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15M: 5 años de lucha desde todas partes

El 15M nos hizo despertar y avanzar hacia la recuperación de los derechos sociales que nos robaron y hacia una vida digna

El surgimiento de todos estos movimientos sociales que se han dado alrededor del mundo ha puesto en la agenda política la necesidad de romper con las viejas estructuras políticas

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Concentración del 15M en la Puerta del Sol de Madrid. | Foto: Juventud Sin Futuro.

Concentración del 15M en la Puerta del Sol de Madrid. | Foto: Juventud Sin Futuro.

“Érase una vez una sociedad, muy superior a sus políticos”.

Cumplimos cinco años de luchas desde todas partes del mundo y es complicado añadir luz a una revolución tan relevante en las últimas décadas como fue el 15M y los demás movimientos ciudadanos que surgieron tras el estallido de la crisis de 2008. Eventos de tal magnitud política, cultural y social son difícilmente apreciables con un margen de tiempo tan corto, sin duda, pero con una mayor perspectiva histórica, dentro de cinco años, seremos capaces de apreciar cuánto ha cambiado nuestras vidas el 15M y hasta dónde llegaron sus raíces, que ya de por sí, son alargadas y fuertes.

En el año 2011 comenzaron a abrirse las grietas de un gran muro que durante décadas fuimos incapaces de ver y que asumimos como un elemento más de nuestras vidas: vivir dentro de las cuatro paredes del espacio construido por las políticas neoliberales de los años ’80, la transición como modelo de referencia democrática, una democracia limitada al voto entre dos alternativas de distinto color, pero mismo corazón, y la concepción de que la política no era algo reservado a la gente, sino que era una mera herramienta para elegir a quienes hicieran política por nosotros. Por fortuna, despertamos, para rascar las grietas de aquel muro y no sólo para ver qué había más allá, sino para ser partícipes de un mundo distinto, donde la democracia y la política se hicieran desde la gente y para la gente. La gran mentira que desenmascaró el 15M fue demostrar que la democracia no era votar a un partido o a otro cuando el primero no funcionara. El 15M consiguió algo mucho más importante: la repolitización de la sociedad y la pérdida de una autoridad representativa y política de los que hasta entonces veíamos como los protectores y garantes de los derechos sociales de nuestro país. Nos dimos cuenta que desdeñar y desaprovechar esas grietas, para ver qué había más allá del muro, hubiera sido una oportunidad pérdida.

"En el año 2011 comenzaron a abrirse las grietas de un gran muro que durante décadas fuimos incapaces de ver"


Qué alegría la nuestra cuando comenzamos a ver cómo las grietas se fueron abriendo en los muros de muchos países y vimos que no era un problema estructural localizado en un espacio concreto, sino que la red era mucho más amplia y fuerte de lo que hubiéramos imaginado: Grecia (Generación 700 euros), Estados Unidos (Occupy Movement), México (YoSoy132), Reino Unido (protestas Health, Homes, Jobs & Education), las Primaveras árabes (aunque con elementos de análisis distintos) y ahora Francia (Nuit Debout).

Entre los éxitos comunes y contagiados entre todos estos espacios donde la gente se ha organizado, encontramos varios elementos resaltables para comprender la importancia de los mismos. El surgimiento de estos movimientos sociales ha puesto en la agenda política de todos estos países la necesidad de romper con ese ajuste estructural al que nos hemos visto sometidos durante muchos años una gran parte de la población y por otro lado, el desapego hacia las fuerzas políticas existentes. La importancia del 15M, al igual que del resto de movimientos surgidos desde todas partes, es que en todos ellos se rompe con la lógica de los movimientos sociales: se pasa de pedir y reclamar, a tomar y hacerse con el espacio público, es decir, se plantea una nueva forma de democracia por medio de la recuperación del espacio público y de los derechos sociales que, si no se ejercen, no existen; a impugnar el régimen – “no somos mercancía” – y el modelo de Estado del que se han apropiado los partidos instaurados en el poder y finalmente identificar la oligarquía, a saber entre banqueros, empresarios, políticos, etc. 

Por otro lado, el surgimiento de estos movimientos sociales, han permitido la liberación de la palabra, es decir, no sólo recuperar la importancia de la participación de todas las personas sin diferenciación alguna, sino de la libertad e igualdad de la palabra para hacer de ella una herramienta política democrática sin diferenciación de status quo.

El modelo económico que se nos impuso en las últimas décadas y las políticas de austeridad del nuevo siglo, se han demostrado como algo presente, no sólo en los países con una mayor desigualdad social, sino también en aquellos dónde estas políticas, en un principio, parecían las únicas viables para salir de la crisis económica y encaminarnos de nuevo hacia un estado del bienestar para todos los países afectados por esta. El caso más reciente es el de Francia, dónde, con una ley del Trabajo ya aprobada por decreto, se contrapone una nueva manifestación de la gente en protesta por la precarización del empleo y de sus vidas. Una vez más vemos como la división de poderes de Montesquieu se rompe y se antepone una nueva división de poderes en disputa, la oligarquía y el contrapoder, es decir, las políticas para banqueros, empresarios y políticos oxidados, contra la democracia y los derechos sociales de la gente.

Han pasado cinco años en los que reclamamos dejar de estar condenados al paro, la precariedad o el exilio. Escribo estas palabras desde Londres, al igual que muchos otros jóvenes.
El 15M nos hizo despertar; nuestro contexto socio-económico nos obligó a emigrar y a luchar desde otras partes del mundo; y quizás ahora, como todos estos años, podamos tener una nueva oportunidad para seguir avanzando hacia la recuperación de esos derechos sociales que nos robaron y hacia una vida digna. No sólo desde España, sino también desde Francia, Alemania, Reino Unido, Grecia, EE.UU., México y un largo etcétera.

Nuestra generación ha nacido para seguir recordando aquellas manos levantadas en la Puerta del Sol en un silencio que hablaba por sí solo. Y así será para el resto de nuestro tiempo, siempre juntas a pesar de las fronteras.

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