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Revilla el sprinter

Revilla ha sido el más astuto, ha leído correctamente el escenario político y social de Cantabria, ha sabido recoger toda la insatisfacción de la ciudadanía cántabra y la ha mezclado en su coctelera particular: pasión, regionalismo y populismo.

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Para los aficionados al ciclismo como yo, estas elecciones les han podido recordar a aquellas largas sobremesas veraniegas viendo el Tour de Francia. Encendías el televisor y veías un escapado pedaleando a buen ritmo con una ventaja tremenda respecto al pelotón. Cuando uno era niño, pensaba que era imposible que con los pocos kilómetros que quedaban para la línea de meta, el fugado fuera alcanzado. Sin embargo, de repente, dos o tres equipos se organizaban por detrás y empezaban a tirar del pelotón cazando al corredor justo antes de llegar a la meta.

En estas elecciones, el fugado era Ignacio Diego, quién para más inri, era el líder de la clasificación general, contaba con el equipo con mayor presupuesto y se había mostrado seguro de sus fuerzas antes de la etapa. Nadie había osado a discutirle que esta vez no podría ganar la general. Sin embargo, el pelotón se comenzó a revolucionar, Podemos, hasta el acoso mediático por el caso Monedero y Ciudadanos, con el provocado efecto mediático de Albert Rivera, aceleraron el pelotón recortando la diferencia del fugado.

Revilla, viejo sprinter, se mantenía escondido 'a rebufo' de ambas formaciones que derrochaban entusiasmo buscando un buen resultado en la etapa. Cuando el pelotón llegó a la recta final, viendo tan cerca al escapado y haciendo un derroche de fuerza inimaginable para un corredor tan veterano, Revilla 'cazó' a Diego y quién sabe la distancia que le hubiera podido meter si el sprint hubiera sido más largo.

El Partido Popular no ha sabido evitar que Revilla convirtiera la campaña en un cara a cara entre él e Ignacio Diego y en ese escenario, el popular, cuya personalidad chulesca y arrogante unida a la casi imposible tarea de defender su capacidad como gestor público, tenía todas las de perder. Revilla ha sido el más astuto, ha leído correctamente el escenario político y social de Cantabria, ha sabido recoger toda la insatisfacción de la ciudadanía cántabra y la ha mezclado en su coctelera particular: pasión, regionalismo y populismo. Un coctel irresistible para una parte de la población que ha preferido las bebidas clásicas a las nuevas ofrecidas por Podemos y Ciudadanos.

El personalismo de Revilla ha ocultado la campaña de estas formaciones que han pagado la novatada de no tener todavía una cara conocida y no contar con el presupuesto para poder hacerla reconocible, especialmente en el caso de Podemos, que se autoimpone una severa austeridad financiera. No obstante, la irrupción de ambos no es anecdótica ya que entran siendo clave de gobierno y suponen a futuro, una vez que sus representantes y su labor sean conocidos por la ciudadanía, alternativas reales al tripartidismo cántabro. Ayer era demasiado pronto, en el Tour no ganan los novatos.

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