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Un propósito de año nuevo

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Dos mil trece no ha sido un buen año. Incluso los que no somos supersticiosos en absoluto nos hemos sentido tentados por la maldición del trece para explicar la deriva que ha vivido España, en general, y la Comunidad Valenciana, en particular, en los últimos doce meses.

El legado de ese año que ya hemos abandonado será sin duda el del paso atrás. La regulación de nuestras libertades públicas se ha hecho más restrictiva, la moral religiosa ha vuelto para asumir un papel protagonista en la redacción de leyes y, quizá lo peor de todo, buena parte de la clase política ha seguido empeñándose en significarse como una casta aparte y privilegiada para la que, al parecer, no deben actuar las mismas leyes que para el resto de los ciudadanos.

Además de la erosión democrática que todo esto supone, empezamos dos mil catorce siendo más pobres, más incultos, menos competitivos y mucho menos avanzados científicamente. Pero empezamos, a pesar de todo.

Si alguna ventaja tiene el ciclo natural de las cosas es que nada es eterno. Incluso los años malos quedan confinados dentro de los trescientos sesenta y cinco – o trescientos sesenta y seis – días que les confiere el calendario gregoriano. Y entonces llega el momento del cambio.

Cambiamos de año y algo se mueve en nosotros. Pensamos en emprender proyectos nuevos y, tal vez demasiado inocentemente, nos dejamos contagiar por un optimismo nuevo. Durante unos días parece que todo es posible y que quizá este año pueda ser mejor.

No me voy a engañar. Tenemos por delante otros trescientos sesenta y cinco días complicados. Veremos más atropellos democráticos; perderemos –todavía más– calidad e independencia educativa; la corrupción y la desvergüenza seguirán poniendo a prueba nuestra capacidad de asombro. Y seguiremos siendo los últimos de la fila.

Todo eso llegará sólo. Y además sin buscarlo. Pero mientras llega ¿quién dice que debamos renunciar a ese optimismo de principios de año? 2014 todavía está recién estrenado así que estamos en el mejor momento para tratar de mirar las cosas de otra manera. Es el momento de asumir una actitud diferente. Porque nadie nos va a dar el cambio que esperamos así que más nos vale empezar a buscarlo nosotros. Es un propósito de año nuevo como otro cualquiera: aprovechar esa energía renovada para decidir cómo buscar el cambio y cómo propiciarlo. Quién sabe, quizá así logremos que 2014 sea diferente.

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