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Hasbún sostiene que "para seguir adelante, tan importante es recordar como saber olvidar"

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Hasbún sostiene que "para seguir adelante, tan importante es recordar como saber olvidar"

Hasbún sostiene que "para seguir adelante, tan importante es recordar como saber olvidar"

Rodrigo Hasbún, al igual que uno de los personajes de "Los afectos", su segunda novela publicada en España, inédita aún en Latinoamérica, cree que no es verdad que la memoria sea un lugar seguro. "Para seguir adelante, tan importante es recordar como saber olvidar", sostiene el escritor boliviano.

"Nos movemos entre las dos vertientes: qué decidimos olvidar y qué recordar por nuestro propio bien", recalca, en una entrevista con Efe, quien está considerado uno de los más brillantes y prometedores narradores jóvenes en lengua española.

A él tanto elogio no le deja indiferente; no, pero casi. Lo agradece, sobre todo, porque facilita que sus libros lleguen a más lectores, y de distintas latitudes, pero se olvida de ello en el instante mismo en que, confiesa, se sienta a escribir.

"Es cuando me enfrento -dice+- a otro tipo de fantasmas; y me siento inseguro, primerizo..., sin importarme lo que se dice de mí. Mientras escribes, confrontas la pura verdad: las cosas no siempre salen como quisieras ni eres necesariamente el escritor que quisieras ser".

Hasbún (Cochabamba, Bolivia, 1981) ha viajado a España con "Los afectos" (Random House) recién llegada a las librerías y para asistir el martes a su presentación. Además, firmará ejemplares de sus libros en la que será su primera visita a la Feria del Libro de Madrid, que este fin de semana vuelve a su cita anual con los amantes de la lectura.

Inspirada en hechos reales, una realidad que Hasbún ha convertido en ficción, "Los afectos" tiene a Hans Ertl, un idealista, aventurero, explorador, fotógrafo y camarógrafo de la cineasta alemana Leni Riefenstahl, mimada por el nazismo, y a sus tres hijas, Monika, Heidi y Trixi, como protagonistas principales del relato.

Una familia, los Ertl, que emigra desde Alemania hasta Bolivia tras finalizar la II Guerra Mundial, como tantas otras de judíos y alemanes que se instalaron, por motivos diversos, entre ellos la huida o la culpa, en diferentes países latinoamericanos.

Una imagen del padre y dos de sus hijas, aún adolescentes, en mitad de la selva amazónica boliviana, perdidos en su aventura por encontrar lo que todavía hoy sigue siendo una leyenda, Paitití, la antigua ciudad de los incas, disparó en la mente de Hasbún el deseo de contar la historia de esta familia.

Otras veces, relata el escritor, es una simple frase en una conversación, "algo que escucho por ahí", o una lectura lo que provoca en él un deseo irrefrenable de sentarse a escribir.

Un deseo que hasta ahora ha dado como fruto una primera novela, "El lugar del cuerpo", y varios libros de cuentos y relatos, un territorio éste en el que Rodrigo Hasbún se mueve con comodidad.

Escritor preciso y minucioso, muy minucioso, "consciente más o menos de sus límites y limitaciones", Hasbún, cuya familia, de origen palestino, emigró también a Bolivia, reconoce ser un escritor lento.

Un escritor que presta mucha atención "a la revisión" de lo escrito. "Es ahí, en ese momento, cuando me enfrento con un poco más de frialdad y distancia a la escritura inicial, que es muy desbordada y, por lo tanto, en general muy mala", dice.

Es el momento, continúa, de "quitar todo cuanto no hace falta, de dejar que el manuscrito descanse, para volver a él con nuevos ojos. Eso sí, siguiendo siempre la lógica de la reducción".

El resultado son textos a los que no sobra ni falta una sola palabra, breves -"Los afectos" apenas tiene 140 páginas, aproximadamente la mitad de lo escrito inicialmente- y a los que solo logra poner punto y final cuando el editor le mete prisa, porque no cumple los plazos de entrega.

"He aprendido -confiesa- a ser muy despiadado conmigo mismo, y a deshacerme de páginas enteras. Soy implacable". ¿Inseguridad, insatisfacción ante lo escrito?, se pregunta. "Seguramente hay mucho de insatisfacción, y un perfeccionismo que se vuelve dañino en algún momento, que no siempre sé controlar y que no siempre desemboca en los mejores resultados".

Hasbún, que acaba de fijar su residencia en Houston, Texas, Estados Unidos, después de haber vivido antes en Chile, Canadá, Barcelona o en el estado de Nueva York, entre otros muchos lugares, se considera, como los personajes de su novela, un emigrante.

"No acabo de estar seguro -reflexiona- a donde pertenezco, y me pregunto con frecuencia si es posible pertenecer a más de un lugar al mismo tiempo; creo que sí".

A pesar de ese constante ir y venir, sus sueños siempre, "siempre", recalca, suceden en Cochabamba. "Hay una fijación con ese lugar que recupero con el sueño y la escritura. Agradezco que sea así. Es una manera de seguir unido a la tierra".

Allí, en Cochabamba, hace quince años y con apenas 18, Hasbún comenzó a escribir unos diarios que desde entonces no le acompañan. "Una especie de registro secreto de lo que voy viviendo", unas páginas que le sirven de desahogo y terapia.

"Ahí -confiesa- sí que puedo escribir frondosamente, sin corregir ni releer. Simplemente acumulo". Unos diarios que, a día de hoy, nadie leerá nunca, asegura.

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