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Colas imposibles para ver a Garnier y sonidos urbanos, en el cierre del Sónar

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Colas imposibles para ver a Garnier y sonidos urbanos, en el cierre del Sónar

Colas imposibles para ver a Garnier y sonidos urbanos, en el cierre del Sónar

Colas imposibles han rodeado esta noche el espacio circular donde Laurent Garnier se ha puesto al mando de la nave para ofrece siete horas ininterrumpidas de música envolvente y bailable, mientras en el resto de escenarios de festival Sónar Barcelona reinaban los sonidos urbanos.

El Sónar ha cerrado de madrugada su edición de este año con la convicción de que el nuevo escenario SónarCar, donde se ha instalado el francés, es tremendamente atractivo, quizás demasiado.

Garnier ha empezado su sesión a las doce de la noche, en este espacio emblemático del Sonar, que este año ha cambiado totalmente su fisonomía, para adquirir forma de club de los de antes y desvincularse de los Autos de Choque, que han cambiado de lugar.

Fue el mismo Garnier quien sugirió la idea del set de siete horas, para poder experimentar con su relato musical sin prisas y con toda la noche por delante, aunque el formato de larga duración no ha evitado las aglomeraciones.

Aunque en el Sónar el movimiento entre escenarios es constante y la entrada y salida de gente de SónarCar ha sido continua toda la noche, las colas han sido la norma.

Unas colas anchas y desordenadas que chocaban con las riadas de personas que salían del interior, en un caos que, afortunadamente, público y personal de seguridad se han tomado en general muy deportivamente.

En el exterior de la burbuja de Garnier, los sonidos urbanos han reinado, con nombres como Skepta, que en un mundo en el que hay bastante facilidad para conceder títulos nobiliarios ha sido nombrado "rey del grime", esa mutación genérica todavía en construcción que se nutre del hip hop más oscuro y de texturas jamaicanas, superficies sobre las que este londinense de ascendencia nigeriana sabe desenvolverse a la perfección.

Skepta ha vuelto a Barcelona, tras el concierto con su hermano en el Sónar del año pasado, para presentar su reciente "Konnichiwa", su cuarto álbum.

Los incondicionales de los sonidos urbanos han continuado ruta hacia otro escenario, donde Stormky ha llevado el grime a terrenos más suaves.

Antes que Skepta, en el mismo espacio, ha actuado Kaytranada, también con raíces hip hop pero un vuelo que le lleva a terrenos más expansivos.

El canadiense de origen haitiano Kaytranada, Louis Kevin Celestin en su partida de nacimiento, era uno de los nombre esperados de esta edición del Sónar, por donde ya pasó hace un par de años.

Los recientes mensajes positivos lanzados por este músico, productor y dj de apenas 23 años con su disco "99.9%" han quedado confirmados con su actuación en el SónarPub, una sesión con una potente carga subterránea, que salen a la superficie en forma de tallos con ramas de hip hop r&b, house y disco.

Kaytranada, respaldado por unas pantallas cargadas de imaginería hindú y paisajes flúor, ha estado intocablemente elegante, en forma y en contenido, quizás todo excesivamente pulcro.

En el SónarClub, otro nombre, el del dúo alemán Booka Shade ha generado unanimidad en la pista de baile, con su house orgánico, de ritmos profundos e irresistibles.

Los berlineses han presentado en la última noche del Sónar su espectáculo, "Movement 10", un autohomenaje, porque supone la celebración de los diez años de su mítico álbum "Movements".

La pareja de productores alemanes Arno Kammermeier y Walter Merziger han realizado una exhibición de pericia, de un colorido sonoro tan perfecto que algunos pueden confundirla con comercial.

Nada más lejos, ya que se trata de una síntesis depurada de las corrientes de baile contemporáneo; electro-house, toques de pop sintético y bases de cemento que los hacen irresistibles.

En directo, con el sonido de la batería tan presente, temas como "Night falls", "Darko" o "Mandarine girl" han sonado cómo si fueran de ayer mismo.

Las velas en este aniversario las han puesto un espectáculo de luz de desbordante diseño, creadas para esta ocasión especial.

A última hora, la música de baile de Fatboy Slim, que ya actuó el jueves, y del español Paco Osuna ha despedido al público del Sónar hasta el año que viene, que todavía no sabemos que deparará, pero difícilmente superará el nivel de variedad de esta edición.

Rosa Díaz y Sergio Andreu

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