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La inauguración de la “Casa del Sol” en Gràcia como ejemplo de deslocalización turística

Gràcia se ha convertido en el eje de lo que se podría llamar la “deslocalización” y/o “periferización” de la expansión turística de Barcelona

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Era de prever. El día de la inauguración del discutido nuevo hotel de la Plaza del Sol, en Gràcia, éste amanece con pintadas del tipo “Tourist go home”, “La gentrificación mata els barris”, “Gràcia no esté en venta” o “L’oficina d’habitatge resisteix”.

La Vila de Gràcia no es un barrio cualquiera y lo ocurrido en la Plaza del Sol ejemplifica muy bien las dinámicas que está viviendo esta parte de la ciudad de Barcelona. Seguro que los inversionistas suizos que han puesto en marcha este hotel desconocían el historial del barrio, de la plaza y de la esquina con la calle Maspons. En un par de años, el inmueble ha pasado de ser un colmado clásico, “La alimentación del Sol”, a albergar la emblemática y popular “Oficina d’Habitatge de Gràcia”, hasta finalmente llegar a convertirse en un hotel de tres estrellas con piscina. Algo huele a especulación.

La plataforma “Gràcia cap a on vas?” y la Assemblea de la Vila de Gràcia ya venían denunciando la ola especuladora y turística que se estaba dando en el barrio. Desde hace más de una década, Gràcia se ha convertido en el eje de lo que se podría llamar la “deslocalización” y/o “periferización” de la expansión turística de Barcelona. Desde una perspectiva economicista, el barrio estaría siendo víctima de lo que los especialistas han llamado “deslocalización del gasto turístico”. Este tipo de operación intentaría trasladar el gasto turístico y, por tanto, la inversión y el empleo, considerado como verdadero maná caído del cielo, hacia otros barrios y/o áreas de un destino cualquiera que se considera saturado. Es decir, ampliar el monocultivo turístico en un despliegue sin fronteras. Este tipo de maniobra económica no se genera espontáneamente, sino que obedece a políticas estratégicas y de planificación muy concretas por parte de las fuerzas políticas que siempre cuentan con el apoyo y el aplauso de determinados sectores económicos. Exactamente igual que la gentrificación, donde es imposible entender el uno sin el otro.

Sin embargo, esto no es nuevo para la plaza del Sol. Esta popular área del entramado urbano gracienc ya había vivido anteriormente fuertes polémicas cuando se llevaron a cabo las reformas que condujeron a la eliminación de gran parte de los bancos y al aumento de la privatización del espacio urbano que supuso la proliferación de terrazas. De hecho, tras varias manifestaciones y protestas, el edificio que ahora hospeda el hotel ya hace más de un año que fue ocupado por la mencionada “Oficina d’Habitatge”. Desde este espacio y punt de trobada se desarrolló durante un tiempo una interesante labor de denuncia y acción con respecto a la proliferación de plazas turísticas y el encarecimiento de la vivienda

¿Sabían los empresarios suizos que han montado el hotel del historial de esta equina? Uno de los encargados del establecimiento hotelero de 18 habitaciones, el día siguiente de las pintadas me comentó: “el barrio es así, que le vamos hacer”. El barrio es así, y la esquina entre Plaza del Sol y la calle Maspons nunca será un lugar cualquiera. A pesar de la presencia constante del personal de una empresa de seguridad con el objetivo de controlar que nadie manchara las paredes recién pintadas, no ha sido posible controlar la respuesta de un barrio que se dice herido. La web del hotel cuenta sobre unos graciencos bohemios y de Gràcia como un barrio autentico. Una autenticidad, si es que existen esos barrios auténticos, que justamente este hotel pone en discusión.

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