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La mentira, la verdad, la posverdad y el ornitorrinco

Los tres animalitos a los que me refiero viven en nuestros antípodas. No hay que tener miedo de que aparezcan de repente en dirección contraria por el carril guaguas

Tanto la política como la sociedad civil prefieren la adrenalina que suministra la mentira que el tedioso trabajo y desgaste que significa la búsqueda de la verdad

Ziva Kunda: “Existen indicios y pruebas más que considerables de que las personas llegan a las conclusiones a las que desean llegar”.

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El ornitorrinco es un mamífero ovíparo, con hocico de pico de pato, cola de castor y patas de nutria.

El ornitorrinco es un mamífero ovíparo, con hocico de pico de pato, cola de castor y patas de nutria.

Thomas Paine
“Argumentar con una persona que ha renunciado a la lógica es como dar medicinas

a un hombre muerto”


Friedric Nietzche

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estará solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.


Estaba Canarias reventado la Escala de Beaufort – 11 y 12 de Febrero de 2017 – cuando en el Palacio Vista Alegre Arena, se celebraba la II Asamblea Ciudadana de Podemos, tras un intenso ruido comunicacional durantre el último mes sobre la división interna en la izquierda sobrevenida tras el 15-M, sus circunstancias y su carné de identidad. El máximo grado que establece Beaufort es el 12 y, para ese nivel de viento, acuña el término huracán y sitúa la velocidad de los aires enfebrecidos, enloquecidos, grillados, arrebatados, por encima de los 118 kms por hora. Dicen las noticias que la ira de Eolo llegó a concretarse en rebencazos de 145 kms/hora, todo un disparate metereológico que arrancó árboles que, con la fuerza de sus raíces, siempre se negaron a la práctica del parapente. Y volaron pinos y eucaliptus. Y el personal tuvo que admitir que la Naturaleza es la que lleva los pantalones, expresión machista dirán algunos pero que muy pronto encontrará solución con la adopción de las árbolas y las pantalonas. No sé que pensará al respecto Eolo, administrador de calmas y tempestades, y responsable muy directo de que Ulyses pudiera volver a Ítaca, ya que le regaló un odre lleno de calmas, ventolinas, brisas, temporales, borrascas, para que las administrara a conveniencia con exquisito cuidado. Al parecer, según la Mitología griega, la tripulación, seguramente dada en exceso al vino de Polifemo, se la jugó al marido de Penélope con su vestido de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo, y el Dios, que no era uno sino tres – nacidos de Hélen, Poseidón e Hípotes – rompió las relaciones diplomáticas con el gran luchador de la Guerra de Troya.

Suave que me estás matando

Asistentes en una asamblea de Podemos. (eldiario.es)

Asistentes en una asamblea de Podemos. (eldiario.es)

No hubo guerra en Vistalegre II, porque ya se había utilizado la red para todo tipo de marrullerías y, a mi juicio, porque la militancia fue rápida en advertir que una escisión hubiera abocado a un huracán similar al de las Hespérides, de tal modo que de la izquierda si te vi no me acuerdo o te vi familiarmente atomizada. Los periódicos lo tuvieron muy fácil para titular, de ahí que, para no caer en redundancias, afirmo que Iglesias fue nombrado César con un 60% de la corte y Errejón quedó en visir con el resto y la presencia testimonial de los conocidos como anticapitalistas. Ahora habrá que esperar al movimiento de peones, caballos, alfiles, torres y reina para descubrir si enrocan a Íñigo al estilo iniciado en el S. XVI o lo despeñan cual cabra lanzada al vacío desde un campanario, vuelo libre muy practicado en Hispania hasta hace muy poco. En este periódico encontrarán exhaustiva información sobre todo lo acaecido en la Asamblea y las cifras correspondientes. Por mi parte, sólo me gustaría poner de manifiesto que Iglesias pasó el examen aun la fractura del partido y Rajoy – el PP desaznarizado celebraba también su Congreso – salió también reforzado, pese a la corrupción gürtelera y episodios ad hoc. En definitiva, me atrevo a señalar que, aunque lo veo difícil, sólo a través de pactos Podemos podrá gobernar en algún momento y que, como señaló Pablo – no el de Tarso sino el de La Tuerka – el tema central es adelantar al PP. Incluso por el arcén. De la sociedad civil hablamos en otro momento. Ahora no toca. Porque jamás ha sabido de música y anda un poco desorientada. La izquierda ya no canta La Internacional sino L'Estaca de Lluis Llach. Efectivamente, My Way quedó descartada.

