos constatar que cada vez hay más gente a la que le importan los animales y la situación en la que se encuentran. No es extraño conocer a gente que activamente defienda a los animales, ni que en las noticias se hable de este tema de vez en cuando. Las organizaciones en defensa de los animales van consiguiendo progresivamente más apoyo. Hay también cada vez más publicaciones, libros y sitios web sobre el tema. Distintas personas, en ocupaciones y situaciones diferentes, se van posicionando a favor de los animales. Y, así, su defensa se va haciendo más y más visible socialmente.

Lo más notable es que esta situación es relativamente nueva. Siempre ha habido quienes han defendido a los animales, pero a lo largo de la historia han estado habitualmente en una posición minoritaria. El cambio ha sucedido a partir de la década de 1970, en un periodo de tiempo francamente corto. Ante esto, la pregunta es: ¿cómo es posible que algo así haya tenido lugar? Más aún: ¿cómo es que ha ocurrido tan rápido? ¿Por qué hay hoy tanta gente preocupada por lo que les pasa a los animales?

Hay quienes no entienden cómo es que esto puede haber ocurrido. A veces, por desconocimiento, suponen que a las personas implicadas en la defensa de los animales simplemente les gustan los animales. Hay incluso quienes piensan que esto es algún tipo de afición o entretenimiento, igual que hay a quien le gusta la música, el deporte, el arte o la lectura. Así, a veces creen que el interés por los animales ha crecido del mismo modo en el que lo hacen otras aficiones, como modas pasajeras.

Sin embargo, la explicación correcta es muy diferente a esta. A quienes defienden a los animales no tienen por qué gustarles los animales. Lo que es más importante: a esas personas no les parece en absoluto que su preocupación sea un entretenimiento. Consideran que es un asunto muy serio que no tiene que ver con sus aficiones, sino con cuál es el modo justo en el que deberíamos actuar hacia el resto.

El ejemplo siguiente nos puede dar una idea más cercana de lo que esto quiere decir. Pensemos en el caso de las personas comprometidas con la situación de los seres humanos en situación de necesidad (personas en estado de extrema pobreza, mujeres víctimas de la trata, niños y niñas de la guerra…). Nadie diría que quienes se preocupan por estas personas y quieren activamente cambiar su situación lo hacen por afición. Eso sería ridículo. Y sería igual de absurdo pensar que lo hacen porque les gusten esas personas en situación de necesidad, o porque les tengan cariño. Su motivación se debe a razones totalmente distintas. Las personas que se han implicado en estas causas lo han hecho porque los seres humanos a quienes defienden están sufriendo y necesitan solidaridad y ayuda. Y nunca dirían que su activismo a favor de estos seres humanos es solo un asunto personal. Consideran que defender a quienes se encuentran en esas situaciones es lo justo. Por ello, querrían que el resto de la gente también tomase conciencia de su importancia.

Pues bien, las personas comprometidas con la causa de los animales tienen la misma actitud. Opinan que no deberíamos ser indiferentes a lo que les pasa a los animales. Piensan que esta es una cuestión de justicia y de total importancia. ¿Por qué piensan algo así? Eso es de lo que trata este libro. En él se intenta explicar las razones para defender esa posición.

La más importante de tales razones es, de hecho, muy simple. Para explicarla de forma muy resumida: muchos animales pueden sufrir. Y el sufrimiento no solo es malo para los seres humanos, también lo es para cualquier otro ser que lo padezca. El dolor siempre es dolor. Del mismo modo, poder vivir libre de daños es algo bueno tanto para los seres humanos como para cualquier animal de otra especie. Así que ¿por qué debería interesarnos solo lo que les pasa a los seres humanos? ¿Por qué no debería preocuparnos también que otros seres sufran o vean sus vidas amenazadas? En general pensamos mayoritariamente que, en la medida en que podamos, deberíamos intentar no dañar a nadie y dar nuestra ayuda a quienes lo necesitan. ¿Por qué deberíamos hacer esto solo en el caso de los seres humanos, si otros seres también pueden sufrir daños?

