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Precariedad, feminización y Catalunya, los tres retos del congreso de CCOO que comienza hoy

El primer sindicato catalán afronta su conclave encarando la renovación interna para así iniciar la ofensiva de la recuperación

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Votación final de l'Assemblea Sindical Oberta, de hace un año foto: TOMEU FERRER

Votación final de l'Assemblea Sindical Oberta, de hace un año foto: TOMEU FERRER

El undécimo congreso de CCOO de Catalunya se inicia en clave de renovación. El principal sindicato catalán afronta retos esenciales. En el ámbito general debe encabezar el cambio estratégico que implica pasar «a la ofensiva» después de un duro periodo de resistencia marcado por la crisis. En Catalunya CCOO ha de mantener su posición de primer sindicato, evitando que el proceso independentista le desgaste. Finalmente debe afrontar un profundo proceso de renovación que tiene como elemento más llamativo la sustitución del secretario general, Joan Carles Gallego, por Javier Pacheco. Esto significa que el sindicato pase definitivamente a ser gobernado por quienes no vivieron la transición. Pase de ser dirigido por un profesor a por un empleado industrial.

El congreso reunirá en el Palau de Congresos de Barcelona 651 delegados y delegadas que representan las organizaciones territoriales del sindicato y también las cinco federaciones en las que se ha reorganizado. Los cotizantes superan los 140.000, cifra que remonta desde inicios del 2017. El sindicalismo que representa CCOO tiene precisamente en la recuperación de la afiliación uno de sus retos.

Los sindicatos han tenido que afrontar en la crisis la emergencia de un nuevo tipo de asalariado. Se ha pasado del trabajador con empleo estable al ocupado a tiempo parcial, contrato temporal y un salario que no le permite llegar a fin de mes. Al mismo tiempo, las políticas laborales más crueles desde la dictadura han dejado sin trabajo a decenas de miles de empleados de más de 50 años, que difícilmente encontrarán un nuevo trabajo si no cambian las circunstancias.

Entre 2008 y 2016 los sindicatos mayoritarios han tenido que afrontar dos reformas laborales: un cambio de las reglas de juego una vez comenzado el partido. También han sido afectados por la aplicación de una legislación represiva que ha llevado a los tribunales más de 300 sindicalistas y ha facilitado muchos cierres de empresas y despidos.

Cara y cruz

La respuesta ha sido una mezcla de perseverancia y capacidad de aguante. Situaciones como la huelga de Valeo, contra la deslocalización de la factoría de Martorelles, o la de Delphi de Sant Cugat serían la cruz y la cara del trabajo sindical durante la crisis. En estos conflictos CCOO ha movilizado y negociado al mismo tiempo. Pero, ello en unas situaciones más difíciles.

CCOO ha jugado varios papeles al mismo tiempo. Por un lado, ha sido soporte clave de los movimientos sociales y por la otra ha estado presente en las mesas de negociaciones de grandes acuerdos con gobiernos e instituciones públicas. Este papel ambivalente le ha valido alabanzas, quizás envenenadas, desde las entidades oficiales y también críticas procedentes de quienes hubieran querido ver al sindicato en pie de guerra cada día del año.

Otro elemento que ha afectado la vida del sindicato es la cuestión catalana. Mientras organizaciones muy sólidas se han dividido ante el debate, CCOO ha pasado sin recibir ni un rasguño. La clave ha sido la apuesta por el derecho a decidir, sin avanzar ni un paso más en ninguna de las dos grandes líneas que de ese principio se derivan: la federalista y la independentista. Los dirigentes del sindicato, que tienen su opinión, pero la guardan celosamente, tienen claro que "en una situación u otra el sindicato deberá hacer su trabajo: defender las trabajadoras y los trabajadores". Y de cara a la organización estatal, CCOO de Catalunya parece sentirse cómoda con la vinculación confederal. A ello contribuye que en el ámbito interno tiene Concierto Económico, algo que Catalunya no ha alcanzado todavía.

Mujer y precariedad

De cara al futuro, el sindicato tiene que afrontar grandes decisiones. Una es la lucha contra la precariedad. En el sindicato saben que los jóvenes con trabajos a tiempo parcial y condiciones miserables deben verlo como su defensor, si no, no hay futuro.

El segundo elemento es la presencia de la mujer. Esta ha sido la revolución discreta que se ha dado durante ocho años. CCOO es cada vez más una organización paritaria. Y las mujeres en muchos aspectos son punta de lanza. Las resoluciones congresuales y la participación en la dirección mostrará si el cambio supera la cosmética.

Y unos apuntes finales. El sindicalismo está en las redes. Internet no es extraña a los activistas, de CCOO y del resto de organizaciones. Los sindicalistas han tomado, en cierto modo, el timón de la comunicación, que es cada vez más horizontal. Esto tiene efectos a varios niveles. En la Asamblea Sindical Abierta celebrada hace un año, se demostró que las redes y las asambleas presenciales no son contradictorias y que si el sindicato quiere mantener su papel, debe saber escuchar aquellos que tiene a su alrededor y también debe saber comunicarse con ellos.

Finalmente, la forma de hacer las cosas. En un tiempo en el que a los poderosos les gustaría la desaparición del sindicalismo un elemento ha sidoo decisivo: una política de cuentas claras y de acción transparente. En este sentido, las grandes decisiones ya no se tomarán en petit comité sino con el voto de todos los afectados. Y este es otro de los cambios imprescindibles.

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