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Culturas

Mi cajón dicotómico

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Nuestros gustos nos definen. Al menos eso parece que creemos. Quizás de manera subconsciente (o no) pretendemos que se nos relacione e identifique con ciertos iconos y símbolos, que se nos suponga parte de un determinado club, de un club de alguna forma exclusivo. Que todo el mundo sepa qué cajón tenemos reservado, qué cajón somos dignos de ocupar. En este contexto es donde emergen las grandiosas dicotomías que tanto gustan en Mi Chambergo.

Uno prefiere el cocido o la fabada, el chorizo o la morcilla, que a su vez puede ser de cebolla o de arroz, los grumos del Cola-Cao o la inmediatez del Nesquik, la cerveza o el vino, el whisky o el ron, Reservoir Dogs o Pulp Fiction, Magic o Jordan, la playa o la montaña, las rubias o las morenas, Fender o Gibson…

Por supuesto, esto es aplicable a la música: uno se queda con las melodías de los  Ramones o prefiere la furia de los  Sex Pistols (con el permiso de  The Clash). Hay quién se sume en el mito inmortal de  Nirvana, mientras que otros viven la evolución hacia la madurez de  Pearl Jam. En el Reino Unido de los 90, se era de  Oasis o de  Blur. Sin embargo, menos incompatible parece amar de la misma forma a  Bob Dylan y a  Neil Young, aunque siempre he pensado que hay la misma cantidad de características que los unen y  que los separan.

¿ Hendrix o  Clapton? es como decir ¿ Jordan o  Magic? Entre los dos primeros lo tengo claro. Me cuesta más descartar la opción del de los Lakers, pero el número 23 siempre fue mi ídolo.

Bulls At Lakers, Feb 7, 1990

Si nos movemos en el jazz, los dos nombres que surgen al instante son  Miles Davis y  John Coltrane. En el soul me decantaría por  Al Green frente a  Marvin Gaye. Como la evolución natural del blues hacia terrenos más agresivos, a finales de los sesenta aparecen  Led Zeppelin en Inglaterra y los  Allman Brothers en Estados Unidos.

Recientemente he asistido a los conciertos de  My Morning Jacket y de  Wilco. Algunos comparan sus sublimes directos, pero a pesar de que se trata de dos de los mejores grupos en activo, no creo que hayan alcanzado una «rivalidad» lo suficientemente elevada como para convertirla en otra de nuestras dicotomías.

One big Holiday (live), Azquena Rock Festival 2012

Impossible Germany (Live)

Y llegamos a la clave del asunto: cuando meas, ¿te sacas la picha o la picha y los huevos? ¿eres de los  Beatles o de los  Stones?

En mis sueños, en el cajón que ocupo, algún día me encontraré de sobremesa, habiéndome comido un cocido con morcilla de cebolla, regado con una Mahou helada, al lado de  Jordan y  Hendrix, escuchando las discusiones del viejo  Neil con  Eddie Vedder sobre si el vino estaba cojonudo o simplemente espectacular. Cuando acabe mi copa de ginebra (¡esto está fuera de las dicotomías!), y vaya a desahogarme en el urinario de al lado, estará  George Harrison silbando Here Comes The Sun.

Here comes the sun, 1969

En cualquier caso, no me importaría hacer alguna visita, con una Gibson bajo el brazo, a  Earvin Magic Johnson y sacarme también los huevos al mear escuchando Jumping Jack Flash. Y es que, afortunadamente, en la música no siempre hay que elegir.

Jumping Jack Flash, 1967

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