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Lejos de Colombia, dentro de Colombia

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Manifestación de mujeres por la paz y la justicia en Colombia. Santiago Aguirre Sánchez / Ruta Pacífica de las Mujeres

Manifestación de mujeres por la paz y la justicia en Colombia. Santiago Aguirre Sánchez / Ruta Pacífica de las Mujeres

No me fui de Colombia huyendo como víctima directa de la guerra, pero sí como testigo de una sociedad que se ahogaba en sus violencias.  Me fui con la ilusión de conocer en Francia otro modelo político y social, y con ganas de contarle a Colombia las penas y alegrías de su comunidad en el exterior. Me empujó la curiosidad periodística y esa sana obsesión por la educación que persiste en mi país.  Pero también me fui cansada y triste de ver, escuchar y leer cotidianamente sobre el horror. Los de mi generación crecimos entre secuestros, extorsiones, asesinatos, y miedo.

Durante estos 15 años he conocido en Europa decenas de colombianos valientes que lejos de abandonar emocional y mentalmente el país, han trabajado en la distancia para construir una Colombia mejor.  Ex guerrilleros del M19 convertidos en firmes defensores de los derechos humanos, periodistas decididas a incluir siempre las voces de los más vulnerables, cantantes y artistas que rescatan en sus obras la belleza del país, estudiantes brillantes que crean proyectos innovadores, hombres y mujeres que llevan años siendo desconocidos embajadores de la paz.He visto en muchos ojos la necesidad de reafirmar su lealtad a un país que aman aunque les haya hecho sufrir.

Yo encontré en Oxfam un lugar donde aportar para acabar con esa maldita pobreza, y la creciente desigualdad que abaten el país. He trabajado con decenas de personas del mundo entero, sembrando semillas de cambio y removiendo conciencias. Y nos hemos hecho más fuertes apoyando a mujeres admirables como Jineth Bedoya, que luchan contra viento y marea para abolir la violencia machista. Este domingo la diáspora colombiana en 64 países podrá votar para refrendar el acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Desde hace semanas llueven argumentos a favor y en contra. Los medios emiten análisis y opiniones sin parar. Se celebran aquí y allá actos festivos y de reflexión. Todo bulle. El país está polarizado y la crispación se siente en las redes sociales.

Pero la esperanza de una sociedad sin guerra también ha despertado una creatividad alentadora. La acogida que ha tenido en varios países el proyecto “Para la guerra nada” de la cantautora Marta Gómez es una prueba de que el talento quiere empujar las armas también de las mentes de las personas, para dar paso a las ideas.

Si este proceso nos lleva a centrar la mirada en esos creadores de paz, si los medios nos narran las historias de perdón, si conocemos la verdad sobre el pasado, si podemos dialogar sobre las diferencias sin intimidarnos, si recuperamos la dignidad y el respeto por la vida, habremos dado el paso más importante.

Somos conscientes de que el acuerdo no implica el fin de todas las violencias, pero representa un gesto simbólico contundente. Este momento crucial para Colombia y el mundo es además una oportunidad única para cuestionarnos individualmente y en equipo, desde dentro y desde lejos de Colombia, cuál es el papel que queremos representar en este nuevo camino.

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