¿Es la 'posverdad' una nueva verdad que sigue a la verdad?

Jamás cierro la puerta a la llamada surrealista. Llevaba ya tiempo con ganas de meterle mano a lo que se ha denominado posverdad, vocablo que es todo un mundo y que ahora es lo más cool a la hora de establecer análisis sobre el escenario babeliano en el que andamos metidos o, mejor, internados, que ésta palabra le da un toque clínico o carcelero al embrollo. Nunca he creído - tampoco me he puesto hecho un basilisco defendiendo lo contrario - esa afirmación que señala que “las cosas llegan cuando tienen que llegar”. No obstante, si fuera cierta la aseveración, me llegó el momento de tratar acerca de qué será eso de la posverdad. ¿Y dónde está aquí el surrealismo? No sería visible desde luego si no dijera que, cuando comencé a meterme en los mundos posverdaderos, me vino a la cabeza, cual si se tratara de la escritura automática, la figura del ornitorrinco, bicho raro donde los haya. Cualquiera en su sano juicio, hubiera descartado inmediatamente relacionar la posverdad con el animal australiano, pero, como siempre, decliné ser un cualquiera, en la peor acepción de la palabra y, ante el miedo de que Breton, Buñuel, Paul Eluard y sus amigos me retiraran la misma, la palabra, opté por seguir los caminos apuntados por Isabel Allende: les sentiers de mon coeur. Consecuentemente, me traje a casa al ornitorrinco que, para colmo de males y angustias, es sabandija venenosa.

Zoología canalla

No sabría decir en estos momentos si fue el surrealismo, el dadaísmo, el renacentismo, el simbolismo o el impresionismo, el movimiento que me llevó, una vez con el ornitorrinco en los brazos, a acordarme también del Dragón de Komodo y el Demonio de Tasmania, elementos que he llevado siempre como gachós canallas en mi bestiario personal desde la adolescencia. El caso del dragón me pareció aceptable, ya que mi nombre es Jorge y todos saben las refriegas que se traía con esos lanzallamas biológicos. No así lo del demonio, aunque tiene mucho que ver, ya metidos en tema, con los aspectos conspiranoicos de la posverdad y sus entornos. Los tres animalitos a los que me refiero viven en nuestros antípodas, así que no hay que tener miedo de que aparezcan de repente en dirección contraria por el carril guaguas o accedan a una rotonda a su libre albedrío. Ello no es impedimento, empero, para que tengan sus cosas curiosas. Fíjense ustedes si es raro el ornitorrinco que, cuando en la última década del S.XVIII fue visto por vez primera por los europeos, quedaron patidifusos al descubrirlo mamífero, ovovivíparo, venenoso (tiene un espolón), con el hocico como el de un pato, patas de nutria y cola de castor constructor de presas. Por cierto, uno de los más famosos castores (con rango de capitán general) fue un tal Francisco, que inauguró presas y pantanos por un tubo, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, fue el capitán inglés John Hunter el que se hizo con un ejemplar de ornitorrinco y lo mandó a su tierra desde Nueva Gales del Sur para que supieran lo que vale un peine. Tal fue la estupefacción que la contemplación de aquel pellejo produjo en los naturalistas y científicos ingleses, que creyeron que el capitán había realizado un collage con distintos animales para gastarles una broma.

