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Cuatro momentos terroríficos de películas que parecían otra cosa

Las escenas más terroríficas no vienen de las películas de terror habituales, sino de títulos que desafían los géneros y juegan con las expectativas del espectador. ¿Cuáles son las tuyas?

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Mulholland drive

'Mulholland drive'.

La sinopsis –un veterano de la guerra de Vietnam empieza a tener extrañas alucinaciones– no prepara para lo profundamente perturbadora que resulta La escalera de Jacob, un momento de tensión inesperada del director de Nueve semanas y media y Flashdance. Es más, ¿cómo va a dar miedo una cinta protagonizada por Tim Robbins? Pero la película es fantástica; además del giro inesperado del final –(lo más aterrador de la pesadilla de Jacob Singer es que no está soñando)–, los momentos más criminales lo son porque parecen errores de la retina, instantes escondidos en momentos perfectamente cotidianos donde el espectador mismo –al igual que su protagonista– duda de si ha visto lo que ha visto o sólo se lo ha imaginado.

La escalera de Jacob es, por cierto, "una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella" (Génesis 28,11-19). También da nombre a  una de esas complejas figuras que nos enseñaban los abuelos a hacer con las manos y un cordel en los días de lluvia.

La escena del crímen: Mulholland drive

Uno de los momentos más terroríficos de la historia del cine está incrustado sibilinamente en la bellísima obra maestra de David Lynch, cuando Dan quiere ir a un diner a desayunar porque ha tenido un sueño en el que pasa algo que es al mismo tiempo perfectamente cotidiano y profundamente horroroso. La escena tiene la misma cualidad hipnótica y perturbadora de las pesadillas recurrentes, desde lo absurdo del hecho mismo hasta su completa inevitabilidad. Indescriptible, irrepetible y, una vez lo has visto, inolvidable.

Don't look now: Venecia noir

Como los dos títulos anteriores, Don't look now (Nicolas Roeg, 1973) no es lo que parece. La extravagante coproducción italo-británica empieza siendo un drama setentero sobre un matrimonio destrozado por la pérdida de una hija, y se convierte en un experimento fascinante sobre los extremos del somatismo, salpimentado por una edición espasmódica y un uso perverso del color rojo.

La película tiene dos escenas famosas; la primera es un refriego del matrimonio, cotidiano y monumental, que encabeza cada año la lista de las mejores escenas de sexo de la historia del cine. La segunda ocurre hacia el final y cambia toda la película de golpe (mejor no pinchar en el vídeo si no han visto la película). Como la escena en el diner y los glitches de Jacob, una vez has mordido esa manzana envenenada, ya no puedes olvidar su sabor.

Audition: el amor nos hará pedazos

Audition (Takashi Miike, 1999) parece un romance asiático al uso: un viudo que no ha superado la pérdida de su amada organiza un casting  televisivo con la secreta intención de buscarse una esposa joven y guapa sin tener que irse de copas y asistir a inauguraciones. Y allí está, a punto de tirar la toalla, cuando queda prendado de una joven de belleza nívea y aspecto infantil.

El juego se desarrolla de la manera habitual –él la busca, ella es tímida, él insiste, ella tiene miedo pero está interesada– hasta que, durante una conversación telefónica que mantienen los enamorados, un saco olvidado en un rincón de la pantalla se empieza a mover. Rodado con el mismo sadismo frío, meticuloso y exquisito con el que la sorprendente protagonista sujeta la jeringuilla. Kiri, kiri, kiri.

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