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Cultura & tecnología

LOS DISCOS DE LA SEMANA

Princess Nokia, la rapera feminista que aspira a ser una estrella global

Además, en nuestra selección semanal de discos comentamos lo nuevo de The National, Rostam y el recopilatorio de 'avant garde' latino Invenciones

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Princess Nokia

1992 Deluxe
Rought Trade / Popstock!
RAP
7/10

El rap nacional (o trap, si así lo prefieren) no es el único que ha encontrado en YouTube la plataforma más idónea para llegar a su público. Princess Nokia, alias artístico de la neoyorquina de origen portorriqueño Destiny Frasqueri, es uno de los nombres que han venido sonando con fuerza en los últimos tiempos con apenas un puñado de clips en la red.

Pasó por la última edición del Sonar con mucha expectación a su alrededor y este mes de octubre se presentará en directo en el Monkey Week de Sevilla, Madrid, Barcelona y Zaragoza.

Viene a presentar este 1992 Deluxe, que más que un primer disco al uso -en realidad en 2014 y 2015 ya puso en descarga dos colecciones de canciones primerizas- supone una recopilación de los temas que ha ido lanzando a lo largo del último año en la red. Dieciséis canciones que son un fiel reflejo de lo que Frasqueri puede ofrecer a día de hoy

Vinculada a productores como Ratking, interesados en hacer avanzar los límites del rap, las canciones de Pincess Nokia se sitúan en un lugar indeterminado a medio camino del afilado sonido Atlanta que marca el paso al rap mundial y la aguerrida heterodoxia de M.I.A. El territorio perfecto para esta aspirante a estrella global que temáticamente se mueve entre el feminismo militante, el orgullo racial y la exhibición de una cultura pop -los Simpson, Juego de Tronos, los videojuegos,… -que saca a pasear con desinhibición. A seguirle la pista.

 

The National

Sleep Well Beast
4AD / Popstock!
POP
8/10

Con siete discos ya a sus espaldas y un reconocimiento de crítica y público envidiable -casi habría que decir inesperada para un grupo de sus características- a The National sólo les queda ponerse trampas en el camino para mantenerse en guardia, los sentidos agudizados, la ilusión intacta. El grupo maneja una fructuosa dualidad en lo creativo: por un lado los hermanos Dessner & Devendorf -los cuatro instrumentistas de la banda- se encargan de la vertiente compositiva, mientras que el cantante Matt Berninger no rinde cuentas ante nadie a la hora de dotar de sentido a las canciones.

Como letrista, Berninger siempre ha jugado a equilibrar cierta abstracción lírica con una poesía mundana, una suerte de diario de viaje con detalles concretos de su devenir vital. Y de esa forma durante los tres últimos lustros le hemos acompañado en su progresivo proceso de madurez, desde aquellos devaneos incipientes con la fama que le costaron más de un disgusto dentro y fuera del grupo hasta el posterior shock que supuso la paternidad, la asunción de responsabilidades que le llevó a expresarse abiertamente en la cosa política, etc. De alguna forma The National son a la música de nuestro tiempo lo que la trilogía Antes de amanecer de Linklater al cine. Y Berninger sería su guionista.

Berninger se declara felizmente casado pero para Sleep Well Beast el desgarbado líder ha decidido explorar las dificultades del matrimonio en el mundo moderno. Lo ha hecho de la mano se su propia esposa, coautora de unas letras que trasladan al mundo del pop los demonios internos que corroen incluso aquellas relaciones que pueden considerarse felices. Una sucesión de claros y oscuros, derrotas esperanzadas y amargas victorias que encajan a la perfección en el imaginario del grupo y aspiran a fotografiar el día a día del urbanita de clase media contemporáneo.

Y como marco de esas historias, los Dessner plantean una serie de medios tiempos en los que el piano gana protagonismo frente a anteriores entregas. Los aciertos, los momentos más emocionantes, se agolpan en la primera mitad del disco donde la oscuridad de antaño deja paso a una versión cada vez más adulta de la banda, con baladas hermosas como Born to Berg o aquella que da título al disco.

