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“La música en vivo no genera problemas de convivencia”

Daniel Granados en el Bar Absenta del Raval (Barcelona)

Yeray S. Iborra

El Bar Absenta programa música en directo regularmente en los bajos del local. A partir de ahora, podrá hacerlo bajo un paraguas legal gracias al nuevo marco legal que el pasado lunes presentó el Ayuntamiento de Barcelona. La circular ha recibido el aplauso de los músicos, la precaución de las salas —a la espera de cómo se desarrolle el régimen de subvenciones y la limitación de decibelios— y la incertidumbre de los vecinos, que prevén problemas en las puertas de los locales. En la coctelería del Raval, situada frente a la Plaça del Pes de la Palla, hay un hilo musical tenue y sólo dos mesas ocupadas; poco alboroto, no se escucha ni la conversación de al lado. El sonido no supera los 65dB.

Daniel Granados, profesor del Master en Industria Musical y Estudios Sonoros de la Universidad Carlos III de Madrid, hace años que toca con varios grupos de la ciudad (Tarántula o Flamaradas), ha sido promotor musical y está al frente de Producciones Doradas, un espacio de reflexión sobre cultura digital y música. También ha puesto en funcionamiento el Primavera Pro, entre otros proyectos para repensar la relación entre la música y el sector. Desde principios de septiembre es el asesor externo del Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) en el Pla de Cultures 2016-2026 que debe marcar las directrices de las políticas culturales en Barcelona en los próximos diez años. Antes del verano se convocará la línea de subvención (hasta 400.000) para la insonorización y las reformas de bares, salas y restaurantes.

¿Cómo se ha conseguido cambiar la norma que regía la música en vivo en la ciudad?

Nos planteamos un plan de trabajo que entendía que no podíamos adaptar una serie de normativas sin hablar con diferentes departamentos del Ayuntamiento, entonces se hizo una mesa de trabajo en la que participaban Ecología Urbana, Seguridad, Urbanismo, Licencias y Cultura. Y a partir de aquí hemos estudiado cuáles eran los criterios que nos permitían trabajar la norma ya existente de otra manera y flexibilizar, haciendo una interpretación propicia a partir de revisar criterios y procedimientos que derivan de la norma, en este caso en favor de bares, cafeterías y restaurantes.

¿Qué es el “Espai de Música Viva”?

Junto a la línea de subvenciones también está la idea de fomentar una visión de la música en positivo, por eso generamos el “Espai de Música Viva”: espacios que tienen una relación con su contexto de proximidad, y que generan un marco adecuado para que la música de base pueda sonar en Barcelona. Habrá una mesa de trabajo para saber quién podemos añadir en esta etiqueta, no la haremos nosotros sin contar con los mismos espacios.

¿Cómo se ha hecho la nueva normativa?

Lo que hemos hecho es una revisión de los procedimientos y criterios que derivan de la norma de la Generalitat. Lo que nos dijo la Gene en este proceso es que hasta ahora los criterios eran muy restrictivos, pero no olvidemos que son los Ayuntamientos los que los revisan: cualquier ley es interpretable, para eso sirven los jueces y los técnicos. Y así lo hemos hecho, lo que ha derivado en nuevos procedimientos. No es algo excepcional, pasa en otros ámbitos.

Entonces, ¿era sólo una cuestión de voluntad política?

Evidentemente. Era una falta de voluntad política, de reconocer una actividad que se estaba dando en la ciudad pero con tratos particulares: locales con Departamentos, locales con Distritos, llegaban a acuerdos sin cambiar el marco normativo. Desde un punto de vista político era una mala práctica, había que ir al marco normativo.

¿En qué punto estaba este plan en septiembre cuando entras?

Desde septiembre se me invita a participar del redactado del Pla de Cultures 2016-2026, un plan habitual que hacen los diferentes gobiernos cuando empiezan el mandato. Este Plan se hace en dos direcciones: una a partir de los vectores políticos que ya estaban en el programa de BenComú —y como estos se traducen en medidas concretas—, y la otra en un proceso se participa con mesas de debate sobre ciertos temas. Uno de los vectores políticos principales del programa de BenComú de mayo de 2015 era el reconocimiento y empoderamiento de la cultura de base. Yo, cuando entro, sitúo una serie de prioridades en la comisionada; una de ellas era cambiar el marco normativo para que espacios como el Heliogàbal tuvieran amparo legal. En ese momento el Helio recibe una serie de inspecciones.

¿El Heliogàbal ha acelerado el proceso?

No especialmente, porque en dos meses es imposible hacer todo este trabajo. Sí que generó cierta inquietud, por lo que supone su cierre pera la música, pero los tiempos venían marcados desde antes.

Después del trabajo interdepartamental, se inician reuniones con agentes representativos: ¿Los vecinos no deberían haberse incorporado ya a estas reuniones para no crear alarma social?

Nosotros nos hemos basado en la normativa medioambiental, que marca los decibelios que una actividad con público puede acabar generando.

¿Esta normativa está consensuada con los vecinos?

Está en el Plan de Usos, por lo tanto debe estarlo.

Se destaca que la nueva normativa no sea sólo una cuestión sectorial, que mire más por la música que por la industria.

