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CATALUNYA

Nadia Ghulam; "Para sobrevivir tuve que adoptar el papel de chico”

La Sala Tallers del TNC ha estrenado Nadia, una obra basada en la experiencia de la joven afgana Nadia Ghulam

La protagonista narra en primera persona cómo asumió la personalidad de su hermano durante once años

El espectáculo enlaza su pasado en Kabul con su presente en Cataluña para fomentar el debate entre Oriente y Occidente

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Nadia Ghulam narra su experiencia en la Sala Tallers / TNC

Nadia nació en Kabul, Afganistán, en 1985. Cuando tenía 8 años, durante la guerra civil, cayó una bomba en su casa, lo que le provocó heridas muy graves. Cuando salió del hospital, 14 operaciones más tarde, su familia seguía viviendo con muchas penurias. En aquellos momentos había terminado la guerra, pero la había seguido la instauración del régimen talibán, que no permitía que las mujeres trabajaran. Esto era grave para la familia de Nadia, porque el padre tenía problemas de salud y no podía trabajar, y el hermano mayor había muerto. En estas circunstancias, decidió hacerse pasar por un chico y salir a trabajar para mantener el padre, la madre y las dos hermanas pequeñas. Vivió con un nombre que no era el suyo durante 11 años. En 2006 viajó con una ONG en Barcelona para operarse las múltiples heridas del impacto de la bomba. Vive en Badalona y hace lo que siempre ha querido: estudiar y formarse para poder ayudar a su país. La historia real, perturbadora y en primera persona de esta joven afgana protagoniza, hasta el 11 de febrero en la Sala Tallers del TNC, el documental escénico Nadia. Carles Fernández Giua, Eugenio Szwarcer y Nadia Ghulam suben en el escenario para transmitir esta experiencia, una historia que enlaza el pasado en Kabul con su presente en Cataluña y que, como refleja la siguiente entrevista, proyecta una mirada de esperanza hacia el futuro.

Tenemos una vida dentro de muchas vidas. ¿Cuántas has vivido tú?

La guerra lo trastoca todo, te hace vivir la vida de una manera muy diferente. Me gusta decir que vivo la adolescencia! Cuando llegué con 21 años, recuperé la niñez que me habían robado. Mi primer regalo en Cataluña fue un osito de peluche. Me hizo mucha ilusión. Allí, en lugar de jugar me tenía que preocupar de mi madre y mis hermanas pequeñas.

¿Hay un antes y un después del bombardeo?

El bombardeo me dejó graves heridas que me desfiguraron sensiblemente la cara. Pasé unos meses en coma. Después de recuperarme y salir del hospital comenzamos una vida nómada, no teníamos lugar donde vivir. Acabamos en un campo de refugiados en medio del desierto. Un campo de refugiados con una vida muy, muy difícil. Rodeados de escorpiones y serpientes, conviviendo con miles de personas.

¿Qué es lo que te hizo volver a Kabul?

Cuando la gente pasa hambre y miseria se vuelve muy egoísta. En el campo de refugiados nos alimentabamos de arroz, lentejas y harina. No podíamos cocinar. La situación era terrible y decidimos volver a Kabul. La ciudad aún estaba en guerra y éramos los únicos habitantes del barrio. Corríamos todos mucho peligro.

¿Como se te ocurrió hacerte pasar por chico durante once años?

Si quería sobrevivir y ayudar a mi familia debía adoptar el papel de chico. No me lo pensé mucho, tomé esta decisión y tiré adelante trabajando. Me hice pasar por chico para poder llevar comida a casa. No teníamos muchas opciones ni yo ni mis hermanas en un Kabul en conflicto y dominado por los talibanes. Era un mundo muy machista y violento.

¿Con la presencia americana te sentiste más liberada?

Con la llegada de las tropas estadounidenses tuvimos que aprender inglés, llegaron los periodistas, las ONG y tuvimos que relacionarnos con ellos. A mí me permitió empezar a estudiar, pero no pude abandonar nunca mi identidad masculina.

¿Cómo surgió la posibilidad de viajar a Barcelona?

Mi historia llegó a la prensa, empezaron a seguir la pista de "la mujer que se hacía pasar por hombre para poder trabajar y ayudar a su familia". No entendía por qué todos me buscaban, tenía mucho miedo de que se esparciera la voz y descubrieran mi identidad. Ellos me hacían fotos, yo cobraba. Era parte de mi rutina hasta que conocí a una reportera para la que empecé a trabajar como traductora y eso hasta que me consiguió un pasaporte para llevarme a Barcelona. Me operaron para curarme las heridas del bombardeo y pude recuperar mi condición de mujer, además de cumplir un sueño de la infancia estudiando una carrera universitaria.

¿Ha sido útil la ayuda humanitaria en Afganistán?

Yo estoy en Cataluña gracias a una ONG. No me gusta generalizar. No todas hacen mal las cosas pero muchas veces el desconocimiento de la realidad lleva a hacer cosas que no ayudan nada.

¿Ha mejorado la situación de la mujer?

Afganistán progresa lentamente en las grandes ciudades, pero sigue atascada en los pueblos. A pesar de algunos signos de apertura, la mujer sigue siendo muy discriminada. Cuando voy me tengo que tapar y esconder la cara para que no me reconozcan por las circunstancias en que huí. La mujer tiene la consideración de objeto, que difícilmente puede tener vida propia si no es bajo la tutela permanente del hombre. Siempre digo a mi madre (continúa viviendo en Afganistán, con sus hermanas) que preferiría que mi país no tuviera nada si a cambio de ello se pudiera vivir en paz y libertad.

Nadia es una obra con mensaje que quiere llegar a la gente. ¿Por qué has decidido llevar tu historia en un escenario?

En Internet corren muchas versiones. El teatro me permite explicar mi versión. He vivido una vida larga y llena de guerra en Afganistán y la quiero contar yo misma. No quiero manipulaciones ni malentendidos, ni que se discuta si se está de acuerdo o no con lo que se dice. Por lo tanto, es mi versión y no hay otra.

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