 

Alex Cameron

Forced Witness
Secretly Canadian / Popstock!
POP
8/10

Entre las infinitas novedades discográficas del año pasado llamó la atención la reedición de un disco que originalmente vio la luz en 2014 en un sello minúsculo, sin apenas repercusión. Se titulaba Jumping the Shark y lo firmaba un estrafalario australiano de nombre Alex Cameron, con largo currículo a sus espaldas en su país natal. Con aquel disco, cocinado sin apenas medios en su estudio doméstico, se reinventaba como músico y contador de historias, inaugurando una etapa que le alejaba de su pasado en la banda de tecnopop Seekae para convertirle en una suerte de crooner estrafalario.

Ya en la ronda de entrevistas que dio a propósito de aquella reedición Cameron advertía que su inminente nuevo material suponía un nuevo paso adelante en su carrera. Y efectivamente,  Forced Witness matiza los aspectos más grotescos (también divertidos) de aquella colección de canciones para acercarnos a un músico que va a por todas.

Pongamos por caso el primer single, un dueto titulado Stranger’s Kiss que interpreta junto a Angel Olsen y que, más allá de la influencia springsteeniana (que sobrevuela todo el disco) me trae a la memoria aquellas emocionantes canciones de amor a dos voces que los Pogues de Shane McGowan nos regalaron en diferentes momentos de la década de los ochenta.

Es tal vez el momento más brillante de un disco hortera sólo a primera vista, que gana con cada nueva escucha. En él Alex Cameron definitivamente abandona el sonido de todo a cien de su antecesor para lanzarse de lleno al terreno del soft rock. Y es que con estas canciones es muy probable que hace treinta o cuarenta años el músico de Sydney se hubiera convertido en superventas.

 

Rostam

Half-Light
Nonesuch / Warner
POP
7/10

Rostam es Rostam Batmanglij, hasta hace bien poco la principal cabeza pensante de Vampire Weekend. Cada vez más centrado en su carrera como productor -además de ejercer como tal para la banda madre, también podemos rastrearle en trabajos de Solange, Haim, Charli XCX o Carly Rae Jepsen, entre otros- parecía cuestión de tiempo que se lo montara al margen de sus antiguos compañeros de grupo. Hizo un amago el pasado año al firmar un álbum conjunto con el líder de The Walkmen, y finalmente con Half-Light se atreve a dar el salto en solitario.

El disco tiene una secuenciación de lo más lógica. Los dos primeros temas, Sumer y Bike Dream, perfectamente podrían haber formado parte de cualquier disco de Vampire Weekend. Pero con el tercero, el que da título al álbum y que cuenta con la colaboración de Kelly Zutrau, ya adivinamos una deriva inédita en la carrera de Rostam. Se muestra mucho más íntimo que de costumbre, sentado al piano, potenciando un falsete que le aleja de ese indiepop con el que siempre le hemos identificado para acercarle al pop superventas de Elton John, al que volverá en la sentimental I Will See You Again. En Thatch Snow aparece un autor aún más adulto: las cuerdas soportan el peso de la canción y, ya de paso, justifican el porqué de la publicación de este disco por un sello como Nonesuch, cercano a la contemporánea.

Seguimos. Sus orígenes iraníes se asoman en Wood, una de las mejores piezas del álbum, a medio camino de la étnica, el pop, el minimalismo y la banda sonora para una película de Disney. Pero conforme el disco avanza, baja la puntería: Don’t Let It Get to You igualmente apuesta por la colisión entre música étnica y pop, pero cierta indefinición y una batucada digna de Mayumaná se llevan el tema por delante. Los experimentos con el autotune de Hold You (junto a Deradoorian) o When directamente consiguen ponerme de los nervios.