Esta idea es muy sencilla. El capítulo 1, titulado 'Es una discriminación, se llama especismo', intentará presentarla de forma algo más detallada. También repasará algunas críticas que se le pueden hacer, así como las respuestas a estas. Después, el capítulo 2, 'Sentir y sufrir', expondrá las evidencias que hay para afirmar que no solo los seres humanos, sino también muchos otros seres, pueden experimentar sufrimiento y disfrute. Comentará también las razones por las que esto es importante.

Por su parte, el capítulo 3 lleva por título «La máquina de dañar animales», y explicará cuál es la situación de los animales que son explotados por los seres humanos. Como veremos, esta tiene muy poco que ver con lo que mucha de la gente, tal vez la mayoría, se imagina. Es inmensamente peor. Todo esto llevará a que el capítulo 4, 'Haciendo la conexión', presente las razones para no seguir aceptando tal explotación. Esto es algo que puede resultar chocante y novedoso para muchas personas, por lo cual el capítulo 5, 'Vivir sin explotar a los animales: preguntas y respuestas', intentará aclarar algunas dudas que pueden surgir cuando pensamos sobre ello.

A su vez, el capítulo 6, 'Ayudando a quienes lo necesitan', explicará por qué, además de no dañar a los animales, tenemos también razones para darles ayuda cuando la necesitan, tanto en el caso de aquellos que han sido domesticados como en el de los que viven en el mundo salvaje. Este capítulo también expondrá las diferencias y oposiciones entre la defensa de los animales y el ecologismo. Finalmente, el capítulo 7 presentará las conclusiones que se deriven de lo dicho hasta entonces. Resumirá muy brevemente lo expuesto en los capítulos anteriores y defenderá que, a la luz de lo visto en ellos, merece realmente la pena implicarnos para actuar a favor de todos los seres sintientes. Apuntará que, al hacer esto, tendremos la posibilidad de lograr un cambio mucho más importante de lo que a primera vista nos podría parecer. Por ello, llevará como subtítulo 'un paso hacia un mundo mejor'.

Seguro que además de todo esto hay un montón de cosas importantes que se podrían haber dicho en este libro y que, sin embargo, no se han incluido. Ello se debe a que se ha tratado de evitar que sea demasiado largo. Aun así, se ha intentado que toque las cuestiones más centrales acerca del respeto a los animales. Algunas aclaraciones que requerían algo de espacio se han añadido en las notas, pero se ha procurado que estas no sean demasiadas, ni muy extensas tampoco. También se ha tratado de limitar el número de referencias bibliográficas y enlaces que se han incluido.

En conjunto, se ha buscado que el libro sea lo más sencillo y claro posible. Esto es algo complicado de hacer. Muchas veces es difícil decir las cosas de forma fácil, y complejo exponerlas de forma simple. Pero, afortunadamente, las razones para cuestionar nuestras actitudes hacia los animales son bastante sencillas. Se pueden entender bien si tenemos una mentalidad abierta.

En realidad, el mayor obstáculo para reflexionar sobre tales ideas no es su dificultad. Es el deseo de no plantearnos ninguna idea nueva y de continuar pensando y actuando como siempre, creyendo que no podemos aprender nada distinto de lo que nos hemos acostumbrado a ver. Esta es una mentalidad que tradicionalmente ha tenido mucha fuerza. Pero a largo plazo podemos socavarla, aunque sea muy despacio, e ir terminando con ella.

Así ha ocurrido poco a poco con muchas ideas del pasado, como, por ejemplo, la creencia de que la Tierra es el centro del universo o la de que la esclavitud humana es legítima. Y así está empezando a suceder ahora con la idea de que los animales son solo cosas que no merecen ninguna consideración. Esta es una opinión que, pese a ser propia de otro tiempo, todavía pervive. Pero ya está siendo cuestionada. Con cada nueva persona que la rechaza se va abriendo paso un cambio para los animales. Quizás esa persona seas tú. La elección estará en tu mano. En este libro se incluyen distintos argumentos e información con el objetivo de animar a reflexionar sobre esto. Pero al final, una vez todo quede dicho, nadie podrá decidir por ti.

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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

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