El Dragón de Komodo es el mayor lagarto del mundo. Sí, sí, mucho mayor que Bárcenas, Pujol o Urdangarín. Está calificado como saurósido de la familia de los varánidos – clan que no ha podido ser demostrado que se dedicara al blanqueo de dinero o a estafar a la Hacienda Pública – y vive en alguna de las islas de Indonesia central. Es grande el jodío, de tal manera que puede llegar a medir tres metros. Son carroñeros sin corte alguno, aunque en ocasiones cazan. Tiene el rango de especie protegida.

Dragón de Komodo.

Finalmente, el Demonio de Tasmania no es tan fiero el león como lo pintan. Tanto que, si nos atenemos a su denominación latina, puede dar hasta risa: Sarcophilus harrisii. Este personaje, aunque le han cargado con el mochuelo de diabólico, es bastante tímido, dicen los estudiosos, pero yo no acabo de creérmelo, porque es polígamo y los machos se pelean por las hembras y luego las vigilan con dureza para que les sean fieles. Si viviera por aquí, sería seguramente aniquilado por el movimiento feminista más radical e, incluso, llevado ante los tribunales de violencia de género. Tampoco es un dandy, todo hay que decirlo, porque apesta espantosamente como si no existieran las colonias del chino. Lo de demonio no le viene de otra característica que de sus constantes alaridos. Por ello, las marmotas no los pueden ni ver. Desgraciadamente, la especie lleva unos veinte años sufriendo un cáncer contagioso de hocico que la está mermando.

La sustitución de la realidad

Cumplida la cortesía hacia el surrealismo, la posverdad nos aparece de frente casi como otro Manifiesto Surrealista que fuera más allá de las fórmulas planteadas en la década de 1920 y que Andrè Bretón estableció así: “Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. Pero, atención: pese a lo que pudiera denotar el término y así entenderlo los no iniciados, la posverdad no es algo que continúe, que suceda a la verdad, sino algo que la sustituye. La posverdad es una nueva verdad que explica la deriva en la percepción de la realidad que están sufriendo nuestras sociedades. Yo diría que la posverdad es la mentira aceptada como verdad, para que lo denominado generalmente como el sistema pueda seguir alimentándose y funcionando. Esa mentira puede ser inoculada a las masas, pero éstas, bajo el confuso bombardeo de la información tendenciosa y manipulada, la aceptan de muy buen grado, porque, de alguna forma, la verdad ha dejado de ser noticia y ni siquiera está a su alcance. Podríamos afirmar que, en el desarrollo del Nuevo Orden Mundial y las profundas modificaciones que crecen en progresión geométrica, tanto la política como la sociedad civil prefieren la adrenalina que suministra la mentira que el tedioso trabajo y desgaste que significa la búsqueda de la verdad, si es que pudiera conseguirse. Si tuviera que enfrentarme al estudio de la mentira, elegiría la psicología, o la psiquiatría incluso. La verdad necesita también de la filosofía, puesto que va más allá de lo cierto o no cierto para constituirse en una búsqueda constante ligada indisolublemente a lo que se ha venido denominando realización personal. El camino a la verdad es la senda de la sabiduría.