Al final del camino, cuando estos quince temas llegan a su fin, la percepción es que Rostam es un artista en proceso de encontrar su voz. Una voz que cada vez se encuentra más alejada de ese pop luminoso, de melodías tarareables por el que una vez le conocimos. Démosle tiempo.

 

Varios Artistas

Invenciones. La otra vanguardia musical en Latinoamérica 1976-1988
Munster
EXPERIMENTAL
8/10

Si atendemos a las dos líneas de publicación que han mantenido ocupado al sello madrileño Munster en la última década -la recuperación del pop y el rock latinoamericano clásico y la vertiente más experimental de la música popular española de los 70 y 80- era cuestión de tiempo que un volumen como Invenciones terminara viendo la luz. Su subtítulo es suficientemente explícito: nos encontramos ante una antología de la música experimental que tuvo lugar a otro lado del Atlántico en un periodo que arranca con los albores del punk y finalizaría en el momento en que comienza a democratizarse la tecnología electrónica, lo que a la postre derivará en la explosión dance.

Los catorce artistas incluidos en este doble disco -Manongo Mujica, Banda Dispersa de la Madre Selva, Miguel Flores, Amauta, Autoperro, Malalche, Decibel, Jorge Reyes, Grupo Um, Carlos Silveira, Musikasutomatika, Quum, Vía Láctea y Miguel Noya- provienen de una tradición experimental que cuestiona la razón de ser de la música contemporánea. También su función social, lo que se traduce en muchas de estas piezas en una colisión entre los laboratorios de ideas de corte electrónico, la nueva canción y propia la tradición folklórica de los compositores e intérpretes.

Se hace evidente, por ejemplo, en la propuesta free del peruano Miguel Flores o en el collage sonoro con ecos tangueros de los argentinos Banda Dispersa de la Madre Selva.

En ocasiones estas piezas escuchadas en abstracto y desprovistas de contexto carecen de un valor que adquieren cuando echamos mano de su propia intrahistoria: son obras que, a la manera de la “música degenerada” que combatieron los nazis, desafían al poder y/o aspiran a reflejar una época convulsa desde una aparente abstracción. Aquí reunidas se convierten en complemento perfecto de otro recopilatorio reciente, Outro Tempo: Electronic and Contemporary Music from Brazil 1978-1993 de Music From Memory.

 

Zola Jesus

Okovi
Sacred Bones / Popstock!
GÓTICO
8/10

Nika Roza Danilova es a la generación millennial lo que Nico o Siouxsie Sioux a sus predecesoras: una voz de tintes góticos que se mueve a medio camino del romanticismo y lo siniestro, el éxtasis y el tormento. A la hora de enfrentarla a aquellas, su música refleja la transformación del pop desde los grandes presupuestos de antaño hasta las producciones cuasidomésticas de la actualidad. Pero más allá de cuestiones puramente económicas y de su influencia en la manera en que escuchamos música hoy, lo cierto es que hay un hilo invisible que conecta el sentimiento trágico de todas ellas.

Un sentimiento que cobra más importancia que nunca en el sexto disco de Zola Jesus. Dice Danilova que la muerte le ha sobrevolado en los tres años que han pasado desde la publicación de la publicación de Okovi. El intento de suicidio de un amigo y la lucha de otro contra el cáncer inevitablemente le han resituado, han ayudado a replantear su espacio en el mundo. Y obviamente le han afectado como artista.

Okovi (significa “cadenas” en eslavo) es el álbum más hermoso de Zola Jesus. También el más trágico y solemne, lo que no deja de tener su punto irónico al suceder cronológicamente a Taiga, tímido y fallido intento por convertirse en estrella pop a su paso por el sello Mute. Está dominado por ambientes y arreglos orquestales majestuosos resueltos con sintetizadores y soluciones midi –la escasez de medios manda-. De ser otras las circunstancias nos encontraríamos sin duda ante un disco mejor y más impresionante, pero con todo y con ello Zola Jesus firma una brillante colección de canciones, de una sinceridad desarmante.

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