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¿Por qué hablan de responsabilidad social cuando quieren decir género-marketing?

¿Qué esconde todo esto de la responsabilidad social en temas de género? Dejar las cosas como están, pero con una aureola de que "nosotros aquí hacemos políticas de igualdad" y nos ponemos la medalla correspondiente

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Últimamente nos han acostumbrado a ver a las empresas y las administraciones públicas tratar el tema de la igualdad de género desde la perspectiva de la "responsabilidad social" o "del compromiso social", una nueva manera de ejercer el "género-marketing" o lavado de cara empresarial en temas de género. La pregunta es: ¿De qué nos estáis hablando? Con responsabilidad social no hay más detrás que un claro eufemismo, una falta de voluntad a la hora de tratar el tema de la igualdad como una cuestión de medidas concretas de igualdad efectiva que debe ser capital en la empresa y al que nos obligan normas de máximo rango, como la Ley Orgánica 3/2007, de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres.

Lo más absurdo es que las propias instancias vinculadas a la igualdad se han creído esta broma de mal gusto y están dispuestas a aceptar -y aceptan sin ningún tipo de cuestionament- esta pura y burda falacia. ¿A alguien se le ocurre que el salario de los trabajadores o el tiempo de trabajo sea un tema de "responsabilidad social" o de "compromiso social"? ¿Verdad que no? Todo el mundo en la empresa quiere que sean efectivas las normas que obligan a pagar el salario a fin de mes, a respetar la jornada máxima o las vacaciones anuales sin tener que apelar al compromiso social y a la buena voluntad de la persona que dirige la empresa. Las mujeres queremos que se cumplan las normas laborales y los convenios colectivos de igual manera que el resto de derechos laborales, porque las normas de igualdad también son normas vinculantes.

¿Qué esconde todo esto de la responsabilidad social en temas de género? Si analizais un poco vereis una clara falta de mujeres en los puestos de decisión y una brecha salarial galopante que no se tiene ninguna voluntad de combatir. O sea, dejar las cosas como están, pero con una aureola de que "nosotros aquí hacemos políticas de igualdad" y nos ponemos la medalla correspondiente. Pues pasemos de las políticas a los derechos efectivos.

Desgraciadamente, estamos empezando a aceptar como un hecho indiscutible que los derechos de las mujeres tengan que depender del supuesto compromiso social o responsabilidad social de nuestra empresa o institución pública. Nosotras no queremos vernos en esta trampa que lo único que persigue es lavar la imagen sucia en temas de género en instituciones y empresas básicamente machistas y en absoluto paritarias. Efectivamente, en los últimos tiempos asistimos a una especie de género-marketing de instituciones públicas y privadas que quieren esconder bajo el paraguas de la responsabilidad o del compromiso social la falta de paridad en sus órganos de dirección, su ausencia de mujeres en los puestos de responsabilidad, la falta de normas efectivas de corresponsabilidad real... en definitiva, la falta de igualdad de oportunidades.

Acudir a responsabilidad social en temas de igualdad es una manera de desviar la atención hacia mecanismos no vinculantes (lo que los anglosajones llaman soft law) una cuestión que debería ser respetada y exigible como cualquier otro derecho contenido en una ley orgánica. Que no nos hablen de responsabilidad social cuando quieren decir género-marketing.

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