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ACÚSTICO | Carmen Boza

"Me cabrea que me digan que toco la guitarra como un tío"

Carmen Boza vuelve a girar a partir del viernes con La mansión de los espejos, su primer álbum reeditado por Warner

La cantautora critica el sexismo de la industria musical: "Nos venden dos tipos de mujeres. La diva híper sexualizada que está buena y las chicas sensibles, tristes y débiles que cantan al amor"

Dejó un "trabajo normal" en su Cádiz natal para jugársela en Madrid, donde ha sido camarera y teclista de Auryn

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Avril Lavigne le puso por primera vez una guitarra entre las manos a los 15. Con ella, Carmen Boza (La Línea, 1987) se dio cuenta de que podía crear música. Doce años después, su nombre está en la lista de los últimos fichajes de Warner.

Para llegar al gigante discográfico ha pasado por autopistas, carreteras de doble sentido y hasta barrizales: fue camarera en Madrid, teclista de Auryn y se editó su primer disco, ahora reeditado por la multinacional. La pasta que no tenía la sacó de un crowdfunding que desbordó todas sus expectativas. Consiguió 12.000 euros en ocho horas, solo pedía 10.000. Desde el viernes gira con La mansión de los espejos por segunda vez y con un nuevo single: 'Fin'.

En varias entrevistas aconsejas tener un plan B al sueño de vivir de la música, ¿es una utopía comer de tus canciones?

Hay gente que puede vivir, que llena la nevera de la música. Ya sea con sus canciones o haciendo versiones en los bares. Pero es un poco naif pretender convertirte en una súper estrella megamillonaria. Es decir, esperar el estrellato inmediato. Todo eso está muy alejado de lo que significa para mí esta profesión: una especie de comunión entre el compositor y su instrumento, concebir al creador como una pieza más del engranaje para generar canciones para que otra gente las escuche. Tengo una idea mucho más romántica que económica.

Te acaba de fichar Warner. ¿Temes que el gran dinosaurio discográfico te moldee a su gusto?

Estoy en una fase muy temprana de trabajo con una multinacional. Por suerte tengo un equipo de gente cerca en la que confío, aún no conozco bien la industria y su funcionamiento. Aunque hay una cosa que sí tengo clara, y es que los objetivos a medio y largo plazo de una compañía y de un artista independiente son muy distintos. Yo lo que quiero en esos plazos es hacer canciones de puta madre y seguir tocando. Eso para una empresa que maneja presupuestos puede sonar a un cuento. ¿Cómo se traduce eso a resultados? De todas formas, hace tiempo que he dejado de pensar que las discográficas son gente mala que quieren hacer daño al mundo.

¿Por qué hay tan pocas mujeres que se dedican a la música?

Esta profesión está muy masculizada, y dudo mucho de que sea porque la música no interesa a las mujeres. Este juego de roles nos determina. A mí y a mis amigas nos han pasado cientos de historias que tienen que ver con el hecho de ser mujeres. En general, notas que tienes que demostrar mucho más para conseguir el mismo nivel de aceptación de entrada que tiene un tío por ser un tío.

¿Puedes contar alguna de esas historias?

Hay una que se repite mucho. A menudo me halagan diciéndome que toco como un tío la guitarra. Y yo pienso: ¿como un tío cómo? ¿Tengo que tocarla mal por ser una tía? ¿O tengo que tocarla más suave?

¿Y qué me dices del modelo de cantautora dulce, desvalida y con el corazón roto?

Diría que la industria de la música nos vende dos tipos de mujeres. Por un lado, la diva híper sexualizada que está buena y baila; por otro, las chicas sensibles, tristes y débiles que cantan al amor que se ha roto. 

¿La industria musical es sexista?

Sí. Lo habitual es juzgar a una artista por su físico. Si está buena, que enseñe cacho y baile. Si canta que te cagas pero está un poco gorda, no la vamos a poner a bailar. Entonces la vestimos como una señora mayor y buscamos otro juego, como ha pasado con Adele.

Fuiste teclista de Auryn.

Sí, básicamente por pasta. Llevaba un par de años currando en un bar de Malasaña. Pasaba por un periodo terrible de sequía. Pensaba que había perdido el mojo, que no tenía talento para esto, pero necesitaba seguir pagando el piso. Un día me dije: ¿por qué si considero que tengo algo de talento tengo que seguir aquí poniendo copas?.

Entonces un amigo me dijo que Auryn estaba buscando armar una banda de chicas. No lo consiguieron. Toqué a ratos la guitarra, pero fundamentalmente estaba a las teclas. En realidad era un curro en el que me pagan mejor y además tocaba. En esos escenarios tan grandes me preguntaba si en algún momento estaría con mi música cerca de todo eso. Sí que fue una experiencia que me sirvió, al menos para conocer esos entramados.

¿Todo músico tiene que ser mercenario alguna vez en la vida?

Depende un poco de tus aspiraciones, pero sí. La mayoría terminamos haciéndolo durante una época. A mí siempre me ha gustado mucho relacionarme con mi instrumento. Me encanta tocar. También es verdad que hay músicos que tocan y componen que no tienen la aspiración de exponer su obra. Asumen que su papel es aportar con su música a los proyectos de otros. Poner tu cara a un proyecto es durillo, no te creas. No siempre va bien.

¿Cómo venderías tu música y tu sonido?

Mi sonido no lo sé, aún lo estoy buscando. Sobre mi música no sé qué diría. "Vas a vivir una experiencia ultrasensorial" [risas]. Creo que hago canciones que están bien y toco la guitarra de puta madre. La podría tocar mucho mejor, infinito, pero estamos trabajando en ello. Doy por hecho que cuando eso suceda va a llegar más gente, si tengo la exposición que tengo ahora.

Sí creo que cuando alguien me ve defendiendo un tema le genera cierta sorpresa y cierto placer también. Me molaría que pensaran: ¡hostia, qué guay! ¡Cómo hace para que suene así! Suelo usar afinaciones abiertas, quiero que suene lleno. Y todo eso es poco convencional para una artista que toca en acústico. No sé, que vengan a los conciertos. 

Próximos conciertos: Sala Universonoro (19/02 Palencia), Lata de Zinc (20/02 Oviedo) y The Irish Theatre (26/02 Salamanca).

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