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Una víctima de trata: “A los 12 años trabajaba de cuatro de la mañana hasta las once de la noche”

Toussaint Yékodji Assogba, tras participar en el primer Congreso Internacional Educo, celebrado en Madrid. / Foto: Luis Paul Gallut Crespo (para Educo).

Laura Olías

Toussaint Yékodji Assogba tenía 12 años cuando la mujer de un amigo de su padre les ofreció aquello que no podía afrontar su progenitor: financiar sus estudios. Había terminado Primaria en Benín, su país natal, pero su padre no podía pagar su paso a Secundaria así que envió a su hijo con su amigo, en República del Congo. Cuando llegó, el niño se dio cuenta de que había caído en una trampa. La mujer lo obligó a trabajar en las tareas domésticas de la casa y en la tienda de construcción que regentaba: “Trabajaba desde las cuatro de la mañana hasta las once de la noche”, cuenta.

Que el padre de Toussaint lo enviase a otro país a estudiar no es algo extraño en el país africano, indican en Unicef. “En Benín existe una figura que se llama 'vidomégon', que ha sido muy común en zonas rurales, por la que los niños se iban a estudiar a las ciudad o a otro país para tener más oportunidades de prosperar”, explica Almudena Olaguibel, especialista en derechos de infancia de UNICEF Comité Español.

Según cuenta Olaguibel, algunas figuras relevantes del país se formaron gracias a esta tradición, personas que no habrían tenido acceso a una educación con sus familias, y hay sectores del país que todavía confían en ella. “Lo que ocurre es que se ha pervertido”, critica. Toussaint es un ejemplo de los riesgos de la fórmula: cómo un niño puede convertirse en una víctima de trata.

Cuando Toussaint llegó a la casa del amigo de su padre, los únicos libros que veía eran los de sus hijos. “Ellos sí iban a la escuela”, explica el joven en una entrevista con eldiario.es en Madrid. “Los ayudaba a prepararse antes de ir al colegio, limpiaba la casa y cocinaba. Después iba a ayudar a la tienda de la mujer, transportaba el material, lo exponía en las vitrinas, ...”, recuerda Toussaint con voz sosegada. El chico tiene hoy 22 años y estudia en la Universidad de Abomey-Calavi (Benín) el primer curso de Matemáticas y Física. “Quiero ser profesor de Matemáticas en mi país”.

Toussaint va a la universidad porque logró escapar de la prisión en la que se convirtió su infancia. Después de dos años atrapado sin poder contactar con su padre, su madre –que se fue del hogar familiar cuando era pequeño– dio con él a través de una ONG y la colaboración de la policía de Benín y la del Congo. Su historia ha sido elegida por la organización Educo para ilustrar la trata de explotación económica que padecen miles de niños en el mundo, en el primer Congreso Internacional Educo, celebrado en Madrid.

Aumenta la trata de niños

“He venido a contar mi historia y ser la voz de los demás niños que siguen viviendo lo mismo en Benín”, afirma Toussaint. La trata consiste en “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras fuerzas de coacción”, según la define el Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas.

Aunque es muy difícil calcular el número de personas afectadas por la trata de personas, Unicef maneja una cifra de un estudio de la Organización Internacional del Trabajo, de 2002, en la que calculaban que 1,2 millones de menores eran víctimas de trata anualmente.

El último informe anual de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por su nombre en inglés), correspondiente a 2014, indica que los niños cada vez representan un porcentaje mayor en el total de víctimas. Si en 2004 los menores víctimas de trata representaban un 13% del total, en la actualidad la cifra ha aumentado hasta un 33%. Y varía según las zonas: en África, de donde procede Toussaint, y en Oriente Medio ese porcentaje alcanza el 62% del total.

La vulnerabilidad de los menores es enorme. “Pensaba todo el tiempo en cómo contactar con mi padre, pero no podía. Él no tenía teléfono”, recuerda. La explotación laboral a la que fue sometido Toussaint es una fórmula forzosa de trabajo que ha aumentado ligeramente en los últimos años, según el informe de la UNODC. En 2014, el 53% de las víctimas detectadas por el organismo eran explotadas sexualmente –la forma más común– y un 40% sufría otro tipo de explotación laboral. En 2002, esa última cifra era del 32%.

Castigo para la tratante: una multa

Toussaint recuerda que no tenía tiempo para jugar. “Todo el tiempo libre lo aprovechaba para dormir”, afirma. Tampoco lo alimentaban bien, no como al resto de la casa. En su caso, su rescate fue la salida que le ha permitido seguir con su educación, pero un menor empleado de manera forzosa no solo pierde su infancia: alejarle de su educación condena también en gran parte su futuro. “Cuando estuve en Benín hace uno años, muchos niños eran enviados a Nigeria como víctimas de trata. En África Occidental los niños son explotados sobre todo laboralmente, en el sector textil, en minas...”, explica Almudena Olaguibel.

La condena de la trata de personas es una de las tareas pendientes, en Benín y en muchos otros lugares. “La ONG que me ayudó en el Congo intentó denunciar a la mujer que nos había engañado. Finalmente, tenía que pagar una multa, pero al final no la pagó. Mi madre me dijo que no luchásemos más, que ya estaba a salvo”, cuenta el joven sin darle mucha importancia. Entre los avances destacados por Unicef en la lucha contra la trata en Benín, destaca la aprobación en 2006 de una ley para combatirla.

Enfrente de Toussaint, se sienta Tsandja Afangnon Messan, psicólogo y educador que trabaja en la asociación Foyer Don Bosco, que atendió al chico en Benín. “Hay un problema de corrupción. También, que perseguir la trata de personas no es una prioridad para el gobierno. Son las ONG las que presionan y gracias a eso se mueve. Sobre la corrupción, muchas personas prefieren no denunciar porque tienen miedo a represalias y, además, piensan que no van a ganar porque las instituciones están corrompidas”, argumenta el profesional.

Toussaint sigue el ejemplo de su madre y prefiere dejar el tema correr. Se sorprende con la pregunta de si una multa le parece poco castigo para lo que sufrió. “Mi madre dijo que no denunciásemos más”, repite. Prefiere centrarse en sus estudios de Matemáticas y confía en ser maestro, “la profesión tiene subvenciones del Banco Mundial”, dice, así que las oportunidades de prosperar son mayores.

¿Cómo te ves en el futuro? “Quiero formar una familia y tener recursos económicos para que puede disfrutar de la vida”. Según Unicef, la pobreza en Benín es un “factor persistente en la vulnerabilidad de los menores” a la trata de personas.

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