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'SMILF': la serie entre el humor y la tragedia para madres arrepentidas

La serie, prima hermana de Shameless, es un relato sobre la maternidad sin idealismo pero con una protagonista que conectará fuertemente con el espectador

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Frankie Shaw, creadora y protagonista de 'SMILF'

Frankie Shaw, creadora y protagonista de 'SMILF'

En SMILF  no es difícil confundir a Bridgette y a Frankie Shaw. La primera es la protagonista de una de las series que aspira a colgarse el cartel de revelación y la segunda es su creadora, que se inspiró en su propia vida para alumbrar hace dos años un corto del mismo título que gustó en el Festival de Sundance y se convirtió en la serie que ahora puede verse en España, en Movistar+.

Como su alter ego,  Frankie Shaw empezaba a encadenar trabajos como actriz en televisión y buscaba tomar las riendas de su carrera. Sin limitaciones pero eso sí, tachando en el calendario cada fin de mes más al que había conseguido sobrevivir.

Trasladado a la pantalla de televisión, el resultado es SMILF, prima hermana de Shameless en su mezcla de humor incorrecto y drama cotidiano. La serie cuenta con una protagonista, Bridgette, que seguramente no es ejemplo de nada para nadie pero que triunfa al saber ganarse la empatía del espectador casi de forma inmediata.

SMILF es un retrato de la maternidad sin idealismo y sin ahorrar en detalles que no siempre están bien vistos que se digan en voz alta. Residente en un barrio de clase baja de Boston, expromesa del baloncesto femenino, exmilitar y víctima de abusos en su niñez, Bridgette es también madre de un bebé que no llega a un año. Mantiene una buena relación con el dispuesto pero inmaduro padre de la criatura, da clases particulares a los hijos de una familia acomodada, está a la caza del siguiente trabajo precario que la ayude a soñar con llegar a fin de mes y de paso se resiste a abandonar sus dos grandes sueños: jugar al baloncesto como profesional y retomar su carrera como actriz.

A todo esto hay que sumar la complicada relación que mantiene con su madre, interpretada por una gran y casi irreconocible Rose O'Donnell, y un trastorno alimentario. ¿Demasiado drama? Puede ser que sí, pero es lo que hace más efectivas y menos esperadas las bofetadas que da al espectador la historia de SMILF,  que cuenta con esos momentos más escorados hacia el humor (el que antecede al desastre) que hacia la tragedia.

Sin pretender ser ejemplo de nada, lo mejor que tiene Bridgette es un optimismo innato del que ni siquiera es consciente, el amor por su hijo, que tampoco hace que sea una mejor madre, y la conexión que consigue con el espectador. De momento, a SMILF  lo único que no le hace justicia es el título.

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