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A Podemos

¿Se suma o siguen girando como estafermos?

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Creo que la izquierda está en deuda con Podemos.

Por una parte, porque consiguió que muchos se tomaran interés en la política, que volvieran a hacer política o al menos a hablar de política, y dejaran de hacer el idiota en el sentido etimológico que, con tanto acierto, ha recordado Alberto Garzón.

Por otra parte y mucho más importante, porque la torpeza de Podemos ha conseguido poner en movimiento a la izquierda.

Digo torpeza porque sin duda Podemos ha intentado expulsar a la izquierda (sobre todo a Izquierda Unida) de la escena política, pero da la impresión de que ha conseguido el efecto contrario: le ha dado impulso.

No me sorprende. He perdido la cuenta de cuantos improperios le han lanzado a Izquierda Unida por presentarse a las elecciones para no ganarlas, y también de cuantas veces han jurado que iban a ganar, todo eso antes de admitir que ahora  “no estaríamos en condiciones de liderar un Gobierno en nuestro país”. Imagino que esa desconcertante forma de hablar (tan propia de Podemos) implica que no descartan la posibilidad de formar Gobierno en Burundi, por ejemplo, o en el Principado de Mónaco, ya que ellos jamás han sido partidarios de presentarse si no es para ganar.

Y así con todo, porque su ambición de ocupar “la centralidad del tablero” les obliga a decir hoy una cosa y mañana la que más convenga. Su ambigüedad y vacuidad, su demasiado evidente apetito de poder y su superficialidad han ayudado a hacer visible la claridad, el compromiso y la coherencia de la izquierda. Tampoco ha ayudado mucho a los podemitas su incontenible propensión al insulto bobo y a la chulería zafia (qué mejor ejemplo de ambos que los inevitables comentarios en este periódico de la hinchada podemita), lo que ha hecho que resalte la capacidad de diálogo y la cordialidad de Alberto Garzón. Al final, la prepotencia de Pablo Iglesias, sus alusiones despectivas a las banderas, a las mochilas, a los perdedores, etc., se han vuelto en su contra, como cabía esperar.

En cambio Alberto Garzón parece haber seguido el buen consejo de Marco Aurelio: la mejor defensa es no parecerse a ellos. Ha actuado con humildad casi franciscana, acudiendo a ver al señorito para consentirle nuevos desaires; ha explicado su programa con claridad y contundencia; ha exhibido el pasado de lucha con orgullo; se ha declarado comunista sin ambigüedades ( como hizo en una carta que tuvo la amabilidad de dirigirme); ha mostrado genuino interés en la unidad de la izquierda; ha dado pruebas de que le importa más la transformación de la sociedad que su propio protagonismo o su cargo.

En fin, que Podemos ha conseguido, en mi opinión, como un reactivo químico, sacar del marasmo a la izquierda, cosa que no puedo dejar de agradecerles.

Gracias a Podemos, va tomando forma un proyecto de Unidad Popular que se expresa con tanta claridad, firmeza y elegancia como lo está haciendo Garzón. Cuenta con mi apoyo y mi aplauso (valga lo que valiere) y confío que con los de muchos más y más valiosos.

Ahora Podemos tiene dos opciones: sumarse al proyecto, unirse a la izquierda, por más que lo haya rechazado (no sería la primera vez que dicen Diego donde dijeron digo) o seguir pavoneándose en "la centralidad" del patio del cole y dando vueltas como un estafermo en esa transversalidad suya que un día es de izquierdas y otro de derechas. 

En realidad, las dos serían positivas para la izquierda. La primera por sumar fuerzas; la segunda porque, por contraste, como ha hecho hasta ahora, daría más fuerza a la izquierda. Mi pregunta es: ¿cuál van a elegir?

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