La música es un hecho social, no sólo un producto y en todo este proceso había una cuestión fundamental: huir de la idea sectorial de la cultura. Pensar la música más allá de un producto o de un evento. Debe ser un proceso ciudadano: la música nos permite expresar cosas que en otros ámbitos no podemos. La música es uno de los rasgos culturales más masivos, es un espacio de proyección de las tensiones sociales.

Se ha blindado a bares, cafeterías y restaurantes, pero... ¿y librerías, y salas de exposición?

Hay que empezar por algún sitio. En la rueda de prensa explicamos un plan de trabajo hasta el verano con las medidas a las que teníamos que llegar; intenté dejar claro que lo que presentábamos era esta circular que repercute sobre este tipo de licencia... Pero hay una serie de espacios que están en nuestra hoja de ruta. Como hay voluntad política y estrategia —y lo tengo que decir sorprendido—, avanzas mucho más rápido de lo previsto: vistos los espacios de diálogo y cooperación entre departamentos, soy optimista.

Freedonia, Cronopios... ¿entrarán?

Estamos trabajando intensamente para que entren en el marco legal, sí.

¿Qué son 25dB?

25dB es el silencio. Lo que pedimos es la insonorización a los locales para que las viviendas cercanas no les llegue el ruido: si se pasa de 30dB en las habitaciones no será legal [dependiendo del horario; a partir de las 23h serán 25dB].

¿Y más allá de lo que pase dentro de la sala? Los cigarros fuera, también son ruido.

Correcto: el 95% de las denuncias vinculadas a música en vivo no tienen que ver con la música en vivo, es por el ruido que se genera fuera del establecimiento. Y lo que estamos pensando ahora, con grupos de trabajo con distritos, vecinos y Guàrdia Urbana es como interferir cuando haya un conflicto. El ruido fuera de los establecimientos no tiene nada que ver con la música en vivo... También ocurre con las coctelerías, y con...

...Y con el fútbol.

Aquí es donde quería llegar. La música en vivo no genera un problema de convivencia. Y hay que decirlo bien claro. Es lo que ocurre en la calle lo que genera un problema. ¿Qué pasa con el deporte, donde hay un tejido brutal de bares que ponen partidos y la gente sale a fumar y grita gol y no pasa nada?

Quizá es que en las casas también se está mirando el partido.

Esto por un lado, pero en serio, es que el deporte está bien visto socialmente. No hay una visión crítica sobre el deporte, se considera siempre que tiene cualidades buenas [ironiza]; tenemos que conseguir que desde el Ayuntamiento se conciencie sobre el tema y evitar que se criminalice sólo la música. Lo que es un problema —el ruido fuera de los locales—, en todo caso, lo es pero compartido con todos los establecimientos, haya música o no.

Esto tiene pinta de sanciones.

Nosotros estamos trabajando siempre con los vectores de mediación e interlocución, desde el ICUB no pensamos en sanciones...

¿Y la Guàrdia urbana, en qué piensa?

Nosotros velaremos para que las medidas que se impongan sean de diálogo. Pero tampoco descarto nada: hay ciertas actitudes que tampoco son aceptables, porque por culpa de algunos individuos el espacio termina criminalizado. Habrá ciertos márgenes para buscar estrategias conjuntas, para minimizar el impacto acústico de fuera.

La música no amplificada, con la nueva circular no será necesario notificarla.

Siempre que no pase de los 78dB. A partir de aquí tampoco será legal.

Sólo los limitadores son unos 3.000 euros (más su mantenimiento), se ha hablado de una partida de subvenciones de 400.000... ¿Será suficiente?

Hay un presupuesto y voluntad política: en 2015 eran 75.000 para salas y ahora son 400.000 para todos los espacios. Y dudo que inviertan todo el dinero: sería una maravillosa noticia, de hecho. El caso del Heliogàbal: ellos dicen que tienen una multa de 18.000 y que contando todo tenían que recuperar unos 25.000, pues tienen que hacer una inversión de 7.000. Es decir, los locales no parten de cero.

Hemos ayudado a los locales, pero ahora... ¿Quién programará con la situación del sector?

Yo creo que la fiscalidad y el reconocimiento administrativo de la profesión de músico debe contemplarse dentro del Plan, pero hay competencias donde el Ayuntamiento tiene menos margen. Lo tenemos que evaluar. Formo parte de un grupo de trabajo que está haciendo un plan estratégico de la música para la Generalitat y este es uno de los temas que estamos tratando. Personalmente, como músico y programador, estoy presionando para que se reconozca otro estatus legal de la actividad musical.

¿Hay margen?

Es una de las variables, pero sinceramente, no sé cuáles son las competencias que tenemos; en la medida que podamos, reconoceremos un trabajo despreciada profesionalmente y laboralmente. Debemos acabar con la precariedad de este ámbito, pero de momento estamos creando un ecosistema. Somos sensibles a la precariedad, siempre que sea una actividad profesional, porque también puede no serlo (música amateur) y no pasaría nada, puede haber música en directo que no sea profesional. Esto no es una reforma para el sector, es una reforma para la música de base. El ICUB, más allá de la industria, debe procurar las políticas que apoyen la música de base. Y Barcelona dispone de un tejido rico y diverso que ha estado en peligro. Además, esta parte amateur es la más ligada a lo social de la música: “Lo hago porque me brota, porque me sale, y punto... Y lo puedo hacer en casa o en un bar equipado”. Nos equivocaremos si queremos marcar directrices para la profesionalización de la música por defecto.

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