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'American Crime': cuando la crueldad es imprescindible

American Crime es una rareza en el panorama seriéfilo actual: incómoda y áspera para agitar la conciencia del espectador

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Felicity Hoffman, en la tercera temporada de 'American Crime'

Felicity Hoffman, en la tercera temporada de 'American Crime'

Muchas series nacen con el propósito de servir al entretenimiento y aspiran a ser la mejor opción para desconectar. Esto no está reñido con que otras quieran agitar conciencias, y así lo hace desde hace tres años American Crime.

La producción es  peculiar por muchas razones. La primera y más evidente es que el espectador, ya que va a enfrentarse a una historia áspera que se agarrará a su conciencia más allá del visionado de cada capítulo, puede empezar a verla por donde quiera. American Crime ha sido una de las impulsoras del resurgimiento de las series antología, aquellas en las cada temporada es una historia independiente y sin ningún tipo de conexión con las anteriores o las siguientes.

Sin embargo, como hicieran  American Horror Story o Fargo, American Crime ha querido que sus actores principales se hayan constituido casi en una compañía teatral que repite participación cada temporada,  pero siempre dando vida a personajes completamente distintos. 

El maestro que se esconde tras bambalinas es John Ridley,  quien tras alcanzar la gloria hollywoodiense con 12 años de esclavitud se ha entregado a destapar las miserias de la sociedad estadounidense con las tres temporadas que acumula ya American Crime. La serie no ha tenido unos resultados demasiado brillantes en audiencia, por lo que su supervivencia es una anomalía en EEUU, pero cuenta con el aplauso de la crítica y el reconocimiento de los Emmy, donde ya es una de las habituales en las nominaciones de las categorías de mejor miniserie.  

American Crime debutó cuando la presidencia de Obama ni siquiera vislumbraba el volantazo hacia Donald Trump, con  dos temas centrales en los que la política quedaba en segundo plano.

La primera entrega de capítulos arranca con un crimen violento para poner sobre la mesa los  prejuicios sociales y raciales en la ciudad californiana de Modesto. La segunda ponía el foco en el  acoso social y la discriminación sexual en una escuela elitista de Chicago. La tercera temporada, disponible ya en Movistar+, ha llegado en sincronía con el nuevo inquilino de la Casa Blanca para retratar las duras condiciones laborales y el desarraigo de los inmigrantes que ven que la búsqueda de una vida mejor acaba en tragedia.

Tras mostrar a los espectadores la cara menos amable de Illinois y California, American Crime viaja hasta Carolina del Norte donde una familia de terratenientes explota a los inmigrantes que (mal)contrata para salvaguardar un modelo económico que le ha proporcionado poder y riqueza.



La dureza del reto que American Crime propone a sus espectadores y que cumple con creces por la calidad con la que lo sirve es también un regalo para los actores que despejan sus agendas cada vez que se confirma la renovación. Esta temporada vuelven a lucirse Benito Martínez ( The Shield), Regina King ( The Leftovers), Richard  Cabral ( Arma Letal), Connor Jessup ( Falling Skies) y Felicity Hoffman ( Mujeres desesperadas). Se unen Sandra Oh ( Anatomía de Grey) y Cherry Jones ( Transparent).

Nunca la aspereza y la crítica de American Crimen podrá sentirse tan actual y cercana como en esta temporada. Un sueño y una pesadilla convertidos en realidad.

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