La palabra estrella de 2016

Posverdad (en inglés post truth) ha sido elegida la palabra estrella del año 2016. No por una asociación de perroflautas, ni por una ONG, ni por Donald Trump, ni por el Pentágono, ni por la CIA, ni por la Casa Real, ni por el FMI, ni siquiera por la Academia Sueca o la Editorial Planeta … ha sido elegida por el Diccionario Oxford, con la siguiente definición: "Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales". Es decir, la opinión pública prefiere lo que le dictan sus emociones o creencias -sujetas a la manipulación y la mentira- que la verdad, entendida ésta como lo sucedido realmente o los hechos objetivos. La sociedad civil acoge mucho mejor la mentira que la verdad porque, en un proceso diabólico que, a mi juicio, parte de lo políticamente correcto, el escándalo, lo soez, lo chabacano, la falta de clase y educación, la chulería, el fariseísmo, la hipocresía ... constituyen el atractivo fundamental de la comunicación y la formación de opinión. Recojo al respecto una frase de entre los muchos textos y artículos que he leído en relación con el imperio de la posverdad, para mí, la sublimación del eufemismo: “No hay que llamar "ajuste" a los recortes, ni "impulso aventurero" a la emigración forzosa, ni "crecimiento decelerado" a la crisis, ni "crisis" a lo que es una estafa, ni "populismo de derechas" al fascismo. La "posverdad" es otra victoria de la mentira. Ello me da pie a insistir una vez más en que lenguaje es igual a pensamiento. Luego, la manipulación del lenguaje es la manipulación del pensamiento y, a continuación, de la conciencia. Una estrategia goebeliana revisitada.

La redes sociales se han convertido en herramientas propagandísticas que alimentan la posverdad. (CA)

La redes sociales se han convertido en herramientas propagandísticas que alimentan la posverdad. (CA)

Y voy con otro párrafo: “Al parecer, el término posverdad se usó por primera vez en 1992, cuando Steve Tesich escribió que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”. El argumento en el que se está insistiendo estos días es más o menos el siguiente: “en la recién estrenada era de la posverdad, la verdad no es relevante para la ciudadanía y las redes sociales, en especial Facebook, se han convertido en máquinas de propagar las mentiras de los políticos y de los medios que los apoyan. La gente prefiere confirmar sus ideas a contrastarlas con la realidad. La pasión se ha impuesto a la razón. Léannos a nosotros o estarán perdidos”.

Aunque en España el estudio del posverdadismo está limitado a grupúsculos rebeldes, analistas e investigadores de otros países si han hecho tañir la campanas: Ziva Kunda (Psicóloga especialista en Cognición Social. 13 de Junio de 1955 – 24 de Febrero de 2004) consolidó hace bastantes años el concepto del razonamiento motivado: “Existen indicios y pruebas más que considerables de que las personas llegan a las conclusiones a las que desean llegar”. “Esto es algo que se hace constantemente en política: ante una corruptela del partido al que se vota, se piensa en cómo limitar su importancia; por el contrario, si es del partido rival, convertiremos de inmediato la anécdota en categorízación general”.

La era de la posverdad parece confirmar que, como señala Javier Salas refiriendose a la reciente campaña electoral norteamericana: “En todos los casos, la comunicación digital alimentada por rumores y las noticias falsas tuvieron mucho más peso en la construcción de la opinión pública que los hechos concretos, los datos históricos y la verdad. En otras palabras, las personas construyeron su propia versión de la realidad a partir de lo que les parecía más lógico, atractivo o coincidía con lo que estaban acostumbrados a creer y no necesariamente con la verdad”.

Epílogo

Dan Ariely, experto en la incidencia y condicionantes de orden sociológico a través de la mentira e investigador en la Duke University (DU), una de las universidades privadas más prestigiosas del mundo, sita en Durham (Carolina del Norte), manifiesta: “Lo que estamos descubriendo es que la mentira es una dinámica social, y es en ese marco en el que se decide lo que es aceptable o no”. El f act-checking no sirve: En los últimos años han surgido numerosos experimentos sobre verificación de las afirmaciones de los políticos. En la campaña de 2012, Barack Obama dijo falsedades en el 25% de sus afirmaciones, según Politifact. Su rival, Mitt Romney, llegó al 40%. Donald Trump ha alcanzado el 70%, pero eso no ha importado a los votantes republicanos, aunque le hayan pillado en casi todas las mentiras. La mayoría reconoce que si un medio da noticia de una falsedad de su líder, prefieren creerlo a él antes que admitir la información, según una encuesta de YouGov.

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