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Armenia y Azerbaiyán se miden la paciencia en Nagorno Karabaj

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Armenia y Azerbaiyán se miden la paciencia en Nagorno Karabaj

Armenia y Azerbaiyán se miden la paciencia en Nagorno Karabaj

Lejos de apaciguar sus ánimos tras los sangrientos combates del pasado mes de abril en el disputado enclave de Nagorno Karabaj, que costaron la vida a más de 150 personas, Armenia y Azerbaiyán han dado esta semana pasos que hacen peligrar la frágil paz y ponen a prueba la paciencia del oponente.

Armenia, que ha amenazado con reconocer la independencia de la autoproclamada república de Nagorno Karabaj -por cuya soberanía se enfrentan los dos países desde hace casi 30 años- corre grandes riesgos y tiene mucho más que perder en una hipotética escalada, según expertos consultados por Efe tanto en Bakú como en Ereván.

"Armenia entiende bien las posibles consecuencias de tal decisión y el precio que deberá pagar. El reconocimiento unilateral del Karabaj enterrará seguramente el proceso de paz y llevará a una guerra en toda regla", reconoció el director adjunto del Instituto del Cáucaso armenio, Serguéi Minasián.

Apenas unas horas después de anunciar esta semana que su Legislativo debatirá el próximo día 10 el reconocimiento de la independencia del Karabaj, destacados ministros del Gobierno armenio escenificaron una precipitada marcha atrás a esa decisión.

El ministro de Gobierno, David Arutunián, aclaró que el proyecto de ley no está en el orden del día de la sesión extraordinaria del Parlamento, mientras que el titular de Asuntos Exteriores, Shavarsh Kocharián, subrayó que Ereván tomará cartas en el asunto sólo si Azerbaiyán emprende acciones militares en la zona del conflicto.

Estados Unidos, pero sobre todo Rusia -principal socio militar de Armenia en el seno de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, una especie Pacto de Varsovia postsoviético-, obligaron a Ereván a reconsiderar su postura, apuntó a Efe el azerbaiyano Shajín Gadzhíev, redactor jefe de la agencia de información Turán.

El Kremlin, según Gadzhíev, tiene una hoja de ruta para resolver el conflicto que incluye la liberación de una parte de lo que Armenia denomina su "franja de seguridad": el 20 por ciento del territorio azerbaiyano que ocupan sus tropas y que une el enclave de Nagorno Karabaj con el resto del país.

"En la actual situación, el reconocimiento de la independencia de Nagorno Karabaj sería para Armenia un paso desesperado más que una acción racional", subrayó Gadzhíev al argumentar que la comunidad internacional, preocupada por la estabilidad en la región, no respaldará a Ereván.

Ereván se encontraba cómodo con el "statu quo" que imperó en la zona del conflicto durante las últimas dos décadas: sus tropas ocupan desde 1994 tanto el propio Karabaj como la llamada "franja de seguridad".

Bakú, que nunca ha renunciado a recuperar sus territorios y que cuenta con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU al menos en lo que se refiere a la "franja de seguridad", ha ganado en los últimos años poderío militar y se siente con fuerzas para restituir por la fuerza su integridad territorial.

Tres días de intensos combates a comienzos del pasado mes de abril, los más violentos desde el fin de la guerra que enfrentó a los dos países entre 1992 y 1994, sacaron definitivamente el conflicto de su estado de congelación.

Desde entonces y pese al cese de hostilidades adoptado con mediación de Rusia, Ereván y Bakú se acusan todos los días de violaciones del alto el fuego y se cruzan beligerantes declaraciones.

"Todos los días, a todas horas y en cada instante, los armenios deben estar listos para la restitución total de nuestra integridad territorial. Si los armenios no quieren morir, ni vivir atemorizados esperando la muerte, deben abandonar las tierras azerbaiyanas", rezaba un comunicado difundido ayer por el Ministerio de Defensa azerbaiyano.

Un día antes, el ministro de Economía armenio, Artsvik Minasián, afirmaba que la economía de su país "está preparada para la guerra".

El conflicto entre los dos países vecinos del Cáucaso Sur se remonta a los tiempos de la antigua Unión Soviética, cuando el territorio azerbaiyano de Nagorno Karabaj, poblado mayoritariamente por armenios, pidió su incorporación a la vecina Armenia, tras lo cual estalló una guerra que causó unos 25.000 muertos y que terminó con la victoria de las fuerzas armenias.

El presidente azerbaiyano, Ilham Alíev, ha advertido en numerosas ocasiones de que tarde o temprano, mediante negociaciones o por la fuerza, se restablecerá la integridad territorial de su país.

Misha Vignanski y Farid Grajamánov

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