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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

¿Hacia un bien común mundial?

Pablo García de Vicuña

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Seguimos hablando de educación y del reciente Informe editado por la UNESCO[1], que lleva por segundo título el que encabeza este artículo. Siendo un tanto osado, se podría conjeturar que la primera parte del mismo (“Replantear la educación”) serviría para dar sentido a la segunda; es decir, tenemos necesidad de replantearnos la educación para poder dirigirla hacia un bien común mundial. No suena mal como objetivo. Veamos qué plantea la UNESCO a este respecto.

Si bien la responsabilidad de los Estados en la administración de la educación ha sido un hecho aceptado casi unánimemente desde la generalización de la enseñanza obligatoria (tan solo es rechaza por los neoliberales que desean un Estado débil donde la eficacia y una ética basada en el análisis de la relación costes-beneficios son las normas a seguir) cada vez son más las voces que cuestionan esta situación en el siglo XXI.

En palabras de la organización mundial citada, “(el Estado) tropieza con una oposición cada vez mayor, con demandas de reducción del gasto público y una mayor participación de agentes no estatales.(…) La índole y el grado de participación privada en la educación está difuminando las fronteras entre educación pública y privada.(…) Las formas emergentes de lo privado…están transformando el carácter de bien público de la educación en un bien privado (de consumo)”.

Esta amenaza no es, sin embargo, nueva. Hace años, Michael W. Apple[2] explicaba con ejemplos referidos a la educacion estadounidense la batalla de la “revolución conservadora” por hacerse con el botín de la educación: “La educación es un campo de lucha y de compromiso.(….) En sí misma es una de las principales áreas donde se definen los recursos, el poder y la ideología en relación con la política, la financiación, el currículo, la pedagogía y la evaluación. Por lo tanto, la educación es a la vez causa y efecto, es determinante y está determinada”.

Nadie duda ahora del suculento negocio que se esconde tras la educación. J.A. Marina[3] la cuantifica en un billón de dólares, siguiendo el dato de la revista Forbes , referida a la industria del IQ (de la inteligencia). Y da, además, otro dato significativo: el poderoso grupo Pearson ha vendido la mitad de The Economist para invertir lo obtenido en educación, un sector del que es líder mundial. De ahí que proliferen empresas privadas que ofertan formación, gestión y administración del aprendizaje para construir conocimiento…privado.

Consciente de esta amenaza, la UNESCO analiza las consecuencias de la privatización en el derecho a la educación y encuentra efectos positivos (mayor disponabilidad de oportunidades de aprendizaje, más opciones para los padres y una gama más amplia de programas de estudios, por ejemplo), pero también negativos, como el control o una regulación insuficiente por parte de las autoridades públicas con los consabidos risgos potenciales para la cohesión social y la solidaridad que diezmaría una educación de calidad y la falta de oportunidades educativas para los más pobres de la sociedad.

Pese a todo, los/as más entusiastas del acercamiento del mundo privado hacia la educación, minusvalorarán los riesgos, argumentando que ya es una realidad la participación empresarial en la enseñanza superior, a través de la financiación de la mayor parte de la investigación universitaria, sin que se haya rebajado la calidad de tal etapa educativa. La entrada, por tanto, en el resto de las etapas formativas, debería continuar en la misma línea de cooperación y desarrollo público-privado. De esta opinión es también el profesor Marina, cuando afirma que para gestionar cualquier objetivo educativo de mejora que se proponga una sociedad, el papel del Estado es imprescindible, pero no suficiente. Hay que romper con el miedo atávico que los/as docentes hemos demostrado hacia la empresa y aprender a convivir con ella, de cuya enseñanza todos/as saldremos beneficiados/as.

Sin embargo, tras esta postura, en mi opinión, se encuentra una concepción del estudiante como capital humano y de la educación como un producto más, como el pan, los automóviles o la televisión. Se considera que si el fin en sí (el aprendizaje final del alumnado) está justificado, también los medios, sean públicos o privados. Y además, se introduce el valor de la competitividad internacional: lo que no hagamos nosostros, lo harán otros; el conocimiento que no seamos capaces de generar, otros países nos lo impondrán. Escuchen al profesor Marina: “Según el World Economic Forum, desde ahora al año 2030, Europa necesita crear 46 millones de puestos de trabajo de alto nivel. El informe indica que nuestra escuela no tiene la eficacia necesaria para formar a quienes deben ocuparlos, lo que exigirá importarlos de otras naciones que sí lo están haciendo, como China e India.”[4][4]. El reto del conocimiento tecnológico adquirirá más sentido si va acompañado de la necesidad de paliar actitudes individualistas, machistas, xenófobas e insolidarias como las que aparecen también en nuestra sociedad incompleta.

Y algo de esto sospecha la Unesco cuando plantea superar el concepto de bien público de la educación por otro menos comprometido con la parte más privatizadora de la ecuación: el de bien común, del que hace incluso una definición: “aquel que, independientemente de cualquier origen público o privado, se caracteriza por un destino oblligatorio y necesario para la realización de los derechos fundamentaes de todas las personas” Y lo completa con tres mejoras del bien común sobre el anterior bien público (no del todo conviencentes, en mi opinión): 1.- la educación como bien común reafirma su dimensión colectiva como tarea social común (la educación pública, vista así era exclusivamente individualista); 2.- la política pública ha de reconocer y alimentar la diversidad de contextos, cosmovisiones y sistemas de conocimiento que constituyen el bien común, respetando a la vez los derechos fundamentales (algo que, parece ser, no respetaba la educación pública) y 3.- el bien común implica concebir y aspirar a nuevas formas e instituciones de democracia participativa (en este sentido, superiores a la democracia imperfecta de la mayoría de los gobiernos actuales, por no decir ya de las formas cuasi o plenamente dictatoriales de otros estados).

Permítaseme un cierto escepticismo con esta indudable buena propuesta institucional que, al menos de momento, suena a búsqueda de un nuevo espacio común de convivencia entre lo público y lo privado. Habrá que esperar alguna concreción que supere el margen teórico y converja en resultados, quizás no tan bienintencionados, pero más realistas.

Mientras tanto, la política educativa española, a años luz de cualquiera de estas propuestas enunciadas. Como muestra un botón: una reflexión del Sr. Apple sobre la victoria de la política educativa neoconservadora en EE.UU. guarda semejanzas asombrosas con nuestro sistema educativo actual. (Recuérdese, año 2002, en la educación estadounidense conducida por la senda de “(…)los currículos y los exámenes obligatorios de ámbito nacional y estatal, el ”retorno“ a unos niveles de calidad más elevados, la revivificación de ”la tradición de Occidente“ y del patriotismo y variantes conservadoras de la formación del carácter.(…) También se encuentra el miedo al ”otro“, miedo que se expresa en su apoyo a un currículo nacional normalizado, en sus ataques al bilingüismo y al multiculturalismo y en su insistencia en unos niveles de exigencia elevados”[5][5]. ¿No les suena a cierta ley educativa de nuestro ínclito Sr.Wert?

[1] Replantear la Educación ¿hacia un bien común mundial?. Unesco, 2016

[2] “Educar como Dios manda”, Paidós, 2002

[3] “Despertad al Diplodocus. Una conspiración educativa para trasnformar la escuela y todo lo demás”. Ariel, 2015

[4] Op. Cit. Págs 29-30

[5] Op cit. Págs 64-65

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